MARVEL HÉROES CABALLERO LUNA nº 2:
ECLIPSE

por Óscar Rosa Jiménez


La colección genérica Marvel Héroes, en este segundo tomo dedicado al Caballero Luna, concluye la publicación íntegra del primer volumen americano de Moon Knight, cumpliendo con el objetivo inicial de la editorial. Si bien es cierto que por fin tenemos una edición cuidada de la cabecera de culto por antonomasia de la Casa de las Ideas, publicada durante la década de los ochenta, me atrevería a decir que el contenido de este recopilatorio es, en líneas generales, inferior al de la primera etapa del personaje, posiblemente debido al baile de autores que intervienen en ella. Aunque también es cierto que aquí podemos ver algunas de las mejores historias de la colección, pero en su conjunto no todo está a la altura de las expectativas.

En el ecuador de la serie, ésta estuvo marcada editorialmente por uno de los momentos clave de la industria del cómic estadounidense. Tras varias décadas gobernando los kioscos, el cómic se convertía en un producto más sofisticado, dirigido a un público con un mayor conocimiento de lo que compraba. Esto era posible gracias a la apertura de la librería especializada, un escenario que mejoraba en cierta forma la atención al cliente, además de abrir un sinfín de posibilidades de carácter económico para las editoriales. Marvel, dirigida por el Editor en Jefe Jim Shooter, uno de los impulsores de diferentes productos que explotaron con gran acierto este tipo novedades comerciales, fomentando la creación de líneas editoriales y nuevos formatos exclusivos para las librerías especializadas, sería el principal responsable de ver el potencial que ofrecía Moon Knight, trasladando la colección a este novedoso modelo de distribución y venta. Esto provocó que los guiones de Doug Moench tuviesen una mayor libertad creativa, así como la posibilidad de dotar las tramas de un marcado tono más adulto, teniendo la oportunidad de extenderse durante un mayor número de páginas, diferenciándose de la mayoría de publicaciones de la editorial en aquella época.

En contraposición, durante la segunda mitad de la cabecera, el que hasta el momento se había presentado como un sólido tándem creativo formado por Moench y el dibujante Bill Sienkiewicz pierde uno de los aspectos más importantes de una serie: la regularidad. Si bien es cierto que el guionista se aferra durante más números a la máquina de escribir, el cada vez más innovador ilustrador oriundo de Pensilvania se ausenta cada vez más hasta marcharse a trabajar junto a Chris Claremont en The New Mutants (artículo 75), realizando una de las mejores, y más recordada, etapa protagonizada por los pupilos más jóvenes de Charles Xavier. No se puede negar que, antes de dejar la colección, Sienkiewicz realiza un magnífico trabajo, evolucionando hacia un estilo más sucio y oscuro, dejando atrás cualquier vestigio de su reconocida influencia por el realista Neal Adams. En Moon Knight #23 podemos ver el primer cambio radical del autor, que mantendría una evolución constante hasta llegar a Moon Knight #26, sobre todo porque empieza a entintarse a sí mismo, donde observamos el cenit de su transformación artística. En algún momento llegó a afirmar que su intención era romper con lo preestablecido, probando todo tipo de recursos en el tablero de dibujo. Esto provoca que tengamos auténticas obras de arte como la historia traducida como “¡Dale!”, originalmente titulada “Hit It!”, en la que tenemos una intensa narración que sumerge al lector en las emociones transmitidas por la música, a través de un tema tan delicado como el maltrato infantil. A partir de ese momento, es evidente que la serie está a otro nivel, presentando una importante cohesión gráfica y argumental que consigue que la etapa de ambos autores al frente del personaje se convierta en una merecida obra de culto.

Desgraciadamente, lo realmente bueno dura muy poco, incluso diría que se hace especialmente corto, concluyendo con una historia narrada en dos números, donde se cierra el círculo, ya que tenemos como invitado especial a Jack Russell. En esta ocasión, los otrora enemigos se convierten en aliados contra una secta satánica, en un intento por evitar que se pierdan los lazos del héroe plateado con lo sobrenatural. Ahí podemos ver a un Sienkiewicz desatado, mostrando una nueva versión del Hombre Lobo marvelita verdaderamente terrorífica, en la que supondría la despedida por la puerta grande del dibujante en Moon Knight #30, cuya carrera puso rumbo hacia la franquicia mutante. No obstante, su trabajo con el Caballero Luna lo dejaría marcado para siempre, al igual que dejó una marca indeleble en los lectores de la colección.

Mientras el arte de Sienkiewicz va en un in crescendo continuo, los guiones de Moench se resienten mucho cuando el artista se ausenta. Esto repercute mucho en la calidad de los números incluidos en este tomo, en cuya primera parte destaca un intenso thriller con elementos propios del espionaje político. La historia, desarrollada en varios números de la serie, tiene un ritmo trepidante, explorando ese aspecto tan diferenciador que caracterizó a Moon Knight del resto de publicaciones de la Casa de las Ideas en aquella época. El Caballero Luna no es un superhéroe al uso, y cada intento de otros autores por introducirlo en el Universo Marvel queda como un experimento forzado, enturbiando en cierta forma el trabajo de Moench. Moon Knight #16, el número que abre el tomo, es un pequeño adelanto de lo que vendría más adelante, llegando a incluir a personajes invitados como los 4 Fantásticos o la mismísima Patrulla-X, restando fuerza a una historia que pretende humanizar al protagonista que se encuentra sumido en un momento de superación personal.

Por otro lado, el rico elenco de secundarios va quedando relegado a un segundo plano, salvo Frenchie y Marlene, los cuales formarán equipo con el Caballero Luna en el mencionado thriller. No obstante, más allá de eso, su evolución se detiene, manteniéndose en el papel de fiel amigo y amante, respectivamente, sin aportar nada más. A su vez, el problema psicológico de Spector queda superado, aunque mantiene ciertos resquicios de su pasado, dejando de lado uno de los aspectos más interesantes de la personalidad del héroe. Los argumentos se centraran en explotar esa dualidad moral a la que debe enfrentarse un superhéroe que antes ha sido mercenario, manteniendo así ese nexo de unión con un importante elemento de su origen: la redención. Sus distintas identidades siguen estando presentes, pero ya no son un problema psicológico, sino más bien una herramienta para un fin, siendo el Caballero Luna una pequeña porción de cada una de ellas, aunque el hombre en quien realmente quiere convertirse es Steve Grant, siendo Spector un error que debe expiar como el superhéroe en el que se ha convertido, gracias también al apoyo de Marlene, una pieza clave en esta nueva etapa de su vida.

La evolución del personaje, quizá la única constante de la serie, va dirigida hacia una estabilidad emocional, así como hacia la superación personal con el fin de redimir pecados del pasado. Asimismo, el héroe mantiene su faceta urbana, en ocasiones muy ligado al género negro, con un marcado tono policiaco, aunque también mantendrá su nexo de unión con lo sobrenatural, ya sea con compañeros como el Hermano Vudú y el Doctor Extraño, con enemigos como Morfeo, o con un revisionado de su origen, revalorizando la importancia de Khonshu, mezclando mitología con arqueología y unas raíces egipcias. Todo esto presenta un interesante cóctel que define al Caballero Luna, sentando las bases del personaje que se prodigará en el Universo Marvel tras esta cabecera, manteniendo una importante dualidad entre lo terrorífico y sobrenatural con lo urbanita y terrenal. Quizá eso sea lo que lo convierte en un concepto tan atractivo, pero que muchos autores no supieron explotar con demasiado acierto, dando lugar a una época aciaga para el personaje.

La química de Moench y Sienkiewicz destaca por encima de cualquier otro autor que pase por la serie. A pesar de que tenemos la participación de dibujantes como Denis Cowan o Vicente Alcázar, autores de innegable talento, pero que no son capaces de llegar al nivel ofrecido por la pareja de artistas. Lo realmente curioso es que, en ocasiones, la mayor extensión de los números americanos constituye un lastre para la lectura, suponiendo un auténtico coitus interruptus, con una serie de historias de complemento realizadas por una diferente variedad de autores, algunas incluso escritas por el propio Moench. A pesar de que tenemos relatos que intentan explorar el pasado de Marc Spector como mercenario, o pequeños casos de asesinos en serie, siguiendo la línea de las aventuras más o menos ligadas a la realidad que protagoniza el Caballero Luna, por muy interesantes que lleguen a ser, no son más que un innecesario alto en el camino que nos aleja de lo verdaderamente interesante de esta serie. Esto provoca que la lectura atraviese una auténtica montaña rusa de sensaciones, pasando por todo tipo de percepciones y valoraciones. Y es que aunque tengamos guionistas de la talla de Dennis O'Neil, o dibujantes como el siempre cumplidor Keith Pollard, la sensación generalizada es la de que nadie comprende realmente al personaje como Moench y Sienkiewicz, dejando un vacío inexplicable durante la lectura.

El encargado de sustituir a Sienkiewicz sería Kevin Nowlan, un autor autodidacta que a lo largo de su carrera sería considerado un “artista de artistas”, trabajando en diversas editoriales del mercado estadounidense, incluyendo DC Comics. Comenzó a trabajar en Marvel a principios de los ochenta, debutando en la cabecera protagonizada por el Hechicero Supremo durante la etapa escrita por Roger Stern. No se puede decir que el relevo sea para nada inadecuado, ya que Nowlan se caracteriza por un fino trazo de aspecto realista, amoldándose muy bien al tono de la serie y su protagonista. El héroe plateado, enfrentado principalmente a bandas callejeras y capos del crimen, encuentra en los lápices de este dibujante un digno sucesor, pero también un regreso a la normalidad gráfica, alejándose de la complejidad y experimentación de la que hizo gala Sienkiewicz durante sus últimas aportaciones a la serie. A esto habría que sumar unos guiones de Moench dedicados a explotar temas sociales y humanos, pero bajo una pátina de realismo y sin la frescura que ofrecía su compañero creativo. Esto provoca que Moon Knight siga en su línea de serie diferenciada del resto, principalmente por las temáticas que toca, más propias de un justiciero urbano que de un colorido superhéroe de Marvel. Sin embargo, la calidad desciende irremediablemente, como si la magia que ejercía el equipo creativo anterior ya no surtiera efecto.

En Moon Knight #33, Doug Moench se despide de su creación y de Marvel, dando paso a Tony Isabella, un consumado guionista que no lo hace mal, pero que no está a la altura del reto que se presenta ante él. La marcha de Moench se produce debido a ciertas diferencias con el editor Jim Shooter, una figura cuya carrera ha estado plagada de luces y sombras. Si bien es cierto que durante su mandato como máximo dirigente editorial de la Casa de las Ideas se produjo una importante revolución a nivel editorial, hubo otros aspectos de carácter humano que propiciaron una auténtica estampida de muchos autores a otras editoriales. Sinceramente, Shooter hizo mucho bien tanto por la industria como por la propia Marvel, pero también llegó a niveles tiránicos con sus subordinados en una lucha de egos tan propia de los artistas. Con Moench fuera de la ecuación, el título acabaría cerrando pocos números después, dando por finalizado el primer volumen protagonizado por el Caballero Luna. No obstante, el autor, al igual que sucediera con Sienkiewicz, quedaría irremediablemente ligado a su creación, volviendo a escribir algunas miniseries del héroe selenita varios años después, durante la década de los noventa, en un acertado revival donde se recupera la esencia del personaje, que tras pasar por diversas manos acabó sin rumbo y convertido en una sombra de lo que fue.

El elegido para escribir los últimos números de la colección fue Alan Zelenetz, un profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia, que en la década de los ochenta fue reclamado por la propia Marvel para sustituir a Roy Thomas, por sus conocimientos en mitología clásica, en folclore noreuropeo y en general sobre todo tipo de literatura fantástica. Destacarían sus trabajos con Thor y con dos de las creaciones de Robert E. Howard, Conan y Kull, para la Casa de las Ideas. Su pasión por la fantasía se deja ver en su aportación a Moon Knight, con tramas que hunden sus raíces en lo fantástico y lo sobrenatural, sobre todo en lo referente a la conexión del Caballero Luna con la temática egipcia, aunque se mantenga anclado a ciertos aspectos importantes del personaje como la denuncia social y la redención, así como la mitología y la religión.

A pesar de los diferentes niveles de calidad que podemos encontrar en el tomo, creo que la recuperación integra de la colección ofrece la oportunidad, por primera vez en nuestro país, de poder ahondar en el origen, y su posterior evolución, del Caballero Luna. Se trata de una cabecera que sentó las bases de un personaje que acabó convirtiéndose en héroe de culto, principalmente gracias a la labor de una pareja de autores que dio lo mejor de sí en esta serie. Desgraciadamente, su aportación no estuvo acompañada de “complementos” a la altura, desmereciendo un poco el producto en su conjunto, por mucho que tenga momentos verdaderamente brillantes y cualitativamente muy altos. Sea como sea, Panini Comics ha saldado una cuenta pendiente y ha recuperado en dos estupendos volúmenes toda la serie, en un formato que parece estar consolidado y que ha mejorado mucho con respecto a sus primeros tomos tras dejar de ser un coleccionable. La calidad del papel ofrece buenas reproducciones, así como el encuadernado transmite una sensación de robustez, además de tener un volumen adecuado para su manejabilidad durante la lectura. Comparado con los tomos dedicados a la etapa de Hulk escrita por Bill Mantlo, la mejoría es más que evidente, algo por lo que debemos felicitar a la editorial italiana, que parece aprender de sus propios errores. Aunque reconozco que, personalmente, me hubiera bastado con una entrañable Biblioteca Marvel, con mejores reproducciones que la que se publicó, no se puede negar que esta edición es bastante buena, permitiendo, por fin, poder disfrutar de las primeras aventuras del Caballero Luna y que el influjo del astro lunar os guíe en vuestro viaje.


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