MARVEL LIMITED EDITION HOMBRE-COSA: EL MONSTRUO DEL PANTANO
por Óscar Rosa Jiménez


Dentro de la expansión editorial y creativa que se produjo durante la década de los setenta en el Universo Marvel, cabría destacar su intento por ampliar sus fronteras en lo que ha temáticas se refiere. Mientras el cosmos de ficción de la Casa de las Ideas adoptaba a los grandes iconos de la literatura y el cine de terror, también surgían personajes de nuevo cuño que aportaban una mayor diversidad al cada vez más interesante plantel de protagonistas que poblaban las páginas de sus publicaciones. Entre la nueva oleada de creaciones se encuentra nuestro protagonista de hoy, el Hombre-Cosa, construido en base a unos elementos propios del género del terror, pero que en manos de diferentes guionistas, principalmente por el trabajo de Steve Gerber, se convertiría en algo mucho más sofisticado y complejo. De hecho, a pesar de su aspecto terrorífico, inspirando cierto temor a aquellos que se cruzan en su camino, este arquetípico monstruo del pantano es más bien un vehículo para exponer una serie de temas de carácter social y humano que convierten a sus aventuras en algo radicalmente diferente a lo que se podía leer en cualquier colección de la Marvel de la época.

El Hombre-Cosa debutó en Savage Tales #1, el primer número de un magazín en blanco y negro que acabaría convirtiéndose en algo parecido a la precuela editorial de la revista The Savage Sword of Conan, como hemos podido ver ampliamente en esta sección gracias a los magníficos artículos de Taneleer Tivan. Roy Thomas se encarga de escribir el argumento del relato de 11 páginas y se lo da a Gerry Conway para que se encargue del guión. No obstante, según parece, será Stan Lee el que lo bautice como ”Man-Thing” (Hombre-Cosa), nombre por el que acabará siendo finalmente conocido. Para completar este cuadro artístico tenemos al artista Gray Morrow, un veterano ilustrador de libros de bolsillo que llegaba a Marvel tras pasar antes por DC Comics y Warren Publishing. A pesar de ser una creación nueva, o al menos parcialmente, el limoso protagonista forma parte de una estirpe de monstruos pantanosos que se remonta a 1941 en un relato pulp de Theodore Sturgeon, publicado en la revista Unknown Tales con el significativo nombre de It (Eso). Esta sería la primigenia criatura en la que se “inspirarían” las demás, algo que no tardo mucho en suceder. Justo un año después, en diciembre de 1942, la editorial Airboy Comics trasladaba el concepto a las viñetas presentado a The Heap, dentro de Air Fighters #3. El personaje fue creado por el guionista Harry Stein y el artista Mort Leav, cuya vida se prolongaría durante 10 años en la conocida como Golden Age, siendo recuperado en plena década de los ochenta por la editorial Eclipse Comics. Teniendo en cuenta la pasión y el conocimiento de Thomas por la Golden Age, no cuesta nada pensar que se había inspirado descaradamente en The Heap para crear al personaje de Marvel. Además, resulta que Morrow también lo conocía, por lo que se explican esas increíbles similitudes estéticas que presentan ambas creaciones. Sin embargo, el cúmulo de curiosidades aumenta cuando metemos en la ecuación a otra pieza clave de la creación del Hombre-Cosa: Gerry Conway.

Resulta que, curiosamente, Conway compartía piso por esas fechas con otro conocido guionista de cómics, Len Wein. En mayo de 1971, según la fecha de la portada, se pone a la venta Savage Tales #1, donde aparece por primera vez el Hombre-Cosa y, supuestamente por casualidad, dos meses más tarde aparece en los kioscos House of Secrets #92, donde debuta la Cosa del Pantano, la creación de Len Wein junto al artista Bernie Wrightson. Aunque parece obvio que tanta serendipia no era posible, ambos autores reconocerían años más tarde que durante su convivencia cuando uno iba mal en las fechas de entrega, el otro le ayudaba a salir adelante. Al haber sido publicado antes su personaje, Marvel parece que se plantea llevar el asunto a los tribunales, pero no lo hace porque entonces DC puede sacar a colación el tema de que el Hombre-Cosa debería considerarse a su vez un plagio de The Heap. Ante la posibilidad de perder el litigio, Marvel abandona la idea porque, además, complicándolo todo, en marzo de ese mismo año, justo dos meses antes de Savage Tales #1, se había publicado Psycho #2, el segundo número de uno de los magazines en blanco y negro que publicaba la editorial Skywald, donde había aparecido un remake de The Heap, dibujado por Ross Andru y Mike Esposito. Finalmente, nadie hace ningún movimiento y cada compañía sigue publicando su personaje sin incidencias legales.

Dejando un poco la historia entre bambalinas, el relato de Savage Tales #1 parecía ser otra historia de monstruos más dentro de la ingente cantidad de material que la editorial había publicado en el pasado de temática similar. Ted Sallis es un brillante químico que parecía haber descubierto la fórmula de un nuevo suero del supersoldado, aunque no se nombra como tal, la cual es perseguida por unos delincuentes para comerciar con ella. Esto provocará que deba huir por los pantanos de los Everglades, considerando que su mejor opción es inyectarse la fórmula para evitar que caiga en las manos equivocadas. Durante su huida tiene un accidente con el coche, que lo sepulta en las aguas pantanosas para resurgir como el Hombre-Cosa, un monstruo aterrador cuyo contacto es capaz de abrasar la carne. Sin duda alguna, un típico relato cargado de tragedia en el que el supuesto villano no era tal, contribuyendo a uno de esos desenlaces cargados de justicia poética. Como ocurriera con otros personajes que a priori no parecían tener una proyección futura en el Universo Marvel, como el caso del Hombre Hormiga dentro de la colección Tales to Astonish, y sobre todo teniendo en cuenta la publicación de su competidora más directa, al año siguiente, el personaje reaparecía dentro del serial protagonizado por Ka-Zar en Astonishing Tales. Allí, Roy Thomas, curiosamente con la presencia también de Len Wein para volver a narrar el origen del personaje, desarrollaría un poco más el concepto, aclarando y ampliando algunos aspectos del relato original. Quizá el más importante sería dejar constancia de su naturaleza empática y su rechazo al miedo, sentimiento que provoca que arda aquello que toca. Pero Thomas en lo que realmente se esfuerza es en integrarlo en el Universo Marvel. El trabajo de Ted Sallis es un intento por replicar la fórmula que dio vida al Capitán América, un encargo en el que está presente SHIELD, mientras que es perseguido por IMA (Ideas Mecánicas Avanzadas), situando así a dos conocidas organizaciones del Universo Marvel en el epicentro de la trama, que en realidad es una excusa para obtener el paradero del químico, que ha desaparecido sin que nadie sea capaz de encontrarlo.

Tras esta etapa inicial en la que la historia del personaje se desarrolla en dos publicaciones distintas, pocos meses después, acabaría recalando en Adventure Into Fear, donde se establecería durante una temporada. Fear, título original con el que arrancó la colección en 1970, era una antología que incluía relatos de monstruos en lo que suponía uno de los últimos vestigios de épocas pretéritas de la editorial. En ella, reconocidos autores del staff de Marvel daban vida a toda una serie de amenazas monstruosas con nombres impronunciables, principalmente con origen extraterrestre, que ponían en peligro nuestro planeta y a sus habitantes. A partir del décimo número, el Hombre-Cosa se convertiría en el principal protagonista, cediendo el puesto más tarde a Morbius, el vampiro viviente surgido de las páginas de la serie The Amazing Spider-Man. Adventure Into Fear #10 está escrito por Len Wein, con la particularidad de que la historia estaba pensada para incluirse dentro de Savage Tales #2, pero al final no pudo ser así, debido a que Martin Goodman canceló el magazín en 1971, aunque regresaría dos años más tarde continuando la numeración. Teniendo en cuenta las fechas de publicación, parece evidente que Wein había escrito esta historia inmediatamente después de la aparecida en Savage Tales #1, la cual tanto Conway como él, supuestamente, habían escrito cada uno por su lado “sin hablarlo entre ellos” mientras vivían bajo el mismo techo. Desde luego, no se puede negar que la génesis del monstruo está plagada de anécdotas y “casualidades” de lo más interesante...

Pero en Adventure Into Fear #11 el Hombre-Cosa cae en las manos del guionista que, a la postre, se convertirá en el padre adoptivo de la criatura y en uno de sus referentes a lo largo de su trayectoria editorial. Me refiero, como no podía ser de otra forma, a Steve Gerber. Posiblemente estemos ante uno de los autores más revolucionarios de la nueva hornada de guionistas que desembarcaron en Marvel durante la década de los setenta, y quizá el que más series de culto realizó, mucho antes de que ese termino fuese utilizado. En su lista de creaciones se encuentran personajes como Omega el Desconocido o cierto pato de otra dimensión. También realizó etapas destacables en series como The Defenders o Daredevil. Un escritor nada convencional que acabó enfrentándose a la propia Marvel para obtener los derechos de una de sus creaciones. Su llegada a la vida del monstruo fue tan importante como trascendental, ya que comenzó a potenciar el terror desde una nueva perspectiva, añadiendo elementos al personaje que daban un nuevo sentido a su existencia. Otro de los aspectos importantes es que dotó de una especial importancia al escenario en el que se desarrollan las historias, un lugar que no es fruto del azar, sino que está íntimamente ligado a la criatura y sus circunstancias. Además, comenzará a incluir a diversos personajes secundarios de forma recurrente, convirtiendo al Hombre-Cosa en un testigo silente de lo que ocurre en su propia colección. En definitiva, Gerber hace evolucionar al personaje lo suficiente para que quede definido hasta nuestros días, enriqueciendo el trasfondo de sus historias con temáticas alejadas del terror, pero que funcionan muy bien en el ambiente tétrico de un pantano.

La primera aportación de Gerber al cosmos del Hombre-Cosa nos lleva a una trama donde entramos de lleno en la magia y las realidades alternativas. De ese modo, el enclave se convierte en un nexo de realidades donde la ciencia se ve alterada por lo sobrenatural. Bajo esta premisa, el origen de la muda criatura cobra un significado ligeramente diferente, entrando en liza fuerzas arcanas que lo sitúan como protector del mundo ante la posibilidad de una invasión de carácter demoníaco. Si ya de por sí la historia de Ted Sallis no es lo suficientemente dramática, ahora su existencia lo convierte en un adalid de una Humanidad que lo teme y lo odia a partes iguales, mientras es incapaz de comunicarse con nadie y su empática naturaleza le impide controlar sus actos. No obstante, entran en escena una serie de personajes que enriquecen el entorno del protagonista y sirven para añadir la magia a los diferentes elementos del género que pueblan la serie. Entre los más destacados se encuentra Jennifer Kale, una estudiante de magia cuya familia pertenece al culto de un importante libro que nos conecta con profecías de la caída de Atlantis. La joven, además, tendrá un importante vínculo con el monstruo del pantano, llegando a convertirse en su compañera de aventuras contra las fuerzas del mal y quién sabe si en algo más si hubiesen sido otros tiempos. A su vez, tenemos a Dakimh el Encantador, un hechicero procedente de otra dimensión que se convertirá en el maestro de Jennifer. Para completar este póquer de secundarios, tenemos a Howard el Pato, la que posiblemente sea la creación más importante y personal de Gerber, de la cual ya hemos hablado ampliamente en esta sección en el pasado (artículo 12).

El Hombre-Cosa permanecería en Adventure Into Fear hasta el número diecinueve de la colección. Durante ese periodo de tiempo, Gerber desarrollaría su línea argumental a través de diferentes entregas, en lo que en un principio parecían historias autoconclusivas e inconexas, para ir dando forma a una estructura narrativa que nos llevaría a conocer esa encrucijada dimensional en la que nuestro lodoso protagonista tiene su hogar. Pero si bien es cierto que la magia y lo sobrenatural están muy presentes en esta etapa del personaje en manos de Steve Gerber, también hay que subrayar que no estamos ante un modo convencional de afrontar el terror. Esto es debido a que el guionista opta por introducir temas como el racismo y la xenofobia, la industrialización, el respeto por la naturaleza, incluso una crítica hacia los valores morales de la sociedad de la época. Toda esta amalgama de elementos nos deja un puñado de historias salpimentadas con un terror que por momentos se torna fantasía heroica hasta regresar a la esencia más pura del género, pasando antes por la ciencia ficción. Y es que Gerber destaca no solo por su originalidad a la hora de afrontar ciertos temas, con momentos algo psicodélicos, sino por su derroche de imaginación. En esa línea cabría destacar Adventure Into Fear #17, en el que debuta Wundarr, un destacado personaje que continuaría su historia en la serie Marvel Two-In-One, también escrita por Gerber en sus inicios, cuyo origen tiene sospechosamente muchas similitudes con cierto kryptoniano.

En esta etapa, llegaría otro autor clave dentro de los inicios del Hombre-Cosa: Val Mayerik. Hasta poco antes de concluir el periplo en Adventure Into Fear, nuestro protagonista no tuvo un artista que lo ilustrara de forma regular. Desde que Gray Morrow lo creara siguiendo unas sospechosas pautas estéticas similares a The Heap, el personaje pasó por las manos de dibujantes de la talla de John Buscema, Jim Starlin o Rich Buckler, entre otros. Sin embargo, no sería hasta Adventure Into Fear #13 donde se comenzaría a establecer un artista que a partir de ese momento se encargará de dar vida a las aventuras del Hombre-Cosa con cierta continuidad. Ese sería Val Mayerik, un autor cuya trayectoria en la Casa de las Ideas ha estado marcada por títulos de terror y fantasía heroica, siendo una elección inteligente a tenor de la combinación de géneros que estaba tratando Gerber. Aunque debo reconocer que su trabajo en The Monster of Frankenstein me pareció especialmente flojo, aquí mejora sustancialmente gracias al entintado de Sal Trapani. No obstante, también es cierto que está muy por debajo de su sucesor, Mike Ploog, un artista nacido para dibujar cómics de terror, algo que demuestra sobradamente tanto en la serie regular del Hombre-Cosa como en sus aportaciones a diferentes títulos de la editorial enmarcados en el género del horror, a pesar de presentar cierto tono superheroico.

En este primer volumen recopilatorio que devolvió al monstruo del pantano a las librerías de nuestro país se incluye toda esta etapa inicial del personaje, más su aparición en Marvel Two-In-One #1, en el que Gerber une el destino de las dos “Cosas” del Universo Marvel del momento contra el Hombre Molécula, en una historia dibujada por Gil Kane; así como el relato incluido en Monster Unleashed! #5, que cierra un importante capítulo en la vida de Ted Sallis antes de convertirse en un monstruo limoso. Curiosamente serían Tony Isabella y Vicente Alcázar los encargados de hacerlo, en lugar de alguno de los diferentes autores que participaron en la creación del personaje, que como hemos visto no fueron pocos precisamente. Además, tenemos los ocho primeros números de la serie regular Man-Thing, en los que Gerber continúa desarrollando al personaje en su línea de terror y denuncia social, mientras Mayerik cede el testigo a Ploog en el aspecto gráfico de la cabecera.

Una de las tramas que llega a su conclusión es la referente al nexo de realidades que defiende el Hombre-Cosa y sus aliados. A continuación, el gran villano de la serie será F.A. Schist, un empresario que pretende construir un aeropuerto en la zona pantanosa, por lo que sus obras se verán continuamente interrumpidas por su habitante más conocido y temido. Gerber realiza un interesante juego de palabras con el nombre de este personaje, ya que si nos fijamos forma la palabra "fascist" (fascista), en consonancia con las actividades que practica. Es otro ejemplo de lo inusual de los argumentos de un título donde el protagonista se ve envuelto en conspiraciones empresariales que le llevan a defender su entorno natural de la avaricia del hombre. Y es que una parte importante de la apuesta del guionista es llevarnos a la reflexión sobre la necedad del ser humano ante algunos aspectos de la vida puramente materiales. Siguiendo esta línea argumental con elementos trascendentales, destacaríamos la historia que nos conduce a descubrir la fuente de la eterna juventud, custodiada por los ciudadanos de la Hacienda, una ciudadela escondida en el recóndito pantano que nos recuerda a la mítica El Dorado. Allí se desarrolla una trama que vuelve a poner de manifiesto cuan trágico es el destino de nuestro protagonista.

Dentro de las creaciones de Gerber en estos primeros compases de la colección destaca el Exterminador de Tontos, un personaje que encierra tras este paródico nombre una dura crítica social hacia la guerra de Vietnam y hacia la propia religión. Ross G. Everbest se convierte en la mano vengadora de Dios tras recibir una curación milagrosa que le devuelve el uso de sus piernas, consagrando su vida a la eliminación de la faz de la Tierra de todos aquellos a los que él considera unos necios, tras ser proclamado como el nuevo Mesías, creyendo que el mundo está próximo a su fin. Un fanático religioso que lleva su creencia hasta límites psicópatas y que supone el enésimo ejemplo de que en esta serie hay una importante dosis de originalidad con respecto a las publicaciones coetáneas. El personaje tendría dos encarnaciones posteriores más adelante, siempre ligadas a proyectos de Gerber, aunque una de ellas sería creación de Roger Stern.

En estos primeros ocho números de Man-Thing, Gerber trabaja sobre la tragedia y la condición humana, llegando incluso a escenificar el teatro de la vida que será juzgado por críticos fantasmales a través de los recuerdos de un payaso que se ha quitado la vida volándose la tapa de los sesos. Personajes perseguidos por el drama y la mala suerte se dan la mano en un escenario pantanoso donde la realidad tiene diferentes caras. Un monstruo silente y de aspecto limoso vagabundea por la zona y siente las emociones de aquellos que le rodean, aunque nadie termine de comprender su extraña naturaleza ni lo limitados de sus pensamientos. Una incipiente colección que vaga entre géneros para mostrar una perspectiva diferente del género del terror. En definitiva, un monstruo del pantano con ecos del pasado que pone de manifiesto que a veces, solo a veces, las historias de monstruos no son tan simples como parecen, sobre todo si las escribe alguien con el talento de Steve Gerber. Bienvenidos a Citrusville, el hogar del Hombre-Cosa, tenga cuidado de no pisar la hierba por su propia seguridad.

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