PANTERA NEGRA DE JACK KIRBY
por Óscar Rosa Jimenez


Pantera Negra tiene el honor de ser el primer superhéroe negro del Universo Marvel. Se trata, una vez más, de otro concepto surgido de las prolíficas mentes de Stan Lee y Jack Kirby durante su laureada etapa al frente de la Primera Familia. La primera aparición de T'Challa se produce en Fantastic Four #52, donde se enfrenta en solitario a los 4 Fantásticos para superar un auténtico tour de force, derrotando al cuarteto. Además, se nos presenta Wakanda, una nación ubicada en África Ecuatorial, regentada por el propio Pantera Negra. Los padres del Universo Marvel nos llevan a un escenario que combina la cultura tribal propia de la zona con una tecnología muy superior al resto de países del mundo. No cabe duda que la pasión de Kirby por la ciencia ficción tuvo mucho que ver a la hora de incluir los elementos que caracterizarán el entorno del personaje a partir de su misma creación. Incluso ese aire de aventurero siempre preparado para entrar en acción, algo de lo que queda constancia desde el primer momento.

Bajo la batuta de sus creadores, T'Challa se convertiría en un secundario de lujo en Fantastic Four, colección en la que se desarrollarían sus primera aventuras. Allí conoceríamos su origen, ligado al culto del Dios Pantera, y los dramáticos acontecimientos que lo llevaron a aceptar el manto de Pantera Negra tras la muerte de su padre a manos de Ulysses Klaw. También descubriríamos el inmenso poder que atesora la nación africana: el Vibranium. Se trata de un extraño mineral de procedencia desconocida, posiblemente extraterrestre, que posee unas increíbles propiedades que le permiten absorber las vibraciones. Esto conllevará que muchos deseen poseerlo, ya sea tanto para desarrollar su inmenso potencial para fines lucrativos como para utilizarlo en beneficio propio, generando algún que otro villano. El caso más obvio lo tenemos en Klaw, que se convertirá en el amo del sonido, a la vez que lo hace como villano recurrente de nuestro protagonista de hoy y, más adelante, del resto del Universo Marvel.

Pero si hay algo importante en la creación del personaje es la ruptura de los estereotipos. No olvidemos que surge mucho antes que el resto de sus congéneres, y que ni siquiera está ligado a la blaxplotation, un fenómeno cinematográfico del que ya hablamos en su día, que aún tardaría bastante tiempo en surgir. Es obvio que los autores se adelantaron a su tiempo. Si bien es cierto que no explotaron demasiado esa faceta que rompía con lo establecido según la sociedad del momento, sí que lo alejaron de la servidumbre del gran hombre blanco, presentándolo como su igual tanto física como intelectualmente. Su popularidad fue tal que saltó de las páginas de Fantastic Four a Captain America, donde el propio Capitán América le invitaría a formar parte de los Héroes más Poderosos de la Tierra. De la mano de Roy Thomas y Steve Englehart, acabó convirtiéndose en un vengador de pleno derecho que luchaba por la integración afroamericana, siendo el mayor estandarte de esta minoría étnica hasta el momento. Precisamente, ese sería el aspecto en el que más profundizaría Don McGregor, un autor que acabaría ligado al gobernante de Wakanda a lo largo de las próximas décadas, durante las primeras aventuras de Pantera Negra en solitario. Jungle Action sería la cabecera elegida para tal efecto. Se trata del segundo volumen de una colección que rescata un concepto que ya había intentado explotar la editorial en los años cincuenta, mostrando aventuras de protagonistas muy inspirados en la creación más famosa de Edgard Rice Burroughs: Tarzán. El título de la serie no deja lugar a dudas por lo que, en sus páginas, el lector se introducía en lo más profundo de la selva acompañado de personajes como Lorna, la Reina de la Jungla; o un semidesnudo Lo-Zar, que parece todo un precedente de Ka-Zar, el señor de la Tierra Salvaje. En el sexto número de la colección, Don McGregor y Rich Buckler inician la etapa de T'Challa como principal protagonista, que se prolongará hasta el cierre de la misma en su número veinticuatro.

A mediados de la década de los setenta, tiene lugar el retorno de Jack Kirby a la Casa de las Ideas, donde continúa desarrollando su faceta de autor completo tras su paso por la Distinguida Competencia. En esta nueva etapa en la editorial, el Rey tenía vía libre para hacer lo que quisiera, hasta tal punto que mostró una excepcional capacidad creativa en diferentes proyectos simultáneos. Pero esta libertad tenía un precio, ya que parece que Kirby no estaba muy interesado en seguir trabajando en ese universo cohesionado que él mismo ayudo a fundar. Por lo tanto, salvo un par de excepciones, sus ideas se dirigieron a nuevas creaciones que posteriormente introducirían en el Universo Marvel, como buenamente pudieron, otros guionistas de la editorial. En el caso de Pantera Negra, pese a que McGregor dejó algunas tramas inconclusas, Kirby lo obvió todo y partió de cero en una nueva serie regular de cadencia bimestral, cuyo primer número se ponía a la venta con fecha de portada de enero de 1977. Esto provoca que leída esta etapa de forma autónoma no se aprecie gran cosa, pero si se lee integrada dentro de la cronología del personaje, nos percataremos de que no hay ni rastro del mensaje profundo que intentó transmitir su predecesor, ni del rico elenco de secundarios con el que dotó al entorno del rey de Wakanda. Estamos ante un paréntesis en la vida de T'Challa; uno que solo duraría dos años.

Como sucedió en prácticamente todos los encargos en los que trabajó Kirby en aquella época, tenemos un producto dirigido hacia el entretenimiento puro y duro. El propio autor reconocía que su idea era la de mostrar al público lo que él consideraba que tenía que ser una serie protagonizada por Pantera Negra; al fin y al cabo fue una de sus creaciones, por lo que nadie puede afirmar que no lo conociera con la suficiente profundidad. Tampoco se puede negar que el Rey no diera aquello que prometía, ya que nos encontramos unos tebeos con un ritmo trepidante, en el que las aventuras se suceden una tras otra sin tener ocasión de tomar un respiro. La avalancha creativa sigue siendo su santo y seña desde la primera viñeta hasta la última. Quizá va perdiendo un poco de fuelle a medida que avanza la historia, pero diría que se marcha antes de que se note tanto como en otros de los proyectos que ejecutó durante la segunda mitad de la década de los setenta en Marvel. También es muy posible que la cadencia bimestral influyese bastante en ello. Esto es algo a lo que el autor no hizo demasiado caso, a diferencia de otros guionistas, al no utilizar la primera página de cada número para resumir los sucesos ocurridos con anterioridad, sino que directamente pasaba a la acción, dando mayor fluidez a las historias y su narrativa. A día de hoy puede parecer algo baladí, pero sin duda es una muestra más de que Kirby se adelantó a su tiempo en muchos aspectos, por lo que su apodo de Rey de los Cómics está más que justificado.

Una de las principales características de esta obra es su narrativa lineal. A lo largo de la primera mitad de la colección, el autor neoyorquino no se complica demasiado y se centra en una única historia que acapara toda nuestra atención. A partir de ese momento, las aventuras de T'Challa se alternan con lo que sucede en Wakanda hasta que, finalmente, tenemos el regreso del personaje con su pueblo para repetir el esquema. El otro puntal de esta etapa, cómo no, es la creatividad. El mejor ejemplo lo tenemos en los primeros números, centrados en la búsqueda de la tumba del rey Salomón. Se trata de una interesante trama en la que nuestro protagonista descubre la existencia de una rana que permite viajar en el tiempo, pero abre portales de manera descontrolada, por lo que debe reunirla con su pareja para poder controlar sus efectos. El objeto es una reliquia codiciada por un grupo que se hace llamar los Coleccionistas, ricos y poderosos miembros de la sociedad que acaparan todo tipo de piezas arqueológicas con propiedades increíbles. Es imposible no asociar estos conceptos a la influencia que ejerció Indiana Jones aunque, como iremos comprobando, Kirby mezcla la aventura arqueológica con la mitología, los fenómenos extraños, la ciencia ficción y todo tipo de elementos que rodean al misterio: extraterrestres, hombres venidos del futuro, tecnologías imposibles, incluso el monstruo del lago Ness, se unen para formar una trama donde la aventura desenfrenada es la principal protagonista.

En este alucinante viaje, el Rey incorpora personajes de nuevo cuño. El primero de ellos es un coleccionista llamado Mister Little, que se convierte en el inseparable compañero de Pantera Negra, poniendo a su servicio los conocimientos sobre el colectivo al que pertenece, sus recursos logísticos y su doble moral. Juntos emprenderán una odisea hacia un fascinante mundo donde la imaginación es el límite. Su misión no estará exenta de peligros, sobre todo gracias a la insistencia de los Coleccionistas. Entre ellos, cabe destacar a la princesa Zanda, que conseguirá un acuerdo para acompañarlos en la búsqueda de la rana de latón. Además, tendrán que lidiar con un visitante, que servirá de ejemplo para ver la evolución humana dentro de millones de años. Es curioso como las creaciones de Kirby son un eco de otras de aquella época. Mister Little y Zanda muestran ciertas similitudes físicas con Big Barda y Oberon, dos personajes pertenecientes a la tetralogía del Cuarto Mundo, mientras que el hombre del futuro pone encima de la mesa un tema que exploró el propio autor en la serie regular 2001: A Space Odyssey: la evolución de la humanidad. Este hecho ayuda a comprender cuáles eran las inquietudes del Rey al final de su trayectoria profesional en los cómics, volviéndose en ocasiones algo recurrentes, aunque siempre les imprimía un pátina diferente, aportando una nueva perspectiva a la idea.

Tras la visita a la tumba del rey Salomón, Pantera Negra emprende una nueva aventura con destino: la ciudad perdida de los samuráis. En esta ocasión, lo hace bajo la coacción de los Coleccionistas, que ven en el superhéroe la única posibilidad de poder adquirir uno de los máximos anhelos de la humanidad: agua perteneciente a la fuente de la eterna juventud. Para ello contará con la inestimable compañía de Mister Little. Sorprende mucho ver a Kirby introducirse en la cultura oriental, aunque lo haga mezclando mitos y leyendas con ciencia ficción, como solo él sabía hacer. Sin embargo, es una historia perfecta para ahondar en la ambición de los coleccionistas, la cual choca frontalmente ante una cultura basada en el honor y la tradición. Además, se profundiza en la figura del coleccionista que como tal no era algo tan habitual en aquella época como lo es hoy, por lo que si analizamos un poco la dura crítica del Rey hacia este colectivo, podemos apreciar que el concepto no ha envejecido ni un ápice. Aquí podemos observar como el autor neoyorquino se ceba en ellos para ponerlos como ejemplo de la obsesión y la ambición humana; capaz de cualquier cosa para conseguir el objeto de sus deseos. Hay quién piensa que Kirby representó en esta trama lo que hoy día sería considerado un coleccionista freaky, los cuales, todo hay que decirlo, no salen muy bien parados. Desde luego, para aquellos que se consideren coleccionistas, aquí tienen una interesante reflexión.

Una vez concluida la misión, y tras dejar atrás a los Coleccionistas con sus propios problemas, Pantera inicia el viaje de regreso a su hogar, el cual no estará libre de vicisitudes, alguna de lo más bizarra. Por otro lado, Kirby decide que ha llegado el momento de imprimir un mayor ritmo a las tramas, por lo que comienza a simultanear la singular aventura de T'Challa con los problemas que asuelan Wakanda, dando lugar a la creación de nuevos personajes y conceptos. N'Gassi destaca por encima de todos, ya que es el elegido para dirigir la nación en la ausencia del rey. El atentado contra la corona real proviene del General Jakarra, hermano por parte de padre del propio T'Challa, el cual pretende aprovechar el momento para recuperar un trono que considera suyo por derecho propio. Además, sus ansias de conquista van más allá, extendiéndose al resto del planeta, utilizando el vibranium como arma de destrucción masiva. No obstante, sus ansias de poder se ven aplacadas un poco tras sufrir una sobreexposición al misterioso mineral, convirtiéndose en un monstruo deforme que amenaza con destruir todo a su paso. Para evitar que esto suceda, N'Gassi hace un llamamiento a varios miembros de la familia real para que hagan lo que esté en su mano en defensa de Wakanda. Los elegidos están en las antípodas de lo que podríamos considerar un hombre de acción, al menos no uno superheroico, pero su inquebrantable fe en las tradiciones y en su deber como sucesores dentro del Clan de la Pantera les proporciona la fuerza necesaria para afrontar la crisis como un grupo, que adoptará el nombre de los Mosqueteros Negros. Pese a vestir un uniforme que nos recuerda al felino de la jungla, huelga decir que el concepto está inspirado en la conocida novela de Alejandro Dumas. De hecho, sellan su unión con el famoso "Uno para todos y todos para uno". En esta obra hay diferentes referencias a la cultura popular. Aunque Kirby no es Alan Moore, ni esto es The League Extraordinary Gentlemen, es evidente que el autor se esfuerza en utilizar una amalgama de elementos de diferentes procedencias para unirlos en una serie de tebeos en los que no te esperas encontrar algo de estas características. Lo realmente increíble es que todo encaja a la perfección, sin que nada desentone lo suficiente como para que produzca rechazo. Lo lees, esbozas una sonrisa con el guiño y continúas. No hay tiempo para más, ni el Rey pretende que lo haya. Jack Kirby en estado puro.

Mientras, ajeno a todo esto, T'Challa tiene uno de esos días en los que es mejor no haberse levantado de la cama. Sale como alma que lleva el diablo de la guarida de los Coleccionistas, pero hace un alto en el camino para recoger a unos náufragos que resultan ser capos de la mafia. Creo que a ningún autor se le ocurriría meter a dos gánsteres en medio del océano. Sin embargo, el Rey lo hace, pero con un motivo claro: demostrar que Pantera es un verdadero héroe y que su deber es salvar una vida, aunque sea la de un criminal. Este tipo de arquetipos es una constante en la obra de Kirby, siempre dispuesto a mostrar el bien y el mal de manera perfectamente definida y en su esencia más pura. El encuentro fortuito de nuestro protagonista provocará un accidente y su posterior vagabundeo por un impenetrable desierto. Afortunadamente, no muy lejos de allí se rueda una película. Los trabajadores del film auxilian al soberano de Wakanda. A partir de esos momentos, soy incapaz de reconocer al personaje. Tras ser denegada su solicitud de un avión para volver a su hogar, T'Challa decide retrasar la producción del film creando un auténtico caos que le permita robar un vehículo. Poco después, roba un avión militar. Una vez en el aire, se topa con un ejército que lo acusa de violar el espacio aéreo y llega a Wakanda a duras penas. Eso sí, llega en el momento justo para dar el golpe de gracia a Jakarra.

Sin duda os estaréis preguntado qué ha pasado con el héroe. De hecho, yo pienso lo mismo. La respuesta es fácil: Kirby y su arrolladora creatividad no tienen freno. A lo largo de su periplo en solitario nos demuestra una y otra vez que sus conceptos se adelantan a su época, pero también insiste en hacernos ver que la creatividad debe ser controlada y dirigida con cierta moderación. El autor neoyorquino es un incesante caudal de ideas, pero en ocasiones todo está fuera de control y sin una guía que lo dosifique. Todo ello provoca incongruencias y conceptos apenas desarrollados. Desgraciadamente, eso también es Kirby en estado puro. Durante diez números deja al lector sin aliento página tras página, crea a todos y cada uno de los personajes que utiliza y establece conceptos tan interesantes como una máquina del tiempo compuesta por dos ranas de latón. Sin embargo, deja a un lado el universo cohesionado, lo que provoca situaciones que realmente no tienen mucho sentido. ¿De verdad un vengador tiene que pasar esa odisea para volver a Wakanda? ¿No podía avisar a los Vengadores por radio? ¿Por qué se obvia la máquina del tiempo del Dr. Muerte? Como ya decía al principio, a poco que comiences a analizar algunos hechos, esta etapa no acaba de encajar, mientras gana enteros de manera aislada.

En Black Panther #11, comienza la decadencia de la colección, aunque apenas se nota, ya que Kirby se marcha al número siguiente. Y lo hace de una manera bastante abrupta, porque deja al lector en un cliffhanger de los que hacen época. Afortunadamente, Jim Shooter y Ed Hannigan, acompañados de los lápices de Jerry Bingham, cierran la trama, dando carpetazo a la etapa en solitario del cocreador del personaje. En esos dos números, el Rey planta las semillas de algunos conceptos que no acabarían cuajando. El más destacable consiste en dotar a Pantera Negra de una especie de poderes psíquicos tras haberse expuesto a la radiación que emitía Jakarra. Por otro lado, crea a un nuevo villano llamado Kiber, un controvertido científico que al intentar crear un sistema de teletransporte sufre un accidente que lo deja horriblemente desfigurado. Durante los dos números, Kirby crea un halo de misterio sobre el personaje que, unido a las habilidades recién adquiridas de T'Challa, crean un trama algo confusa en medio de tanta acción desaforada que, al ser concluida por otros autores, deja la sensación de ser un trabajo mal rematado; a lo que habría que añadir que podríamos considerarla como la peor historia de toda la colección. Si en ocasiones anteriores la mezcolanza de elementos funcionaba a la perfección, en este caso concreto, a pesar de incluir conceptos con cierta afinidad, no se consigue un resultado satisfactorio. No cabe duda que la manera de concluir la serie fue muy apresurada, aunque se comenzaban a notar ciertos síntomas de cansancio. Como si el autor ya hubiese contado todo lo que quería contar.

Sin la presencia de Kirby, la colección solo alcanza las quince entregas antes de ser cancelada. Ed Hannigan y Jerry Bingham lo sustituyen para devolverle al personaje su vínculo con el Universo Marvel. La maldición se repite, ya que la nueva trama planteada por los autores queda en suspenso, por lo que se reanuda más tarde en Marvel Premiere #51, prolongándose hasta el número cincuenta y tres. Si el Rey hizo desaparecer misteriosamente a todos los secundarios que aportara McGregor, Hannigan los devuelve rápidamente y hace lo humanamente posible por introducir en la cronología del universo cohesionado los últimos acontecimientos, incluso los poderes psíquicos de Pantera, con los que lidia hasta que se pierden en la noche de los tiempos. Desde luego, hizo un trabajo loable, a pesar de que su antecesor no se lo dejó nada fácil. Además, intentó seguir la senda marcada por McGregor, que se había visto interrumpida por la cancelación de Jungle Action.

Como es normal, cada lector sacará su propia conclusión de esta etapa, la cual tiene distintas valoraciones según el punto de vista. De manera aislada son tebeos sumamente entretenidos con esa marca indeleble que solo Kirby sabía imprimir a sus trabajos. Si la ponemos dentro del contexto del personaje, tenemos una pequeña involución y la creación de una serie de secundarios que posteriormente no aportaron nada a su entorno. Nadie tuvo el más mínimo interés en rescatar a N'Gassi, por ejemplo, cuyas apariciones en el Universo Marvel no llegan a la docena. Quizá han perdurado más en el tiempo las ranas del rey Salomón y esa forma de presentar al Culto de la Pantera con un aire místico-religioso, que cualquiera de los conceptos planteado aquí por el Rey. Una repercusión mínima comparada con el trabajo realizado por McGregor con el personaje, un autor al que muchos consideramos su padre adoptivo.

Panini Comics y SD Distribuciones publican en su nueva colección dedicada a los clásicos, Marvel Limited Edition, esta etapa de la vida del soberano de Wakanda. Una vez más, el aficionado debe elegir entre un tomo de la, querida por estos lares, Biblioteca Marvel o una flamante nueva edición a color y tapa dura. Hay que decir que es la primera vez que esta colección se publica a color en nuestro país, aunque solo sean los trece primeros números por los motivos argumentados anteriormente. Al fin y al cabo, los guiones de Hannigan no tienen mucho sentido sin la etapa de Jungle Action, por lo que a pesar de la procedencia original de esos números, lo mejor es dejarlos para una hipotética recopilación de ese otro periodo en la turbulenta vida de nuestro protagonista. La cuestión, sobre todo en los tiempos que corren, recae en el aspecto económico, ya que no estoy muy seguro de si merece la pena pagar una "fortuna" por estas historias. Que cada cual elija el camino que más le convenga, pero podéis estar seguros de que si os acercáis a esta obra veréis en acción a una auténtica pareja de reyes.


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