THE RAMPAGING HULK
por Óscar Rosa Jimenez


A mediados de la década de los setenta, Hulk estaba en la cresta de la ola. Gran parte de su fama era debida a la emisión de una serie televisiva que alcanzó las cinco temporadas, concluyendo en 1982 tras su cancelación. Posteriormente, tuvo varias películas que, en principio, eran una especie de episodio piloto para relanzar la serie, pero el proyecto no terminó de cuajar. Bill Bixby fue el actor encargado de interpretar a Bruce Banner, mientras que su álter ego sería encarnado por el culturista Lou Ferrigno. De ese modo, en la Casa de las Ideas decidieron que esa creciente popularidad también debería verse reflejada en los cómics, por lo que publicaron una nueva colección regular dedicada al personaje. Asimismo, se resolvió que el formato contenedor de esta nueva serie sería el magacín. Como su propio nombre indica, se trata de una revista cuyo contenido principal eran historias protagonizadas por el Goliat Esmeralda, aunque también incluía relatos de complemento protagonizados por otros personajes de la editorial como el Hombre Cosa, Shanna o Ulysses Bloodstone. A modo de extras, se incorporaban ilustraciones y artículos, en consonancia con el resto de títulos que publicó Marvel en el mismo formato durante aquel periodo de tiempo. Todo ello en glorioso blanco y negro, con un tamaño superior al comic-book habitual, una extensión de 68 páginas, y llegando a las estanterías con una cadencia bimestral. Así, la editorial podía competir en los kioscos con un producto de similares características al que publicaba la editorial Warren, pero con una temática más diversa. En este caso concreto, teníamos los superhéroes, pero el magacín albergó desde el género de terror hasta las artes marciales, pasando por la fantasía heroica, con pretensiones de atraer la atención de un sector de lectores más amplio que con los cómics tradicionales.

Por un motivo que no está del todo claro, el editor encargado del proyecto pensó que poner a la venta un cómic en un formato distinto con historias contemporáneas podría confundir al lector. Por lo tanto, se decidió que para no enredarse en la continuidad paralela de dos series regulares, el magacín se dedicaría a narrar historias centradas en el pasado del personaje. Su finalidad concreta se basaba en esclarecer lo ocurrido en el lapso de tiempo Marvel transcurrido entre The Incredible Hulk #6 y The Avengers #1. Con ese objetivo en mente, la colección tuvo nueve entregas, después cambió de nombre, se introdujo el color y comenzó a contar historias contemporáneas de Hulk, alcanzando un total de 27 números, momento en el que fue cancelada. Hoy nos centraremos en lo que podríamos denominar la primera fase de la serie, que ha sido elegida por el binomio formado por SD y Panini Cómics como contenido del segundo volumen de Marvel Limited Edition, el flamante, y algo caro, nuevo formato para clásicos minoritarios.

Si esta colección hubiese sido concebida varias décadas después, hubiera ostentado un título como "Las historias jamás contadas", o quizá algo con más gancho como "Los años perdidos". Pero no, en los setenta optaron por algo menos enigmático y más directo: "Hulk desbocado". Imagino que no sería un eufemismo de su popularidad en aquellos momentos, sino más bien algo relacionado con su faceta destructiva. Sea como sea, la premisa solo duró nueve números, por mucho que la colección se prolongó en el tiempo. Por lo tanto, quizá no se desbocó tanto como se esperaba o, simplemente, el editor al que se le ocurrió escarbar en el pasado del personaje se fijó en que si Spiderman podía tener varias series sin problemas de continuidad, Hulk también. Y es que el tema de la continuidad es bastante peliagudo en este magacín, principalmente porque en su día los editores se confundieron y publicaron un fill-in en el número cuatro, que cronológicamente se situaba entre el seis y el siete. El otro error habría que achacárselo a Doug Moench, que escribió prácticamente casi todos los números. En esta colección vemos como la transformación de Hulk está motivada por las situaciones de tensión, pero en el momento cronológico en el que se intentan situar estas historias no se tenía eso tan claro como en 1977. De hecho, el personaje se transformaba solo de noche hasta The Incredible Hulk #3. Más tarde, en The Incredible Hulk #6, se especula que su transformación esta motivada por agresiones externas o situaciones de peligro. No será hasta The Avengers #3, cuando se establezca que las transformaciones son producto de la vivencia de momentos de tensión que le provocan la alteración de su ritmo cardiaco, lo que podríamos llamar un estrés extremo. Por lo tanto, el guionista no fue del todo cuidadoso con los detalles de la retrocontinuidad, pese a que sí tuvo en cuenta muchos otros. Pero Stan Lee no es el único que se equivocaba en Marvel

El equipo creativo solo fue estable en los guiones. Doug Moench, un autor del que ya hemos hablado largo y tendido en esta sección con motivo de su trabajo en Shang-Chi, y que a buen seguro lo haremos con otras obras de culto que realizó, se encargó de escribir ocho de los nueve números. Incluso continuó al frente de la segunda fase de la colección. A pesar de haber empezado destacando su pequeño error en la continuidad, creo que hizo un trabajo solvente. Si bien es cierto que se encuentra entre sus obras menos destacables, el autor consigue una obra que produce un mínimo de entretenimiento. Estos números están muy lejos de sus sesudos guiones llenos de cierta trascendencia realizados en otros títulos. Estamos ante unos tebeos de puro divertimento, donde el gigante de jade hace lo que mejor sabe hacer: pelearse con todo el mundo y salvar el mundo por casualidad. No hay más en estos cómics. Ni hay análisis psicológico, ni desarrollo de personajes, ni nada similar; solo acción y momentos que podrían haber sido históricos en la cronología del Universo Marvel, pero que Bill Mantlo decidió, durante la etapa que escribió a mediados de los ochenta, que no merecían serlo. No sé qué han visto para querer reeditar esta etapa, pero sea lo que sea, yo lo he buscado y no he conseguido encontrarlo. Estamos ante unos tebeos clásicos, de calidad moderada, que para nada merecen una edición de lujo y limitada. Pero doctores tiene la Iglesia…

En el apartado gráfico, comienza Walter Simonson, que está bastante desconocido entintado por Alfredo Alcalá, un artista filipino muy habitual en este formato, junto a varios de sus compatriotas como Tony DeZuniga, que también entintará un número de la colección. En The Rampaging Hulk #5 llega Keith Pollard; en el octavo número tenemos a Herb Trimpe, que también pasa totalmente desapercibido gracias al entintador; y en el noveno, y último, podemos disfrutar de Sal Buscema con su estilo más característico en uno de sus personajes favoritos. Como podemos ver, el plantel de artistas es bastante destacable. Todos, en mayor o menor medida, tienen a sus espaldas etapas u obras remarcables a lo largo de su trayectoria profesional. Sin embargo, pese a que visualmente es una delicia, no se explota el formato como hicieron otros artistas. La composición de las viñetas es bastante simplista. He visto otros magacines con un dibujo mucho más espectacular e impactante. No me parecen malos tebeos, pero nada realmente destacable en una década en la que la Casa de las Ideas publicó autenticas maravillas en este tipo de contenedor.

The Rampaging Hulk trataba un tema candente en la década de los setenta: la invasión extraterrestre. Como cualquier conquista intergaláctica que se precie, los invasores ya estaban entre nosotros. Así nos presenta Doug Moench a una raza de alienígenas procedentes del planeta Klyror con aviesas intenciones y capacidades metamórficas similares a las de los skrulls. Es obvio que este tipo de invasiones causan mayor impacto, pero a estas alturas introducir en el Universo Marvel otra raza con estas características me parece poco original. Los krylorianos también persiguen a una hembra de su especie que ha huido para evitar que consigan su objetivo. Se trata de Bereet, una tecno-artista que porta un extraño bolso (distorsionador de volumen, lo llama ella) del que saca diferentes artilugios que le serán de gran ayuda. Entre sus creaciones hay una que destaca por encima de todas: la Máscara Banshee; la cual se convierte en una nave cuando alguien se la pone. Bereet no está de acuerdo con el talante belicoso de su raza, por lo que se alía con Hulk y Rick Jones, el inseparable acompañante del Goliat Esmeralda. Este personaje es, sin lugar a dudas, la mejor aportación de toda la serie. Posiblemente sea la gran protagonista, pero en el último número queda abandonada en el planeta y cae en el más absoluto ostracismo. Es curioso, porque a lo largo de las diferentes aventuras que vive junto a sus acompañantes, queda suficientemente claro que es una fugitiva que no parece tener a nadie y que se ha quedado sola, atrapada en un planeta extraño. Sin embargo, desaparece de un plumazo. Será Bill Mantlo el que la recupere y la utilice como herramienta para eliminar estas historias de la continuidad. La explicación es muy sencilla: los acontecimientos ocurridos aquí no son más que unas películas de ficción rodadas por Bereet, las cuales le proporcionan un gran éxito en su planeta. Tras alcanzar la fama, se aburre y decide viajar a la Tierra, donde se convierte en una secundaria de la serie de Hulk, hasta que es olvidada de repente, igual que pasó en la serie de los setenta. Por algún extraño motivo, parece ser un personaje que tiende a ser olvidado de forma algo brusca.

Pese al título de la portada, Hulk compartía protagonismo con Rick Jones, del que ya hemos hablado en esta sección (artículo 20). Según parece, en ese intento de los editores por mantener la coherencia con la continuidad, decidieron que de los habituales de la serie regular del Coloso de Jade, solo se utilizase al eterno sidekick del Universo Marvel. Tanto es así, que la invasión de los krylorianos comienza en Roma, por lo que nuestros protagonistas se desplazan a Europa, donde viven la mayor parte de sus aventuras hasta la última saga. No obstante, como hemos ido viendo, esta colección no es precisamente un digno ejemplo del escrupuloso cuidado que se tenía antaño con la continuidad. Ni muchísimo menos. Por lo tanto, si bien es cierto que intentaron simplificar las cosas para que todo fuese sobre ruedas, en gran medida, les salió el tiro por la culata. Quizá ahora se entienda mejor el porqué de la decisión tomada por Bill Mantlo, incluso por qué fue consentida por las altas esferas de la editorial. El proyecto, cronológicamente hablando, había resultado parcialmente fallido y se convertiría en poco más que una anécdota en la dilatada trayectoria del personaje.

La invasión de los krylorianos es el hilo central de la trama que se mantiene a lo largo de toda la serie, pero Doug Moench la utilizó como telón de fondo para narrar otros hechos que podríamos considerar de mayor trascendencia. Aunque primero empieza por una revisión del origen de Hulk, después se dedica a narrar primeros encuentros de personajes relevantes del Universo Marvel con el Gigante Esmeralda. Por estas páginas pasarán la Patrulla-X, Namor y un grupo de superhéroes que más tarde acabarán reuniéndose para formar los Vengadores. Todas y cada una de las apariciones están relacionadas con la conquista extraterrestre. En el caso de los mutantes, son ellos los que detectan a un alienígena mutado gracias a Cerebro; por su parte el soberano de Atlantis ve como los krylorianos establecen su base submarina muy cerca de sus dominios; y los pre-Vengadores se unen para repeler a los invasores tras ver como suplantan a Iron Man, que está creando el caos en la ciudad de Nueva York. Todos y cada uno de los encuentros, algunos narrados en más de sesenta páginas, o sea en dos números americanos, tienen la misma estructura: enfrentamiento con Hulk para, posteriormente, unirse a él contra la amenaza de turno creada por los visitantes de las estrellas. Y es que la versión que vemos en esta serie del monstruo gamma es muy irascible. El autor presenta al personaje como alguien muy parlanchín, pero repleto de odio y desconfianza. No me parece un tratamiento desacertado del Hulk de aquella época, pero quizá es algo exagerado. Hay momentos en que llama tonto a Rick y no se fía de aquellos que le ayudan. Está demasiado resentido en ciertas ocasiones. Además, esa verborrea, por muy simple que sea, no fue la evolución que tuvo el personaje. Si bien es cierto que no era un tonto monosilábico en sus inicios, tampoco iba lanzando improperios como hace aquí. Diría que se han acentuado ciertos aspectos del Hulk primigenio hasta llevarlos a un punto límite, algo que resulta chocante. Hay una escena con un niño que siente afecto por él, al que rechaza de manera arisca sin motivo alguno, cuando los niños y las mujeres siempre han apaciguado al Piel Verde. En líneas generales, el protagonista es perfectamente reconocible, pero es en los detalles donde pierde un poco. Es lo mismo que sucede con el tema de la continuidad. Los pequeños detalles son los que redondean una obra de estas características y en este caso, el poco esmero en ellos, hace que caiga en la mediocridad.

Además de toparse con héroes del Universo Marvel, Hulk se reencuentra con viejos conocidos. El primero es nada más y nada menos que la Gárgola, que murió en The Incredible Hulk #1 en un acto de redención. Es curioso, porque Moench lo recupera para que repita su sacrificio en beneficio de la humanidad. Se ve que la escena final de su primera aparición no contenía el suficiente dramatismo y hubo que repetirla. El otro enemigo que hace acto de presencia es el Amo del Metal que, tras su conato de conquista en The Incredible Hulk #6, se alía con los krylorianos para ver si ahora hay más suerte. Ni siquiera utilizando su creación, a la que bautiza como Ferronauta, consigue sus objetivos de dominación mundial. Está claro que en la esmirriada galería de villanos de la época, tampoco había mucho donde escoger pero, una vez más, la originalidad brilla por su ausencia.

The Rampaging Hulk #4, el número aquel mal situado cronológicamente, se sale un poco de la línea que marca la trama central. De hecho, tiene toda la pinta de ser un fill-in preparado para cubrir el retraso de algún autor. Se trata de un relato escrito por John Warner y Jim Starlin, con dibujos del propio Starlin. Tanto en la estética como en la temática, está en las antípodas de lo que estaba haciendo Moench. La historia mezcla el género cósmico con la fantasía heroica de manera que se palpa la influencia de Starlin en ella. Los autores extraen a Hulk del escenario habitual y lo sitúan en un lejano planeta de la Galaxia para que ayude a Chen K'An, un hechicero que consigue establecer un equilibrio entre la fuerza de Hulk y el intelecto de Banner. De esa forma, ambos se enfrentan a otro hechicero que cuenta con un ejército de monstruos para custodiar la Estrella de Catalax, el objetivo de Chen K'An. Pese a que los autores se salen de la estructura, algo viciada, de la trama central, nos encontramos un guión flojo y endeble. Además, los dibujos de Starlin entintados por Alex Niño tampoco ayudan demasiado. Otro ejemplo más de que en esta colección, pese a los nombres de los artistas implicados, nada quedaba todo lo bien que debiera…

En definitiva, nos encontramos ante una serie con un tremendo potencial, el cual no fue bien explotado. Esto me hace pensar que su recuperación en un formato de lujo de las características de Marvel Limited Edition es algo excesivo e innecesario; además de ser una apuesta tan arriesgada como suicida, editorialmente hablando. Estamos ante un contenido apto para acérrimos seguidores del personaje y para un sector de los aficionados a la Marvel clásica que guste de este tipo de rarezas. Afortunadamente, no es necesario recurrir a "ediciones definitivas" para acercarse a esta obra, ya que fue publicada por Forum en Biblioteca Marvel de Hulk #2- 4. Se trata de una edición económica, cómoda de leer y totalmente disfrutable. De ese modo, el lector interesado podrá elegir entre una opción u otra, según su conveniencia. Desgraciadamente, no habrá una alternativa para la segunda fase de la colección, si se publica en este formato, ya que permanece parcialmente inédita en nuestro país. Pero de eso, si os parece, hablaremos otro día.


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