MARVEL LIMITED EDITION AMAZING FANTASY
por Óscar Rosa Jiménez


De un tiempo a esta parte se ha puesto de manifiesto que cualquier título clásico de Marvel es susceptible de ser publicado, por muy asombroso que parezca. Principalmente si fue publicado por la Casa de las Ideas durante la década de los sesenta y setenta. Sinceramente, esto puede chocar un poco teniendo en cuenta que, ni en el momento más álgido de las recordadas con cariño Bibliotecas Marvel, ningún aficionado albergaba la más mínima esperanza de que viera la luz una serie como la que hoy nos ocupa. En un escenario en el que prácticamente todos los primeros espadas de la editorial tienen su trayectoria inicial publicada a tamaño original, en color y en formatos de lujo, lo más lógico sería pensar que la fiebre de los clásicos pasaría a otro nivel, volviendo a quedar en el olvido muchos cómics que ya sea por su poca comercialidad o por su condición de material minoritario acabarían durmiendo el sueño de los justos indefinidamente. Pero contra todo pronóstico, el binomio editorial formado por Panini Comics y SD Distribuciones vuelve a sorprender a propios y extraños sacándose de la manga un volumen que recopila de manera íntegra la colección Amazing Adventures en sus diferentes etapas, la cual estoy completamente convencido que no entraba en las quinielas de la mayoría de los aficionados cuando se anunció esta línea, cuyo principal hándicap es el elevado precio de sus publicaciones, solo asumible por un determinado sector del fandom, que ni en sus mejores sueños pensaron que esta situación tan boyante editorialmente hablando fuese posible. Desde luego, no se puede negar que los clásicos Marvel están viviendo una época tan fantástica como asombrosa.

Amazing Adventures, posteriormente renombrada como Amazing Adult Fantasy, es un título hijo de su época, de eso no creo que quepa la menor duda. Podemos resaltar a lo largo de este artículo, y espero que así sea, algunos aspectos que la convierten en un producto realmente interesante, pero en nuestro fuero interno debemos ser conscientes que no es de esas lecturas que se puedan recomendar alegremente. Su punto fuerte es el apartado gráfico, gracias a la labor de dos de las figuras más representativas del cómic mainstream americano durante la década de los cincuenta y sesenta. Nos referimos a Jack Kirby, que se ganó de forma merecida el sobrenombre del Rey de los Cómics, y a Steve Ditko. El primero contaba entre sus influencias a leyendas del medio como Alex Raymond o Milton Caniff, a pesar de ser un artista autodidacta, y comenzó su carrera en las tiras de prensa hasta que el destino le llevó a crear junto a Joe Simon al Capitán América para el sello editorial Timely, precursor de la actual Marvel. Por el contrario, Ditko, formado en la Cartoonist and Illustrators School de Nueva York, iniciaría su carrera profesional a principios de los cincuenta, llegando a especializarse en relatos cortos de terror y fantasía, hasta recalar en la Casa de las Ideas como ayudante del propio Kirby y Bill Everett, entre otros. Dos autores cuyo talento es indiscutible, pero que representan dos estilos totalmente diferentes unidos en un serie regular que sirve para ver esa interesante dicotomía artística, ofreciendo dos perspectivas diametralmente opuestas a la hora de entender el género de la fantasía y el horror.

La apuesta argumental corre a cargo de Stan Lee, en una época en la que podríamos decir que todo era más sencillo. Stan Martin Lieber, cuyo nexo de unión con el mundo editorial era ser primo de la mujer de Martin Goodman, un editor de libros, revistas y cómics que en un momento dado apostó por los tebeos fundando Timely, era un aspirante a escritor que mientras su carrera no terminaba de despegar escribía cómics bajo el seudónimo de Stan Lee. Visto con la perspectiva que ofrece el tiempo, esto nos puede parecer algo presuntuoso, ya que el bueno de Stan parecía que no se encontraba muy cómodo en el mundo de la historieta por considerarlo algo poco serio para un escritor. De hecho, en la propia Amazing Adventures intenta dotar a la publicación de un aire menos infantil renombrándola como Amazing Adult Fantasy, algo que no solo no tuvo mucho éxito, sino que supuso un rechazo por parte de los lectores de la época, que confundían la revista con otros productos relacionados con el público masculino como Playboy y similares. Obviamente, nada más lejos de la realidad, pero es un ejemplo de lo complicado que puede llegar a ser conectar una idea con el gran público por muy buenas que sean las intenciones.

A este plantel artístico habría que añadir a Dick Ayers y Paul Reinman, dos veteranos y polifacéticos autores que se encargarían de entintar muchas de las historias de este título, principalmente sobre los lápices de Jack Kirby, ya que Steve Ditko prefería entintarse a sí mismo en la mayoría de las ocasiones. De ese modo, ese expresionismo facial típico de las creaciones de Ditko no perdía un ápice de fuerza, así como ese aire contrito del rostro de sus personajes. Asimismo, se encargaban de potenciar la fuerza arrolladora de la narrativa de Kirby, dotado con un talento especial para la acción y el ritmo trepidante que imprimía a sus trabajos. El Rey era una fuerza de la naturaleza con el lápiz entre los dedos y Ayers, aunque principalmente Reinman, sabían muy bien potenciar y explotar las virtudes del dibujante como demuestran en las páginas de esta colección.

Pero como decía anteriormente, Amazing Adventures es un producto concebido en un momento determinado de la historia del cómic y como tal tiene sus virtudes y sus defectos. Para comprender mejor el origen de su nacimiento debemos situarnos en su perspectiva histórica. Martin Goodman había cancelado su contrato con la distribuidora habitual, cayendo en las manos de la competencia, DC Comics, lo que a la postre sería un lastre para su negocio, ya que limitaría a ocho el número de sus publicaciones. Por otro lado, estaba el Comics Code Authority, un colectivo que surgía para autocensurar el contenido de violencia explícito en los cómics tras el impacto que supuso las afirmaciones de Fredric Wertham en su famoso libro "La seducción de los inocentes" en 1954. En este escenario parecía complicado sacar a la luz una serie cuyo principal objetivo era explotar la ciencia ficción y el terror, debido a las limitaciones que marcaban estos antecedentes. Sin embargo, el proyecto siguió adelante en un intento de trasladar a las viñetas un concepto propio de la pequeña pantalla y que los jóvenes de la época podían disfrutar en la mítica "En los límites de la realidad", una teleserie que estoy seguro que los más veteranos recuerdan con cierto cariño. No obstante, esta no es la única fuente de la que bebe esta serie. La estructura inicial de la revista, que se prolongó durante los seis primeros números, se repartía entre una historia principal dibujada por Kirby, protagonizada por un monstruo gigante, otra de corte misterioso y sobrenatural, a cargo de Ditko, y un serial que servía de presentación al Doctor Droom, un personaje que acabaría renombrado en los recopilatorios posteriores de la colección como Doctor Druida y que sería rescatado décadas más tarde por Roger Stern para ingresar en las filas de los Vengadores, durante su etapa al frente de los Héroes más Poderosos de la Tierra.

Los monstruos gigantes es un tema recurrente en el pasado de las publicaciones de Marvel Comics. Como muchos de los géneros explotados en el cómic durante los cuarenta, los cincuenta y los sesenta, no dejan de ser el reflejo de las tendencias de su época, ya sea en el cine o la televisión. Títulos como Journey into Mystery, Strange Tales y Tales to Astonish, entre otros, contribuían en buena medida a saciar las necesidades de un lector que obtenía en cuatricromía una nueva dosis de monstruos llegados de los confines del Universo, en consonancia con aquellos films en blanco y negro que copaban las salas de cine y que muchos recordarán de su infancia en emisiones del sábado por la tarde. Guionistas que se hacían eco del misterio de los ovnis y el anhelado conocimiento de la vida extraterrestre, el miedo a la radiación o todo tipo de elementos sobrenaturales como los fantasmas nos introducían en relatos breves en los que imperaba la fantasía, a veces de forma inocente, marcados por un giro final que mostraba una pequeña moraleja. De ese modo, utilizando como vehículo un género tan versátil como la fantasía y la ciencia ficción, pero utilizando las herramientas de la clásica fábula, Stan Lee daba forma a Amazing Adventures, ofreciendo un título cuya principal característica es el entretenimiento.

Si bien es cierto que estamos ante un puñado de tebeos de otra época, con historias que reflejan los miedos y las inquietudes de una sociedad de otro tiempo con la que posiblemente no nos vemos identificados, Amazing Adventures, en sus diferentes fases, me ha parecido una lectura tan interesante como amena. Dejando a un lado el sólido trabajo de dos gigantes de la historieta como Jack Kirby y Steve Ditko, destacando el primero por sus capacidades creativas y el segundo por su expresionismo y marcado cuidado por el detalle, cabría destacar los guiones de Stan Lee. La mayoría de las veces, cuando se tiende a hablar de cómics clásicos, sobre todo si son de los cincuenta o de la primera mitad de los sesenta, se suele sacar a relucir la sobreexplotación de los textos de apoyo, generalmente sin tener demasiado en cuenta la narrativa gráfica del dibujante. No obstante, en esta colección se observa algo particularmente anómalo, ya que Stan consigue con su prosa imbuirnos en la atmósfera que transmiten los dibujantes, además de no ser un lastre para la lectura, sino todo lo contrario. Esto provoca que se obtenga una simbiosis importante entre argumento e ilustración, dando lugar a una lectura fluida y muy entretenida. No es menos cierto que los temas a tratar siguen siendo los mismos de siempre: extraterrestres, invasión a la tierra de todo tipo de civilizaciones, pruebas con la radiactividad, incluso la Guerra Fría está presente en alguna ocasión. Pero tampoco nos llevemos a engaño, esto era algo previsible, lo que quizá no entraba en los planes era ver como los autores no se fagocitaban entre ellos, de manera que se encuentre un equilibrio adecuado entre guión y dibujo, muy poco habitual para la época; y esto, en mi opinión, el algo muy a tener en cuenta a la hora de valorar esta serie, que posiblemente si tenga merecido ese apelativo de “asombrosa”.

A pesar de todos los intentos de Stan Lee, la serie no tuvo la acogida esperada entre el público. Por ese motivo, tras seis entregas, la colección intenta dar un giro importante y se convierte en Amazing Adult Fantasy, algo que como ya comentaba antes tuvo un resultado inverso al esperado. Pero lo verdaderamente importante es que prácticamente se transforma en una serie de autor. Jack Kirby desaparece de escena para dejar paso a un Steve Ditko centrado en hacer algo en lo que había estado trabajando desde la década anterior: el terror y la fantasía. Según afirma el propio Stan Lee, en aquella época ambos autores trabajan en armonía juntos, algo que pocos años después no sería posible por desavenencias creativas. También parece obvio que hay una importante simbiosis creativa, poniéndose en práctica lo que más adelante sería conocido como el método de trabajo Marvel, dejando mayor libertad creativa a Ditko, el cual se implica más en la obra, algo que se transmite en la mayoría de relatos. El dibujante ofrece lo mejor de sí mismo en esta serie, dando muestras de encontrarse en uno de los mejores momentos de su carrera, aunque es inevitable ver ciertos tics que le acompañaron siempre, incluso cuando trabajó en las publicaciones de la editorial Warren. Es decir, podemos ver como en distintas historias diferentes personajes son prácticamente calcados, al igual que es muy habitual ver versiones primigenias de lo que se acabarían convirtiendo en personajes como Peter Parker, Jonah Jameson u otros secundarios en The Amazing Spider-Man.

Esta segunda fase de la cabecera tampoco tuvo la acogida esperada. Ninguno de los intentos de los autores por tratar temas de corte social o mensajes subliminales que nos llevaban a reflexiones sobre la condición humana dieron sus frutos, lo que provocó que tras catorce números los editores estuviesen planteándose la posibilidad de su cancelación, algo que sucedió irremediablemente en Amazing Fantasy #15, un número que se convertiría en objeto de culto y que, curiosamente, mantenía el título eliminando la palabra “adult” de la cabecera a petición de los propios lectores. Esto es debido a la inclusión de una historia principal protagonizada por Spiderman, un nuevo superhéroe con poderes arácnidos que cautivó al público desde el primer momento, provocando que se disparasen las cifras de ventas. Qué duda cabe que había nacido un mito, algo de lo que posiblemente ni los propios autores fueron conscientes, y que poco después se convertiría en el buque insignia de la editorial. Aunque la colección tuvo un final precipitado, podríamos decir que su marcha de los kioscos fue por la puerta grande, dando paso a una de las cabeceras más emblemáticas de Marvel Comics, The Amazing Spider-Man, con la cual compartió incluso su adjetivo calificativo en el título, algo que posiblemente no fuera un hecho casual.

Aunque a nivel histórico es obvio que la primera aparición de Spiderman puede eclipsar a cualquier otro personaje o circunstancia relevante para el, por aquellas fechas, incipiente Universo Marvel, en Amazing Adventures tenemos algunos elementos que merecen ser resaltados. El primero de ellos es la creación del Doctor Droom, un personaje que protagonizaría un serial que recuerda mucho las primeras investigaciones del Doctor Extraño. De hecho, su origen tiene muchas similitudes, a pesar de que ambos personajes parten con dos personalidades totalmente opuestas, estableciendo un nexo de unión con la cultura oriental. Esto es aún más curioso cuando Droom acaba siendo transformado facialmente con rasgos asiáticos, mientras que Stephen Extraño partía de la idea de un personaje con orígenes orientales, hasta que se narra el accidente que no solo le cambia la vida, sino que se convierte en un norteamericano de los pies a la cabeza. Y es que Steve Ditko solía jugar con las mismas bases para sus creaciones dentro del género, intercambiando algunos elementos, eso sí, pero no demasiados. Curiosamente, Droom retornaría con un rostro occidental pocos años después cuando se reeditaron sus primeras apariciones, llegando incluso a retocar los cómics, y sería rebautizado como Doctor Druida. Por otro lado, hay quien ve en el nombre de Droom la base lingüística en la que se basaría Stan Lee para crear al villano por antonomasia de la Primera Familia, el Doctor Muerte, que es la traducción que se ha dado en nuestro país a Doctor Doom.

Los monstruos son una pieza clave para comprender la primera etapa de Amazing Adventures. Criaturas gigantescas cuyo tamaño parecía ser un elemento que esquivaba bien el Comics Code Authority, no sabemos si por ser un reflejo de aquellas películas en blanco y negro a las que el público de todas las edades podía acceder fácilmente, o si es que esas grandes proporciones facilitaban que cualquier atributo que se considerase malsano para los jóvenes sería fácilmente detectado. Sea cual sea la razón, personajes con nombres tan rimbombantes como Torr, Tim Boo Ba, Monsteroso y Sserpo campan a sus anchas en estas páginas, siendo homenajeados en cierta forma en la Isla Monstruo, un enclave dentro del Universo Marvel que servirá prácticamente para tener una puerta que nos permite viajar al pasado de la editorial de vez en cuando. Lo mismo sucede con la infinidad de razas extraterrestres que deambulan por estos relatos, que con la perspectiva que nos ofrece el tiempo es complicado no ver el germen de creaciones posteriores como los skrull o los Fantasmas del Espacio, como ejemplos más evidentes. Porque si bien es cierto que hay una alta dosis de entretenimiento, a lo largo de esta serie podemos ver como se reciclan los conceptos en muchas ocasiones, pese a cambiar algunas pinceladas de la trama. Llaman la atención dos relatos que se desarrollan en un museo de cera, ambos dibujados por Ditko, en los que en un primer momento tienes la sensación de que es una historia repetida, teniendo que volver atrás las páginas para ver que realmente no es así. También es cierto que es algo puntual y que a pesar de tener una serie de temas más o menos recurrentes, Stan consigue mantener el tipo bastante bien a lo largo de la colección.

Y por último, aunque no menos importante, en las páginas de esta cabecera tiene lugar la primera historia de un mutante con nombre y apellidos. Tad Carter protagoniza un relato de unas escasas cinco páginas en las que tenemos todos los conceptos que años más tarde se desarrollarán en la Patrulla-X. Desde un mutante telequinético que contacta con él para unir a todos los que son como ellos, así como el rechazo de una sociedad temerosa de aquello que no comprende. Incluso la bomba atómica y el miedo imperante a la radioactividad en la sociedad de la época están presentes, otro reflejo más de los anhelos del hombre hacia una ciencia que aún no comprendía del todo, generando miedo y expectación a partes iguales. Décadas después, cuando el fenómeno mutante derivó en franquicia, esta historia sería recuperada en diferentes recopilatorios a modo de curiosidad o rareza. Sin embargo, Tad cayó en el olvido, siendo únicamente recordado por John Byrne, que lo incluyó en los últimos números de su serie dedicada a los años perdidos de la Patrulla-X (Artículo 22).

Como podemos apreciar, Amazing Adventures tuvo su relevancia dentro del escenario de ficción que se acabaría denominando Universo Marvel, cuyo pistoletazo de salida sería Fantastic Four #1; y aunque hubo una época de transición entre los superhéroes y la fantasía, este podríamos considerarlo como el título que decía adiós a los monstruos y el terror, dando la bienvenida a las mallas y los superhéroes, una vez más, siguiendo la tendencia del mercado y las preferencias de los lectores. En líneas generales, debo seguir subrayando su marcada consideración como serie hija de su tiempo, pero también me parecen destacables las virtudes de los guiones o el magnífico dibujo de dos de los grandes del cómic americano. La edición también es bastante buena, salvo por el precio, pero a estas alturas creo que ya es más una cuestión personal que otra cosa. Cada uno debe valorar si realmente merece la pena desembolsar el precio marcado por la editorial según su contenido. Las portadas siguen siendo horribles, para eso no creo que haya ningún tipo de solución. Al menos la encuadernación parece ser cada vez más sólida, lo que unido a una cantidad de páginas razonable convierte el tomo en un producto manejable, de poco peso, y que te permite disfrutar de la lectura sin sentir que te obligan a practicar la halterofilia. Lo más importante es que la encuadernación, uno de los aspectos más negativos de los primeros tomos de esta línea, parece un problema del pasado, sobre todo teniendo en cuenta los precios entre los que suelen oscilar estos volúmenes. Aunque mi experiencia ha sido muy positiva, ahora dejo en vuestras manos la decisión de acercarse a una obra que puede resultar una sorpresa para muchos, ya que a pesar del tiempo transcurrido, si llegamos a conectar con el trabajo de los autores, descubriremos que aún tiene la capacidad de asombrar.


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