LA EDAD DE ORO DE LA ESPADA SALVAJE DE CONAN (III)
por Taneleer Tivan


Lo vieron recortándose contra la luna,
sobre la colina, donde se estrechaban las nubes.
Luego escucharon una llamada sobrenatural
sibilantes ecos que se fundieron con el viento.
Solomon Kane había salido de la taberna,
para perderse de nuevo en la noche.
Había oído el clamor de los vientos,
había atendido la llamada del Océano.


Robert E. Howard, “El regreso al hogar de Solomon Kane”

3. La Espada Salvaje de Robert E. Howard

Siguiendo el criterio editorial que había inspirado la creación del magazín, si algo pudo definir a The Savage Sword of Conan a partir de su segundo año de publicación fue el inicio de una larga época ininterrumpida de adaptaciones de Robert E. Howard, fundamentalmente y en su mayoría del propio Conan, aunque no siempre, ya que también hubo adaptaciones de otros personajes del escritor tejano que acabaron convirtiéndose en historias del bárbaro, sobre todo al inicio de este periodo. Sea como fuere, lo cierto es que durante más de dos años, desde principios de 1976 a principios de 1978, al mismo tiempo que Roy Thomas decidía expandir La Reina de la Costa Negra en Conan the Barbarian respecto de su versión literaria original, The Savage Sword of Conan se convirtió en el vehículo utilizado para trasladar al terreno del cómic el resto de las historias que Robert E. Howard había escrito sobre el cimmerio. Sin embargo, antes de que todo esto comenzase a suceder, hubo que hacer frente a un difícil problema editorial que iba a trastocar todos los contenidos previstos para The Savage Sword.

El cierre por parte de Marvel de toda la línea Giant-Size a lo largo del año 1975 había tenido como consecuencia la cancelación de la serie trimestral Giant-Size Conan, en la que Roy Thomas y Gil Kane estaban llevando a cabo la adaptación de La Hora del Dragón, cuya traslación al cómic estaba inicialmente prevista para ser llevada a cabo a lo largo de seis números, de los cuales tan sólo habían llegado a aparecer los cuatro primeros en el momento de la cancelación. Toda vez que Marvel no reanudaría su línea de Anuales hasta el año siguiente y que Conan the Barbarian se ocupaba de narrar un momento muy anterior a la época del cimmerio como rey de Aquilonia, se hacía necesario concluir en algún lugar la adaptación de la novela de Howard a fin de no dejarla interrumpida, decidiéndose que ese lugar fuese The Savage Sword of Conan, cuyo número de páginas permitía adecuar su formato a la extensión de los capítulos que aún faltaban para terminar la historia, siendo el mayor inconveniente el hecho de tener que pasar del color de la línea Giant-Size al blanco y negro propio de los magazines.

Además del cierre de la línea Giant-Size, otro contratiempo más se vendría a añadir a las circunstancias editoriales que se produjeron en ese momento: Gil Kane iba muy retrasado en la quinta entrega que originalmente estaba prevista para aparecer dentro de lo que hubiera sido el siguiente número de Giant-Size Conan (de hecho, Giant-Size Conan #5, el último número que llegó a salir de la serie, acabó siendo un cómic con reediciones de Barry Smith). El motivo fundamental de ese retraso puede justificarse en el hecho de que Gil Kane hiciese más de 260 portadas para Marvel sólo durante ese año 1975, lo que implica que prácticamente venía a hacer una portada por cada día de trabajo de la semana, añadiéndose además la circunstancia económica de que Kane cobraba bastante más dinero por portada que por cada página que dibujaba. Ante esa situación planteada por el exceso de trabajo de Kane, se decidió que fuese John Buscema quien se encargase de concluir La Hora del Dragón dentro de The Savage Sword. A Buscema, que se hallaba dibujando en ese momento otra historia para el magazín (todo indica que se trataba de La Morada de los Malditos), le llegó todo de manera tan repentina que tuvo que interrumpir su trabajo en dicha historia para ponerse manos a la obra con la conclusión de la novela de Howard, afectando esta circunstancia al contenido de lo que acabarían siendo The Savage Sword of Conan #8 y 9, de los que iba a desaparecer totalmente Buscema, ocupado con la extensa e imprevista conclusión de La Hora del Dragón que de repente había caído en sus manos (sin contar además con el inicio de La Reina de la Costa Negra en la serie mensual, aunque gracias a la intervención de Mike Ploog, contaría también en ella con un tiempo extra que le permitiría llegar a tiempo de cumplir las fechas previstas). Como consecuencia de todo esto, los contenidos de The Savage Sword of Conan #8 y 9 acabaron siendo una especie de cajón de sastre en los que se presentarían toda una serie de historias cortas, originalmente previstas en su mayoría para completar el contenido de ambos números, pero que a pesar de todo no funcionaban por debajo del nivel de calidad que podía esperarse de la revista.

De acuerdo con estas circunstancias, The Savage Sword of Conan #8 abría su contenido con La Redoma Eterna (The Forever Phial), una historia corta de 10 páginas que aparecía firmada por Roy Thomas y el joven ilustrador Tim Conrad, un admirador de Barry Smith que daba sus primeros pasos en el mundillo profesional inspirado por el estilo artístico de su artista preferido. Situada cronológicamente en la época en que Conan vagabundeaba por las tierras de Zamora tras haber abandonado la ciudad de Shadizar en Conan the Barbarian #6 (según se indicaba unos años después en la cronología oficial publicada en Marvel Super Special # 9), la historia contaba los últimos días de un hechicero que quemaba sus libros de magia y utilizaba seres elementales en un intento de hacer frente al destino que se cernía sobre él, argumento que en cierto modo recordaba bastante a la figura de Próspero, el conocido Duque de Milán de La Tempestad. A modo de curiosidad, la historia presentaba la única viñeta a color que llegó a aparecer en las páginas del magazín: una viñeta de color rojo intenso que simbolizaba la sangre del hechicero, precediendo a otra viñeta en negro que le seguía a continuación, simbolizando su muerte. Desgraciadamente, esa famosa viñeta a color nunca ha llegado a ser publicada en nuestro país, apareciendo en su lugar una única viñeta en negro (a veces, una doble viñeta) y desapareciendo con ello el significado narrativo pretendido, o al menos no captándose del todo bien.

Tal y como se anunciaba en portada, obra en esta ocasión del artista Frank Brunner (aunque el trabajo a color era de Bob Larkin), la historia de mayor trascendencia era sin embargo la que venía a cerrar el número: Corsarios contra Estigia (Corsairs against Stygia), que no era sino el quinto capítulo de La Hora del Dragón a cargo de Gil Kane, continuando la trama allí donde se había quedado interrumpida en Giant-Size Conan #4. La circunstancia más relevante de esta quinta entrega de la adaptación radicaba en que no había sido originalmente creada para aparecer a blanco y negro en The Savage Sword, sino que eran las últimas trece páginas que Gil Kane había llevado a cabo para lo que en un principio iba a ser Giant-Size Conan #5; de hecho, a fin de adaptar la historia al estilo propio de las revistas en blanco y negro (y acabar lo que en algunos casos eran simples bocetos de Kane), se decidió entregar las páginas al filipino Yong Montaño, que en ese momento venía de llevar a cabo los dos últimos números de Giant-Size Werewolf by Night. Como consecuencia de todo ello, esta quinta entrega de la saga, que se ocupaba de narrar la llegada de Conan a Estigia en busca del Corazón de Ahriman, comenzaba claramente dibujada a lápiz por Gil Kane, si bien a medida que iba avanzando la historia era Montaño quien se encargaba de llevar el peso de la misma sobre la base de los bocetos de Kane. A pesar de todo, el hábil trazo de Kane seguía siendo reconocible en aquellos lápices entintados por Montaño, no pudiendo desligarse su contexto del conjunto de una saga destinada a convertirse en un clásico tanto de Gil Kane como de John Buscema.

Además de la tercera parte del ensayo del articulista Robert L. Yaple dedicado a los dioses y religiones de la Edad Hyboria, otras tres historias cortas más completaban el improvisado contenido de aquel octavo número del magazín. La primera de ellas era la otra que se anunciaba en portada: La Canción de Muerte de Conan el Cimmerio (Death Song of Conan the Cimmerian), adaptación en diez páginas de un poema del escritor Lin Carter (intentando emular de una manera no demasiado afortunada el estilo poético de Robert E. Howard) ilustrado por el filipino Jess Jodloman. A diferencia de la anterior, mucho más interesante resultaba ser la cuarta historia que contenía The Savage Sword of Conan #8: la segunda parte del ensayo La Edad Hyboria a cargo de Roy Thomas y Walter Simonson, recogiéndose en esta segunda entrega el periodo comprendido entre el 17.000 y el 15.000 A.C, donde se narraba lo sucedido a los supervivientes de la civilización thuria tras el gran cataclismo, el nacimiento de la antigua Estigia y la aparición de los primeros hyborios. La última historia que aparecía era La Cumbre del Hechicero (Sorcerer's Summit), una aventura de tono humorístico, escrita y dibujada por Bruce Jones, que nada tenía que ver con el cimmerio y que en su conjunto resultaba perfectamente olvidable.

La última página de The Savage Sword of Conan #8 anunciaba la historia titulada La Morada de los Malditos como contenido del siguiente número del magazín, una historia que aparecía situada inmediatamente a continuación de la etapa de Conan con los zuagires del desierto, pero que sin embargo no acabaría publicándose hasta The Savage Sword of Conan #11, casi con toda seguridad porque John Buscema no pudo llegar a concluirla hasta después de haber terminado con la adaptación de La Hora del Dragón. Como consecuencia de todo ello, The Savage Sword of Conan #9 acabó siendo un número en el que la improvisación fue llevada de nuevo bastante al límite. En primer lugar, tal y como se venía a indicar a los lectores en la propia sección de correo del magazín, la portada que Boris Vallejo había llevado a cabo para ilustrar La Morada de los Malditos (sin duda, una de las mejores portadas que Boris hizo para la serie y que era la que originalmente hubiera debido aparecer presentando dicha historia), resultó ser la única disponible para aparecer dentro de The Savage Sword #9, a pesar de no tener nada que ver con La Maldición de la Diosa Gato (The Curse of the Cat-Goddess), la historia de Conan que aparecía en su interior. De hecho, si bien el que apareciese una única historia de Conan dentro del magazín no era algo de por sí especialmente anómalo, lo que sí resultaba serlo era la propia extensión en páginas que abarcaba La Maldición de la Diosa Gato (apenas quince), toda vez que lo habitual hasta entonces era que si un número de The Savage Sword no presentaba una historia larga de Conan, presentase en su lugar dos historias cortas del bárbaro que hicieran su longitud equiparable a lo que se podía esperar encontrar dentro de la revista. Y sin embargo, en esta ocasión, la única historia de Conan que contenía The Savage Sword #9 apenas llegaba a la mitad de páginas que abarcaba la historia de Kull que le servía de complemento, circunstancia que llamaba notablemente la atención al ser el cimmerio quien prestaba su nombre al magazín.

En cuanto a su contenido, con el peruano Pablo Marcos encargándose tanto del dibujo a lápiz como del entintado, La Maldición de la Diosa Gato presentaba una nueva historia original de Roy Thomas que narraba el final de la época de Conan como jefe de los zuagires, un final que sin embargo en la serie literaria tenía lugar en el relato titulado Lágrimas Negras (Black Tears), uno de los pastiches escritos por L. Sprague de Camp y Lin Carter que Marvel se veía en la imposibilidad de adaptar al cómic al carecer de los derechos para publicar los relatos firmados por Sprague. A modo de curiosidad, cuando por fin se conseguiría llegar años más tarde a un acuerdo económico con Sprague y se pudo adaptar Lágrimas Negras(que aparecería en The Savage Sword of Conan #35), ante la inconsistencia argumental que suponía el que Conan hubiese abandonado en dos ocasiones el mando de los nómadas del desierto, no quedaría más remedio que aclarar la cuestión a través del oportuno flashback explicativo que aparecería en The Savage Sword #35, flashback que además serviría para establecer que La Maldición de la Diosa Gato se desarrollaba cronológicamente antes que Lágrimas Negras.

Aunque Roy Thomas no se ha pronunciado nunca sobre lo que sucedió realmente con esta historia, es bastante posible que su intención original fuese saltarse Lágrimas Negras y continuar la trayectoria del cimmerio con la siguiente historia que tenía en mente (tal y como ya había sucedido anteriormente con El Camino de las Águilas y como sucedería posteriormente con el resto de pastiches escritos por Sprague de Camp y Lin Carter), en este caso con La Morada de los Malditos. Sin embargo, ante el cúmulo de circunstancias que se produjeron en aquel momento debido a la cancelación de Giant-Size Conan, parece que Thomas decidió aprovechar la necesidad de rellenar ese hueco que quedaba vacío en The Savage Sword #9 presentando a los lectores una nueva y diferente versión de esa última historia de Conan con los zuagires, una versión que luego se vería obligado a retocar cronológicamente una vez se consiguieron los derechos para adaptar los pastiches de Sprague.

Relacionado con todo lo anterior, existe además una última curiosidad respecto a La Maldición de la Diosa Gato que puede resultar oportuno mencionar. Dicha curiosidad aparece referida a los rumores que circularon sobre esta historia y los problemas que existieron a la hora de encontrar contenidos para que The Savage Sword #9 lograse salir a la venta en las fechas previstas. Según las malas lenguas, el Conan que dibujaba Pablo Marcos en La Maldición de la Diosa Gato resultaba muy semejante a otro personaje que él también se encargaba de dibujar por aquellas fechas: Iron Jaw, una mala imitación de Conan publicada por Atlas Comics (la compañía fundada por Martin Goodman tras su salida de Marvel) que acababa de ver su serie cancelada unos pocos meses antes. El parecido entre ambos personajes resultaba tan llamativo que no faltaron voces que plantearon la posibilidad de que Thomas hubiera permitido a Marcos retocar una historia de Iron Jaw que éste ya tenía preparada y que no había llegado a publicarse (la única diferencia gráfica entre ambos personajes radicaba en la mandíbula de acero que ostentaba el bárbaro que publicaba Atlas, algo que no hubiera resultado muy difícil de cambiar a la hora de pasar el dibujo a tinta), adecuando luego Thomas su contenido a la continuidad de Conan. Sin poder afirmar nada de manera tajante, la verdad es que no existen muchas razones para pensar que esto fuera así. Probablemente lo único que sucedió es que Iron Jaw era de por sí una imitación de Conan y el dibujante en este caso concreto era el mismo, resultando por tanto bastante lógica cualquier similitud que pudiera apreciarse entre uno y otro personaje. En todo caso, siempre queda la posibilidad de que Roy Thomas o Pablo Marcos lleguen a aclarar algún día esta cuestión, si es que realmente existe algo que aclarar.

En cuanto al resto de contenidos de The Savage Sword of Conan #9, la otra historia que aparecía en su interior era Cuando un Tigre regresa a Atlantis (When a Tiger returns to Atlantis), una historia de Kull a cargo de Doug Moench y Sonny Trinidad que originalmente hubiera debido aparecer en el cuarto número de Kull and the Barbarians, pero cuya cancelación permitió disponer de ella a fin de completar el número de páginas que en esta ocasión resultaban necesarias para el magazín. La historia seguía la trama que se había quedado interrumpida en Kull and the Barbarians #3, si bien su posterior continuación no vería la luz en las páginas de The Savage Sword, sino en Kull the Destroyer #16, la serie a color protagonizada por el atlante que reanudaría su numeración a mediados del año siguiente. The Savage Sword #9 se encargaba también de presentar un espléndido mapa de la Edad Hyboria, realizado a doble página por el artista Tim Conrad, que acabó siendo uno de los más completos y detallados que llegó a publicar Marvel, siendo reeditado y reproducido posteriormente en multitud de ocasiones. Otro de los contenidos que brillaban con luz propia resultaba ser un precioso portafolio de seis páginas del ilustrador Steve Fabian, con escenas más o menos inspiradas en La Reina de la Costa Negra, El Fénix en la Espada, El Estanque del Negro, La Maldición del Cráneo Dorado (Kull), La Ciudadela Escarlata y la que aparecía enunciada como Una historia no contada de Conan. El resto del número se completaba con un artículo del especialista Fred Blosser (The Conjurer from Cross Plains) acerca de El Bárbaro Inadaptado (The Miscast Barbarian), un ensayo biográfico sobre de la figura de Robert E. Howard publicado por Sprague de Camp que no hacía sino refundir varios artículos suyos sobre la vida del escritor tejano que habían aparecido anteriormente en diferentes fanzines.

A pesar de señalarse la fecha de Febrero de 1976 en su portada, los días previos a las navidades de 1975 serían las fechas reales en que The Savage Sword of Conan #10 acabó por fin presentando la esperada conclusión de La Hora del Dragón a cargo de Roy Thomas y John Buscema que tanto había costado sacar adelante, utilizando para ello el título de Conan el Conquistador (Conan the Conqueror), título con el que la novela había sido rebautizada en 1950 por parte del editor de Gnome Press, Martin Greenberg, y por el que era popularmente conocida en aquellos años. Publicada por entregas en Weird Tales de Diciembre de 1935 a Abril de 1936, La Hora del Dragón (The Hour of the Dragon) suponía la última historia cronológica protagonizada por Conan dentro del ciclo originalmente escrito por Robert E. Howard, correspondiéndose con su época como rey de Aquilonia y siendo además la historia en que aparecería por primera vez Zenobia (cuyo nombre era Sabina en los primeros apuntes de la novela escritos por Howard), la mujer que estaba destinada a convertirse en su esposa y reina de Aquilonia. Su origen literario estuvo íntimamente ligado a la lógica ambición de todos los escritores de la era pulp de ver sus obras publicadas en forma de libro, un formato mucho más perdurable y de mayor prestigio que aquél en el que originalmente aparecían publicadas. Con esta idea en mente, a mediados de 1933, Howard había enviado una selección de relatos al editor británico Dennis Archer para intentar que los mismos apareciesen publicados en un volumen recopilatorio de sus obras. Sin embargo, a pesar del interés que dicha selección había despertado en el editor inglés, la respuesta no había sido positiva:

La principal dificultad para publicar estos relatos en forma de libro es el fuerte prejuicio que existe actualmente contra las colecciones de relatos cortos, así que muy a mi pesar, me veo obligado a devolvérselos. Sin embargo, me permito indicarle como sugerencia que si usted pudiese escribir una novela larga de unas 70.000 o 75.000 palabras del mismo tono de los relatos que nos ha enviado, mi compañía, Pawling and Ness Ltd, estaría encantada de publicarla”. (Carta del editor Dennis Archer a REH de Enero de 1934).

Lejos de desalentarse por la tardanza en recibir aquella respuesta, Howard aceptó la sugerencia recibida y se puso manos a la obra en la elaboración de su primera novela, en un primer momento, la odisea interplanetaria de Esaú Cairn en el planeta Almuric. Sin embargo, no demasiado satisfecho con los resultados que estaba obteniendo, el tejano decidió abandonar la historia y volver a empezar de cero, utilizando esta vez a Conan de protagonista. La inspiración probablemente le vino a surgir de otra de las historias del cimmerio que muy poco antes había comenzado a escribir y que tampoco había llegado a terminar, el relato conocido como Los Tambores de Tombalku. En ese relato, uno de los habitantes de la antigua ciudad de Gazal conversaba con el aquilonio Amalric sobre unos sucesos que habían tenido lugar novecientos años atrás (¿Aquilonia? Hubo una invasión... Algo oímos... El rey Bragorus de Nemedia... ¿Cómo fue la guerra?), describiéndose en esa conversación el motivo central sobre el que unas pocas semanas después Howard iba a desarrollar el argumento central de La Hora del Dragón: la invasión de Aquilonia por parte de la vecina Nemedia.

Se ha señalado también que probablemente la sugerencia de Dennis Archer de que la novela fuese del mismo tono que los relatos que había enviado, tuviese mucho que ver con el hecho de que Howard optase por canibalizar uno de ellos, en este caso La Ciudadela Escarlata, a la hora de desarrollar la parte inicial de la novela que iba a enviar a los editores ingleses, siendo así como la invasión por parte de Koth y Ophir con que se iniciaba ese relato, la posterior captura y evasión del cimmerio, o la aparición de su pasado como Amra, encontraban su paralelismo dentro de La Hora del Dragón. No hay que olvidar además que Howard había incluido a La Ciudadela Escarlata en esa selección enviada a Inglaterra, teniendo en cuenta su cercanía en algunos temas con dos de las novelas históricas más conocidas de sir Arthur Conan Doyle: Sir Nigel y La Compañía Blanca, considerando precisamente que el mercado inglés sería especialmente receptivo a ese tipo de ficción histórica. Esta intención de seducir al público británico con argumentos con los que estuviese previamente familiarizado, ha sido apuntada también por el especialista Patrice Louinet como otra de las razones por las que Howard decidiese regresar a la época del cimmerio como rey a la hora de escribir su novela, e incluso de las semejanzas que llegaban a observarse entre la búsqueda del Corazón de Ahriman que emprendía Conan y la búsqueda del Grial que aparecía en la mitología artúrica. Desgraciadamente para el escritor tejano, la editorial inglesa interesada en publicar su novela quebraría a finales de ese mismo año, siéndole devuelto el manuscrito enviado sin que llegase a ser publicado. Ante aquella inesperada y desafortunada circunstancia, Howard decidiría presentar la novela a Farnsworth Wright, el editor de Weird Tales, aceptándola éste de inmediato y procediendo a publicarla por entregas en las páginas de la mítica revista pulp.

Partiendo de estos antecedentes literarios y utilizando de nuevo una espectacular portada a cargo de Boris Vallejo, The Savage Sword of Conan #10 presentó la sexta y última parte de la adaptación al cómic de la novela de Howard. Habiéndose encargado Gil Kane de las cinco entregas anteriores publicadas en Giant-Size Conan #1 a 4 y The Savage Sword of Conan #8, era ahora John Buscema, junto al colectivo de artistas filipinos conocido como La Tribu que encabezaba Tony DeZúñiga, quien tomaba el relevo de Kane para ocuparse de la extensa y definitiva conclusión gráfica de la historia, que se iba a desarrollar de manera sucesiva primero en Estigia y luego en Aquilonia.

Con un Buscema realmente inspirado a la hora de transmitir la ambientación que acompañaba a Conan en su descenso al inframundo existente bajo la pirámide negra de Khemi, o la seductora belleza de la inmortal Akivasha, a la que Howard había utilizado para mostrar su personal interpretación del mito de la eterna juventud idealizado por los poetas del siglo XIX, lo cierto es que The Savage Sword se incorporaba a la narración en el momento más decisivo de la historia, llegando a su punto culminante con la batalla entre hechiceros que se desataba por la posesión de la joya bajo el abovedado techo de la Sala de los Muertos que existía en las entrañas de la pirámide. Utilizando la misma elipsis argumental que Howard había utilizado en su novela para reorganizar los acontecimientos y lanzar la historia hacia su conclusión, era sin embargo en la batalla final en territorio aquilonio donde Roy Thomas optaría por marcar las mayores diferencias con la versión literaria que había seguido de una manera bastante fiel hasta entonces: en la novela de Howard era Hadrathus, el sacerdote de Asura, quien se enfrentaba en solitario a Xaltotum sobre los acantilados del Valle de los Leones, mientras que en la adaptación al cómic Thomas decidía añadir también a Conan a ese enfrentamiento, evidentemente con la intención de proporcionar un mayor protagonismo al cimmerio en su duelo final contra el hechicero acheronio.

Al igual que sucedía en la novela, el final de su adaptación al cómic dejaba pendientes algunas cuestiones que Howard había preferido dejar abiertas a la imaginación de sus lectores, pero que Thomas y Buscema se encargarían sin embargo de llevar un paso más allá en los años siguientes, a través de los Anuales 4 y 5 de Conan the Barbarian (El Regreso del Conquistador y La Novia del Conquistador), ilustrando así el final de una historia que resultaría de todo punto fundamental en la saga del cimmerio. En cualquier caso, completando el contenido de un número que no dejaba de presentarse a sí mismo como un claro homenaje a la gran novela de Howard, The Savage Sword #10 venía acompañado de un artículo de Fred Blosser sobre el material de base reciclado por el tejano en la elaboración de La Hora del Dragón (Conan the Cannibal), haciéndose especial hincapié en La Ciudadela Escarlata y refiriéndose también a los paralelismos que existían entre la figura de Xaltotum y el villano principal de El Coloso Negro, el resucitado Thugra Khotan. Igualmente, otro nuevo artículo, esta vez a cargo del propio Roy Thomas (Portrait of the cimmerian as a middle-aged king), se ocupaba de presentar las diferentes interpretaciones gráficas de Conan a través de esta novela, interpretaciones que iban desde las ilustraciones originales aparecidas en Weird Tales a cargo de Margaret Brundage y Vincent Napoli, hasta las aparecidas años más tarde en sus posteriores ediciones inglesas y japonesas.

Tras superar las dificultades derivadas de llevar la conclusión de la novela de Howard a las páginas del magazín, The Savage Sword of Conan regresó de nuevo a la secuencia cronológica que había venido siendo seguida habitualmente hasta entonces, recogiendo a partir de su undécimo número los vagabundeos del cimmerio en su camino hacia la conocida ciudad de Zamboula (donde tenía lugar la siguiente historia escrita por Howard según la cronología establecida por las novelas de Lancer) tras haber dejado atrás su etapa como líder de los zuagires. De esta manera, The Savage Sword of Conan #11 fue el número que acabó presentando por fin la historia que había venido siendo anunciada desde hacía meses: La Morada de los Malditos (The Abode of the Damned), aunque sin su portada original (al haber sido utilizada para The Savage Sword of Conan #9), siendo sustituida por una nueva portada del ilustrador escocés Ken Barr que tomaba sus principales referencias de la propia splash de Buscema con que se iniciaba la historia.

A la hora de plantearse la elaboración de esta historia, lo cierto es que Roy Thomas decidió volver a utilizar una vez más el controvertido recurso inventado por Sprague de Camp de tomar una historia de Howard no protagonizada por Conan y cambiar el nombre de su personaje principal y su periodo temporal original, creando en su lugar una historia del cimmerio. De esta manera, con guión del propio Thomas, dibujos de John Buscema y tintas del filipino Yong Montaño, La Morada de los Malditos suponía la transformación al cómic, apareciendo como una historia de Conan, de El País del Cuchillo (Country of the Knife), uno de los relatos escritos por Howard alrededor de la figura de Francis Xavier Gordon, el aventurero conocido como El Borak, publicado originalmente en Agosto de 1936 dentro de la revista pulp Complete Stories.

Inspirado en su ambientación temática por las aventuras del oficial británico Thomas E. Lawrence (más conocido por su sobrenombre de Lawrence de Arabia), El Borak era un pistolero tejano originario de El Paso que por motivos no mencionados se había visto obligado a abandonar los Estados Unidos, estableciéndose en los territorios de la India y Oriente Medio durante los años que abarcaban el final del siglo XIX y los inicios del XX, siendo en estos lugares donde transcurrían sus aventuras. En su adaptación al universo hyborio, la historia de Thomas comprendía básicamente los cinco primeros capítulos de los ocho que componían El País del Cuchillo, siendo toda la parte final una creación propia del guionista que se adentraba en el territorio de la ciencia ficción, aprovechando para ello las figuras de los tres extraños viajeros que él mismo se había encargado de introducir en la trama y que no venían a aparecer en la versión original del relato. Aparte de la lógica transformación del personaje de El Borak en Conan, la otra diferencia más significativa entre ambas historias resultaba ser el cambio de sexo que Thomas llevaba a cabo sobre el principal personaje secundario de la trama, la joven Mellani de Korshemish, que en su adaptación al cómic resultaba ser una próspera empresaria de Koth que había hecho su fortuna a través del lucrativo negocio del sexo y cuya motivación era vengar la muerte de su hermano, mientras que por el contrario, en la versión original, ese papel estaba interpretado por un hombre, el norteamericano Stuart Brent, que lo que buscaba era transmitir un mensaje de vital importancia que le había dejado su amigo Richard Stockton antes de ser asesinado ante las puertas de su casa en San Francisco. De la misma forma, el kurdo El Shirkuh se transformaría en el zamorio Shirkuh, la secta de los Tigres Negros cambiaría su nombre por el de los Tigres Oscuros, y el agente ruso Vladimir Jakrovitch aparecería como el turanio Nikolav Yvonn, la cara oculta de Abdel Khafir (Abd El Kafid en la versión original), trasladándose la acción de las salvajes montañas de Afganistán al peligroso territorio montañoso situado al oeste de Turan, fronterizo con los desiertos habitados por los zuagires, donde ahora se situaba la fortaleza de los bandidos.

En el apartado gráfico la historia resultaba ser magnífica, plasmando una vez más los lápices de Buscema el canon con que a esas alturas había conseguido hacer suyo tanto al personaje como al mundo en el que se movía. En esta ocasión, aparte de su dominio de las figuras y la acción, el artista neoyorquino se encargaba de presentar de una manera sólida y convincente el agreste e inaccesible paraje en el que aparecía ambientada la historia, logrando transmitir a la perfección la violencia y la crueldad que destilaban algunas de sus escenas (sin ir más lejos, la manera en que Conan se ganaba su derecho de acceso a la fortaleza), la soledad e indefensión en que se veía envuelta Mellani a causa de la empresa a la que se había arrojado sin calcular demasiado bien sus fuerzas, o el juego de ambiciones y conspiraciones que se desarrollaba en el interior de la ciudad. Por otra parte, Montaño llevaba a cabo un excelente trabajo de acabado sobre los lápices de Buscema, utilizando para ello una efectiva combinación de líneas finas y tramas mecánicas de zip-a-tone (técnica hoy totalmente abandonada a causa de la utilización de los filtros que proporciona el Photoshop) que otorgaban un aspecto exuberante y detallado al trabajo de base realizado por Buscema y que resultaba bastante cercano en este sentido al que venía desarrollando Alfredo Alcalá, por mucho que no lograse alcanzar los brillantes efectos de iluminación obtenidos por éste, que era a quien de manera más evidente intentaba aproximarse Montaño con su laborioso trabajo de entintado en esta historia.

En claro homenaje al personaje de Howard que inspiraba la historia, The Savage Sword of Conan #11 incluía además un artículo de Fred Blosser (El Borak y los Bárbaros) dedicado a revisar el primer volumen de las aventuras de El Borak que acababa de publicar Fax Collector's Editions (The Lost Valley of Iskander) y que presentaba en su interior diferentes ilustraciones a color y en blanco y negro de Mike Kaluta, algunas de las cuales acompañaban también al artículo. Otro de los artículos que venía a aparecer en su interior era Los Escribas de Hyboria, una revisión a cargo de Fred Blosser y Roy Thomas de los fanzines más importantes publicados alrededor de la figura del bárbaro creado por Robert E. Howard, con ilustraciones de reconocidos artistas del género fantástico como Roy Krenkel, Steve Fabian o John Severin. Finalmente, el número se completaba con un artículo de Ed Summer (Conan y la Torre de Vinilo) dedicado a comentar el primer disco de vinilo dedicado al cimmerio, conteniendo la narración dramatizada de dos de los grandes clásicos de Howard, La Torre del Elefante y La Hija del Gigante Helado. La voz del narrador era del veterano actor de teatro Owen McGee y la portada del disco era obra del ilustrador Tim Conrad.

Con una nueva portada de Boris Vallejo y bajo el título Los Fantasmas del Castillo Carmesí (The Haunters of Castle Crimson), The Savage Sword of Conan #12 vino a presentar una nueva adaptación al cómic de otro de los relatos de Howard que no aparecía protagonizado originalmente por el cimmerio: La Princesa Esclava (The Slave Princess), uno de los relatos históricos sobre las Cruzadas que Howard había escrito para la revista pulp Oriental Stories pero que no había llegado a terminar al haber sido cancelada la revista, aun cuando sí había llegado a elaborar una sinopsis argumental de los dos últimos capítulos con los que concluía la historia, sinopsis que sería utilizada por Roy Thomas en su adaptación al cómic gracias al material original proporcionado por Glenn Lord. Ambientada a finales del siglo XII, durante la época de la Tercera Cruzada, la historia original estaba protagonizada por uno de los cruzados de Howard: Cormac Fitzgeoffrey, un guerrero gigantesco de ascendencia gaélica y normanda sobre el que el escritor tejano había comenzado a escribir un año antes de dedicarse a Conan. En su corta serie de relatos, Cormac Fitzgeoffrey aparecía caracterizado como uno de los guerreros de élite que habían seguido a Ricardo Corazón de León a la Palestina de finales del siglo XII, conocida en esa época como Ultramar. Tras la marcha de Ricardo de San Juan de Acre, Cormac había sido declarado proscrito y se dedicaba a vagabundear por lo que quedaba de los territorios cruzados en Ultramar.

Partiendo de esta base argumental, Thomas no tuvo ninguna duda sobre dónde ubicar geográficamente esta historia a la hora de adaptarla al universo hyborio, al haber reconocido la ambientación histórica que Howard había intentado recrear en El Coloso Negro (The Savage Sword of Conan #2) a través del reino de Khoraja (fundado en la ficción por aventureros kothios en tierras conquistadas a los shemitas), siendo de este modo como Los Fantasmas del Castillo Carmesí aparecía situada en los puestos avanzados del sur de Khoraja, o lo que es lo mismo, el equivalente hyborio de los territorios conquistados por los cruzados alrededor de Jerusalén; de hecho, el propio Malthom de Nemedia, que había aparecido como general de mercenarios en El Coloso Negro, volvía a reaparecer ahora como señor del Castillo Carmesí, lo que de alguna manera enlazaba la continuidad de ambas historias y hacía mucho más reconocible el paralelismo existente entre ambos escenarios.

Desde el punto de vista editorial, el mayor problema radicaba sin embargo en que el relato original carecía de elementos fantásticos, circunstancia que era necesario replantear para poder adecuar su adaptación a la temática propia del magazín, siendo ésta la razón de que Roy Thomas decidiese añadir un importante elemento sobrenatural a la trama a través de lo sucedido con Rodrik y sus caballeros, quienes no venían a aparecer en la historia original. Salvo esta circunstancia añadida y las consecuencias argumentales que se derivaban de la misma, Thomas se mantuvo a pesar de todo muy cerca del relato escrito por Howard, alterando únicamente los nombres de los principales personajes intervinientes de manera similar a lo que ya había hecho anteriormente en La Morada de los Malditos. De esta manera, Cormac se transformaba en Conan, el cruzado francés Amory era reemplazado por Malthom como señor del Castillo Carmesí, y la figura del egipcio Belek se veía sustituida por la del traidor Mordek, mientras que la princesa Zalda pasaba ahora a llamarse Corma, aun cuando el nombre de Zuleika se mantuviese en ambas versiones.

Desde el punto de vista artístico, la mayor novedad era que el equipo formado por John Buscema y Alfredo Alcalá volvía a reunirse de nuevo tras casi diez meses de ausencia. Como muchos autores han venido a destacar, es cierto en este sentido que el Conan de Buscema podía considerarse heredero directo de la fuerza y la visceralidad que Frank Frazetta había sabido captar en sus representaciones del bárbaro, pero también sabía combinar esas cualidades con el clasicismo de carácter más realista que había exhibido Harold Foster en las páginas del Príncipe Valiente, uno de los autores que más había llegado a influir en su trabajo, circunstancia que en esta ocasión resultaba especialmente palpable en las escenas que se desarrollaban en el interior del castillo o en el flashback con que se narraba el asalto a la fortaleza defendida por Rodrik, cuya figura y corte de pelo incluso venía a recordar a la del personaje creado por Foster. Todo ello en un trabajo que de nuevo se veía reforzado con los detalles y las iluminaciones proporcionadas por Alfredo Alcalá, que una vez más se ocupaba de llevar el estilo y la elegancia de Doré a las páginas de The Savage Sword, embelleciendo los lápices de Buscema y proporcionando una textura y una sensación de integridad a su dibujo que de alguna manera casi lo acababa haciendo propio, siendo seguramente eso lo que más le disgustaba a Buscema del trabajo de Alcalá sobre sus lápices: la manera en que la personalidad de Alcalá se establecía sobre lo que él había dibujado previamente.

Además de Los Fantasmas del Castillo Carmesí, The Savage Sword of Conan #12 se encargó también de presentar la tercera parte del ensayo La Edad Hyboria a cargo de Roy Thomas y Walter Simonson, recogiendo esta vez el periodo comprendido entre el 14.000 y el 10.000 antes de Cristo, con el nacimiento y formación de los diferentes reinos hyborios y su culminación en la era que sería conocida como la del rey Conan. De manera acorde con la temática medieval que inspiraba el relato original de Howard, el resto del número se completaba con un artículo del especialista Sam Maronie (Chivalry is alive and well and living in Berkeley) que daba a conocer la existencia de la Sociedad para el Anacronismo Creativo (SCA), una asociación cultural cuyos miembros se dedicaban a estudiar y recrear las artes, habilidades, armamento y técnicas de combate de la Europa medieval.

La última página de The Savage Sword #12 anunciaba que el siguiente número del magazín se encargaría de presentar la adaptación de Sombras en Zamboula con Neal Adams de ilustrador, aunque lo cierto es que ya se venía anunciando así desde el número anterior; de hecho, incluso el propio Conan volvía a comentar en la última viñeta de Los Fantasmas del Castillo Carmesí su intención de dirigirse a la famosa ciudad del desierto gobernada por los turanios. Sin embargo, los malentendidos que surgieron entre Thomas y Adams sobre el tiempo del que el artista disponía para realizar la historia, hicieron que llegado el momento de su publicación no estuviese todavía terminada, no quedando más remedio que acudir a una reedición para que The Savage Sword of Conan #13 pudiese salir a la venta en la fecha prevista, tal y como el propio Roy Thomas se encargaba de explicar en la sección de correo del magazín. Ante esta circunstancia, sería la adaptación de Los Dioses de Bal-Sagoth, una historia que Roy Thomas y Gil Kane habían llevado a cabo para Conan the Barbarian #17 y 18, la que acabase cubriendo el vacío creado en The Savage Sword #13 por la ausencia de la anunciada Sombras en Zamboula. Al fin y al cabo, salvo por el hecho de que se trataba de una reedición, difícilmente podía pensarse en un mejor sustituto para Neal Adams que otra estrella tan consagrada entre los seguidores del cimmerio como Gil Kane.

Como es sobradamente conocido, Gil Kane había llegado a Conan the Barbarian en sustitución de Barry Smith a mediados de 1972, durante los meses en que éste había decidido por primera vez abandonar la serie. Kane había sido uno de los primeros artistas en descubrir la obra literaria de Robert E. Howard, llegando incluso a ser el primero en intentar adquirir los derechos de Conan para adaptar sus historias al cómic a mediados de los sesenta, años antes de que los llegase a adquirir Marvel. Fue precisamente él quien le propuso a Roy Thomas adaptar a la serie de Conan uno de los relatos de Howard que más le gustaban: Los Dioses de Bal-Sagoth (The Gods of Bal-Sagoth), una historia perteneciente a la saga del guerrero irlandés Turlogh O'Brien que había aparecido publicada por primera vez en Octubre de 1931 dentro de las páginas de Weird Tales. Trabajando sobre esa propuesta de Kane, Thomas introdujo esta historia en la continuidad del cimmerio, presentando a Turlogh como Conan, llevando la historia desde el Océano Atlántico al Mar del Vilayet, y transformando a Athelstane el Sajón en el pelirrojo Fafnir de Vanaheim, un personaje que Barry Smith y él habían presentado en Conan the Barbarian #6 junto a su compañero Rata Negra, en un claro guiño a Fafhrd y el Ratonero Gris, protagonistas de la famosa serie de novelas escritas por Fritz Leiber. Del mismo modo, el capitán español Rodrigo de Cortés que aparecía al final de la historia recogiendo a los dos náufragos, acabaría transformándose en el príncipe Yezdigerd de Turan, dando lugar así a un importante argumento que se extendería a lo largo de los meses siguientes en la serie.

Desde el punto de vista gráfico, fue también el propio Gil Kane quien propuso a Ralph Reese como entintador, uno de los habituales colaboradores de Wally Wood, si bien éste sólo llegaría a ocuparse del primero de los dos números que acabaría abarcando la adaptación, recayendo el segundo en manos de otro de los colaboradores más conocidos de Wood: Dan Adkins. A la vista de los resultados, el Conan de Gil Kane seguramente hubiera tenido el suficiente éxito como para continuar su andadura durante muchos años más en la serie (de hecho, la segunda parte de la adaptación de Los Dioses de Bal-Sagoth sería el número más vendido de Conan the Barbarian hasta la llegada de John Buscema), pero aunque a Kane le gustase mucho el personaje, no podía dedicarle el tiempo que le resultaba necesario sin desatender otros trabajos que le generaban el volumen de ingresos al que estaba acostumbrado, de modo que decidió abandonar la serie. Afortunadamente Barry Smith decidiría regresar durante unos cuantos números más, con lo que la marcha de Kane tuvo una fácil e inmediata solución.

Con portada casi de urgencia realizada por el ilustrador norteamericano Richard Hescox, un joven artista que había llegado a Marvel recomendado por Neal Adams y que años más tarde obtendría un notable éxito como ilustrador de libros de fantasía y juegos de rol, aquellos dos números de Conan the Barbarian se acabaron transformando en una única historia de cuarenta páginas que aparecería reeditada como contenido principal de The Savage Sword of Conan #13. A pesar de que la historia sería presentada con unos nuevos tonos de grises y negros para su publicación dentro del magazín, posiblemente obra del propio Dan Adkins, seguramente su mayor inconveniente radicaba en que no se trataba de una historia originalmente realizada para ser publicada a blanco y negro, sino en color, con lo que los lápices de Kane y las tintas de sus colaboradores no acababan teniendo los mismos matices que hubieran podido tener si se hubiese tratado de un trabajo realizado específicamente para su publicación en blanco y negro. Aun así, el resultado no dejaba de ser excelente.

Además de Los Dioses de Bal-Sagoth, The Savage Sword #13 presentó también la primera historia de Solomon Kane que aparecería dentro de las páginas del magazín: La Mano Derecha de la Condenación (The Right Hand of Doom), a cargo del guionista Doug Moench y el dibujante filipino Steve Gan, siendo una de las historias cortas de Kane que Howard no había llegado a publicar en vida, sino que había aparecido años más tarde entre los manuscritos hallados por Glenn Lord dentro del famoso baúl con los papeles del escritor tejano que había salvaguardado primero su padre y posteriormente el escritor Edgar Hoffmann Price. Desde el punto de vista cronológico, La Mano Derecha de la Condenación había sido situada por el propio Glenn Lord y el especialista Fred Blosser como la segunda historia de la serie del espadachín inglés, justo a continuación de Calaveras en las Estrellas (Skulls in the Stars), cuya adaptación al cómic había aparecido anteriormente en el primer número de Monsters Unleashed y que era la que venía a situar a Kane en el camino hacia la localidad inglesa de Torkertown, en cuyo trayecto se desarrollaba ahora la historia. La adaptación venía además precedida de una ilustración de Solomon Kane realizada por Robert Gould y Duffy Vohland que posteriormente sería utilizada en numerosas ocasiones para presentar la mayoría de las historias de Kane que aparecieron dentro de The Savage Sword, enmarcando la historia correspondiente dentro de la cronología oficial de Kane de acuerdo con el ensayo de Fred Blosser (The Trail of Solomon Kane) que había sido publicado en las páginas de Kull and the Barbarians #3.

Además de estas dos historias, el resto del número se completaba con otros dos nuevos artículos de Blosser, que a esas alturas comenzaba a ser un colaborador habitual del magazín. El primero de ellos (A Conan for Collectors) era una revisión de los tres libros de Conan que el editor Donald M. Grant acababa de publicar a mediados de los setenta, en sendas ediciones de lujo y en una edición limitada para coleccionistas, conteniendo El Pueblo del Círculo Negro, Nacerá una Bruja y La Torre del Elefante (este último incluyendo también el relato El Dios en el Cuenco, que era publicado por primera vez en su versión original sin las alteraciones efectuadas por Sprague de Camp). El segundo (When the Little People Strike) era un estudio sobre las historias que Howard había llevado a cabo basándose en las leyendas existentes en las islas británicas sobre la denominada Gente Pequeña, responsables de la creación de los mitos sobre duendes y hadas en el folklore anglosajón. Blosser incluía en este estudio fundamentalmente tres relatos de Howard: Gusanos de la Tierra, Los Hijos de la Noche y El Pueblo de la Oscuridad.

Con fecha de portada de Septiembre de 1976, The Savage Sword of Conan #14 presentó por fin la adaptación de Sombras en Zamboula que tanto se había hecho de esperar y que con el paso del tiempo acabaría generando toda una serie de discrepancias y controversias entre Roy Thomas y Neal Adams sobre lo sucedido con este cómic. La portada, con Conan, la bailarina Zabibi y el dios mono Hanuman como protagonistas, era obra en esta ocasión del ilustrador norteamericano Earl Norem, siendo la primera de las muchas que llevaría a cabo para el magazín, toda vez que apenas unos pocos meses más tarde se convertiría en el nuevo portadista oficial de The Savage Sword en sustitución de Boris Vallejo.

En su origen literario, Sombras en Zamboula (Shadows in Zamboula) fue una de las últimas historias que Robert E. Howard llegó a escribir sobre Conan, habiendo sido bautizada originalmente con el título de The Man-Eaters of Zamboula (Los Devoradores de Hombres de Zamboula), si bien el editor Farnsworth Wright decidiría cambiar ese título por el de Sombras en Zamboula al considerarlo más sugerente que el propuesto por el escritor tejano, siendo bajo esta nueva denominación como vería definitivamente la luz en el número de Weird Tales correspondiente al mes de Noviembre de 1935. En su creación, Howard vino a combinar referencias de diferentes géneros con los que trabajaba en ese momento. La primera de ellas, la referente a la supuesta bailarina zamboulana, Zabibi, a la que Conan ayudaba a recuperar a su amante a cambio de obtener sus favores sexuales como precio por su ayuda, se incardinaba en cuanto a su ambientación no tanto en los Spicy Pulps con los que Howard había llegado a trabajar bajo el seudónimo de Sam Walser (aunque resulte evidente una cierta tendencia en ese sentido, para mayor lucimiento de Margaret Brundage, la portadista habitual de Weird Tales durante esa época), sino más bien dentro del exótico género de aventuras orientales protagonizadas por Francis Xavier Gordon y Kirby O'Donnell con el que el escritor tejano se encontraba trabajando a principios de 1935 para revistas pulp como Top-Notch o Thrilling Adventures. Igualmente, otra de las referencias más icónicas de esta historia, la misteriosa habitación a la que el posadero Aram Baksh enviaba a sus huéspedes y el destino que a éstos les aguardaba, resultaba estar tomada de una de sus historias de detectives que no había conseguido llegar a publicar: Los Huéspedes de la Habitación Maldita (Guests of the Hoodoo Room), una historia contemporánea protagonizada por el detective Butch Cronin, que investigaba la misteriosa desaparición de varios mendigos en una de las habitaciones de un refugio para personas sin hogar. A modo de curiosidad, si bien el papel que los esclavos darfarios desempeñaban en Sombras en Zamboula ha sido tachado en numerosas ocasiones como una muestra del racismo que imperaba en muchas de las obras de Howard, lo cierto es que en Los Huéspedes de la Habitación Maldita ese mismo papel se correspondía con el que interpretaban los adinerados y poderosos miembros de la alta sociedad de San Francisco, dejando la cuestión racista bastante abierta a otras interpretaciones más favorables a las necesidades argumentales del escritor en función de lo que venía a necesitar para cada historia.

Desde el punto de vista de su adaptación al cómic, los malos entendidos que existieron entre Roy Thomas y Neal Adams sobre el plazo de tiempo del que se disponía para llevar a cabo la historia, tendrían una gran relevancia de cara al resultado final que se acabó produciendo. Haciendo un poco de historia, a finales de 1974, con más de un año de antelación a que Sombras en Zamboula acabase apareciendo en las páginas de The Savage Sword, Roy Thomas había llegado a un acuerdo con Neal Adams para que fuese él quien se encargarse de la adaptación de esta historia al cómic. Sin embargo, como acabaría explicando Roy Thomas en la propia sección de correo de The Savage Sword of Conan #14 con tan sólo un par de semanas antes de la fecha límite de entrega, Neal Adams únicamente había llegado a entregar completamente terminadas las primeras páginas de la historia, mientras que otras tantas sólo se hallaban parcialmente entintadas, y otras solamente trabajadas a lápiz en diferentes fases de realización. A fin de que The Savage Sword #14 no acabase siendo otra reedición, como ya había sucedido con el número anterior, Thomas no encontró otra solución más que entregarle las páginas que estaban sin acabar al estudio de Tony DeZúñiga a fin de que se pasasen a tinta y se terminasen, lo que se llevó a cabo en un tiempo récord, con el propio DeZúñiga llevando a cabo la mayor parte del trabajo, y siendo así como se acabaría publicando la historia, con gran cabreo por parte de Adams, que había trabajado en ella para que fuese su versión definitiva sobre el personaje.

Tanto Adams como Thomas mantienen versiones contradictorias a la hora de explicar por qué todo esto acabó sucediendo así. Según la versión de Neal Adams, tras lo sucedido en Conan the Barbarian #37 (una historia que inicialmente iba a publicarse en Savage Tales conteniendo la adaptación de La Ciudad de los Cráneos, pero que por problemas con los derechos de Sprague de Camp acabó siendo otra historia diferente de tan sólo 19 páginas que el propio Adams tuvo que recortar y retocar en abundancia), Adams le explicó a Thomas que necesitaba un amplio margen de tiempo para hacer lo que él quería que fuese su obra definitiva sobre Conan, de manera que no quería verse sujeto a ningún plazo de entrega; simplemente, cuando tuviera terminada la historia, la entregaría y sería entonces cuando se publicase. Lo cierto es que Thomas no recuerda que esto fuera realmente así, pero admite en este punto la versión de Adams de no encontrarse inicialmente sujeto a ninguna fecha límite. Durante ese tiempo, sin embargo, lo cierto es que Adams se acabaría metiendo de lleno en su apoyo a Jerry Siegel y Joe Shuster en la batalla legal que ambos estaban teniendo por los derechos de Superman, dando como resultado que la adaptación gráfica de Sombras en Zamboula comenzase a dilatarse en el tiempo y a arrastrar un retraso considerable, circunstancia que no le preocupaba demasiado a Adams al no tener prevista ninguna fecha concreta de entrega. En esta situación, apenas unos meses antes de que la historia acabase siendo publicada, alguien de Marvel acudió al estudio de Neal Adams solicitando que le fueran entregadas las páginas en el estado en que se encontrasen, siéndoles entregadas en un momento en que al parecer Adams no se encontraba presente.

La versión de Roy Thomas difiere de la de Neal Adams en que según Thomas sí que llegó a existir un acuerdo a la hora de establecer un plazo de entrega para Sombras en Zamboula. Según Thomas, si bien inicialmente pudo no existir ningún plazo establecido, llegado un determinado momento, el propio Adams fijó una fecha de entrega para el trabajo, puesto que de otro modo Thomas jamás se hubiera atrevido, sin contar con Adams, a anunciar a página completa dentro de The Savage Sword of Conan #11 que la siguiente historia en aparecer sería Sombras en Zamboula, volviendo a tener que repetir lo mismo en The Savage Sword of Conan #12 con el anuncio del siguiente número. Al tener Buscema y Alcalá totalmente terminada por esas fechas Los Fantasmas del Castillo Carmesí, no hubo problemas para acabar publicando esa historia en lugar de Sombras en Zamboula dentro de The Savage Sword #12, pero sí los hubo con The Savage Sword of Conan #13, que acabó conteniendo una reedición. Entendiendo Thomas que no se podía volver a defraudar a los lectores con otra nueva reedición como contenido principal de The Savage Sword of Conan #14, decidió reclamar las páginas a Adams en el estado en que se encontrasen y enviárselas a Tony DeZúñiga. Sea como fuere, Neal Adams acabó verdaderamente molesto porque otros dibujantes terminasen lo que él consideraba que iba a ser su historia definitiva sobre el cimmerio, mientras que Thomas quedó igualmente molesto con Adams por no cumplir lo acordado y enfrascarse en otros temas que le restaron el tiempo necesario para llevar a cabo la tarea a la que se había comprometido.

Siendo sin duda una de las mejores adaptaciones que llegó a presentar The Savage Sword, el problema fundamental que acabó revistiendo Sombras en Zamboula es que pudiendo haber llegado a ser una obra maestra, se quedó a medias, en ese estadio intermedio que separa los buenos tebeos de los excepcionalmente magníficos, con páginas donde se percibía claramente que todo el trabajo había sido de Neal Adams, y con otras donde se notaba demasiado la intervención de Tony DeZúñiga y sus ayudantes, cuyo estilo, aparte de ir contra reloj, seguramente no fuera en algunos casos el que mejor se adaptaba a los lápices de Adams. Con todo, la peculiar estructura narrativa de Neal Adams, rompiendo las barreras entre viñetas e integrándolas en la propia composición de las páginas, estaba ahí, al igual que sucedía con el expresivo lenguaje corporal que el genial artista neoyorquino era capaz de otorgar a sus figuras, tal y como podía apreciarse en la seducción con que Zabibi se apretaba al cuerpo de Conan para convencerle de que la ayudase en sus propósitos, o en la feroz carrera con la que el bárbaro se abalanzaba sobre los sorprendidos secuestradores darfarios antes de destrozarlos. De igual modo, Adams recreaba de manera convincente la ambientación del relato proporcionada por Howard, presentando una ciudad decadente, plagada de intrigas y cuya moralidad resultaba cuanto menos dudosa, que resultaba especialmente peligrosa a la caída de la noche, cuando se veía envuelta en las misteriosas sombras que Adams se encargaba de remarcar y cuando las pasiones más bestiales recorrían sus calles. Todo ello sin olvidar que Sombras en Zamboula resultaba ser también uno de los relatos de Conan en los que el sexo tenía su propia cuota de protagonismo, dedicándole una página especialmente sugerente a la mortífera danza de las cobras que sólo las bailarinas medio desnudas de Zamboula eran capaces de interpretar.

Junto a Sombras en Zamboula, otro de los contenidos que presentó The Savage Sword #14 fue una nueva historia de Solomon Kane: La Bestia Plateada de las afueras de Torkertown (The Silver Beast beyond Torkertown), narrando el momento en que el sombrío puritano inglés llegaba a la localidad de Torkertown y se encontraba en ella con una complicada historia de licantropía. El guión volvía a aparecer firmado por Doug Moench, mientras que los dibujos correspondían a un novel Mike Zeck en la primera historia que llevaba a cabo para Marvel; de hecho, en su origen, era Mike Zeck quien se había encargado de dibujar por su cuenta una historia inicial de cinco páginas, sin diálogos, en la que Solomon Kane se enfrentaba a un hombre lobo, presentándosela como muestra de su trabajo a Roy Thomas, quien se la hizo llegar a Doug Moench, que decidiría escribir un guion para ellas, extendiéndolo además a otras seis páginas más que entregó de nuevo a Zeck para que las dibujara. El resultado fue esta historia que Roy Thomas decidió publicar dentro de The Savage Sword, integrándose así en la continuidad previamente establecida por Calaveras en las Estrellas y La Mano Derecha de la Condenación. Por lo demás, el resto del número se completaba con un artículo de David Anthony Kraft (The Worms Return) examinando el libro Worms of the Earth, una recopilación de los diferentes relatos y poemas escritos por Howard sobre la serie de Bran Mak Morn y los pictos que Zebra Books acababa de publicar el año anterior, así como un glosario sobre personajes, lugares y demás circunstancias relacionadas con los relatos del Rey Kull (A King Kull Glossary) a cargo de Fred Blosser.

En cuanto que supuso la última portada de Boris Vallejo para la serie, The Savage Sword of Conan #15 vino a significar de algún modo el final de una primera época para el magazín. La interpretación de Conan que Boris había llevado a cabo en sus portadas para The Savage Sword se había hecho casi tan popular entre los aficionados como la de Frazetta, comenzando a recibir numerosos encargos para la realización de cubiertas de novelas y pósteres cinematográficos, siendo precisamente el ilustrador elegido por Ace Books para reinterpretar aquellas portadas de Lancer que no había llegado a realizar Frazetta, sino el poco afortunado John Duillo. En todo caso, The Savage Sword #15 supondría una buena despedida para Boris de la serie, ya que el número vino a presentar a través de sus portafolios e ilustraciones toda una plantilla de artistas de primer nivel en una cantidad como probablemente no se había visto desde el primer número del magazín. Todo ello al mismo tiempo que Roy Thomas volvía a reunirse con John Buscema y Alfredo Alcalá para presentar una nueva adaptación de otro de los relatos originales de Conan escritos por Robert E. Howard: El Diablo de Hierro (The Devil in Iron).

Echando la vista atrás, lo cierto es que El Diablo de Hierro ha sido catalogada con cierta frecuencia como una de las historias más repetitivas del Conan de Robert E. Howard a causa de sus evidentes similitudes con otros relatos preexistentes del cimmerio, aunque eso no quiere decir que no esté considerada al mismo tiempo como una de sus historias más convincentes. Ambientada en la segunda época de Conan con los kozakis del Vilayet, en la que el bárbaro había llegado a convertirse en su líder, El Diablo de Hierro apareció publicada por primera vez en Weird Tales en Agosto de 1934, representando el primer intento de Howard de volver a escribir sobre Conan tras un periodo de varios meses en el que el escritor tejano había dejado descansar al personaje, dedicando mientras tanto su atención a otro tipo de historias (westerns, detectives, etc…) hacia las que su agente, Otis Adelbert Kline, le había recomendado que se dirigiese a fin de expandir su actividad literaria a otros mercados en alza, en un momento en que la crisis económica originada en 1929 estaba obligando a cerrar una gran cantidad de revistas pulp.

Desde este punto de vista, no es de extrañar que Howard acudiese a elementos con los que estaba perfectamente familiarizado a fin de que esa nueva toma de contacto con el cimmerio le resultase más provechosa a la hora de volver a escribir sobre él, siendo Sombras de Hierro en la Luna, una historia de la que Howard tenía muy buena opinión según apunta Sprague de Camp, el relato del que obtendría la mayor parte del material que utilizaría para desarrollar esta nueva historia sobre el cimmerio. Así sucedía no sólo con los propios kozakis y sus enemigos turanios, sino con la figura de la esclava ophirea Olivia, que ahora venía a representar la esclava nemedia Octavia, la localización de la acción en la Isla de Xapur en lugar de la Isla de las Estatuas de Hierro, o incluso las referencias lovecraftianas que rodeaban a Khosatral Khel, la deidad que gobernaba sobre Dagonía, la ciudad de Dagón inspirada por H. P. Lovecraft. Siguiendo esta misma línea, la influencia de Harold Lamb que había presidido Sombras de Hierro en la Luna, volvía a extenderse de nuevo a toda la ambientación que rodeaba El Diablo de Hierro, como ocurría por ejemplo con el campamento de los kozakis situado en las riberas del Zaporoska, en clara alusión a los cosacos del Zaporozhian, o con el nombre del señor turanio Jehungir Agha, derivado de Jehangir Khan, emperador mongol de la India aparecido en varias de las novelas de cosacos de Lamb, o incluso con la ciudad turania de Khawarizm, que Howard venía a derivar de Khawarezm, denominación persa de la actual región de Corasmia, utilizada también por Lamb en sus referencias al khanato de Khiva. Atendiendo a todas estas circunstancias, no puede decirse que El Diablo de Hierro fuese la historia más original de Conan escrita por Howard, pero también es verdad que si el tejano no hubiera escrito ninguna otra historia del cimmerio, ésta seguramente sería recordada como una pequeña joya dentro de su producción literaria, puesto que no dejaba de ser una excelente narración de aventuras, con abundancia de elementos sobrenaturales y fantásticos, y con un ritmo verdaderamente trepidante.

Desde el punto de vista de su adaptación, El Diablo de Hierro venía a ser la historia que seguía cronológicamente a Sombras en Zamboula según la línea temporal establecida por las novelas de Lancer (años más tarde, Sprague de Camp y Björn Nyberg incluirían entre ambas el pastiche La Estrella de Khorala, que también acabaría siendo adaptado dentro de The Savage Sword of Conan #44). A la hora de desarrollar su guion, Roy Thomas volvía a seguir fielmente la prosa original escrita por Howard, si bien la complementaba en algún punto concreto, puesto que el escritor tejano no llegaba a mencionar que Yezdigerd fuese hijo del rey Yildiz, habiendo sido Sprague de Camp quien había establecido ese parentesco en uno de sus pastiches sobre el cimmerio (El Camino de las Águilas). Toda vez que Thomas ya lo había hecho valer en Conan the Barbarian durante la época de Conan con los turanios, no tenía sentido deshacer semejante circunstancia argumental cuando proporcionaba un mayor sentido de continuidad al universo hyborio que presentaban en los cómics Marvel. Desde el punto de vista gráfico, John Buscema y Alfredo Alcalá volvían a encargarse de nuevo de la adaptación, confirmándose ambos artistas como el equipo gráfico por excelencia del magazín a tenor de las reacciones que se generaban de una manera cada vez más constante en la sección de correo de la revista. Como el propio Buscema mencionaba en la entrevista que aparecía en este mismo número (An interview with Conan artist John Buscema), considerándose a sí mismo como un dibujante esencialmente realista, Conan resultaba ser el trabajo más realista que había llevado a cabo nunca en un cómic, circunstancia que estaba favoreciendo notablemente sus propias tendencias naturales de dibujo.

The Savage Sword of Conan #15 venía también a presentar la cuarta parte del ensayo La Edad Hyboria a cargo de Roy Thomas y Walter Simonson, que esta vez aparecía situada quinientos años después de la anterior entrega. Su título (El Principio del Fin) resultaría bastante explícito sobre el destino que aguardaba a los reinos hyborios en los dos últimos capítulos que aún restaban por aparecer de la saga. Otro de los contenidos que presentaba era un espléndido portafolio de seis ilustraciones de diferentes personajes de Howard vistos por toda una serie de artistas de primer nivel: Solomon Kane (Howard Chaykin), Conan (John Buscema), Bran Mak Morn (Tim Conrad), Red Sonja (John Byrne), Kull (John Severin) y Essau Cairn (Tim Conrad). El resto del número se completaba con la mencionada entrevista a John Buscema, extraída de una publicación que circulaba alrededor de la academia del propio artista neoyorquino (Comic-Book Workshop Showcase) y dos nuevos artículos: el primero de ellos (Conan in the City of Blood) era obra de Fred Blosser, analizando la edición limitada y de lujo de la novela Clavos Rojos que el editor Donald M. Grant acababa de publicar el año anterior, mientras que el segundo (Arms and Manner) era un nuevo reportaje de Sam Maronie sobre la Sociedad para el Anacronismo Creativo (SCA), centrado como su título indicaba en las armas medievales y el manejo de las mismas.

De acuerdo con la cronología oficial establecida por las novelas de Lancer que estaban siguiendo los cómics Marvel, el siguiente relato que hubiera debido aparecer en las páginas de The Savage Sword era El Cuchillo Llameante (The Flame Knife), uno de los pastiches más interesantes de Conan que había escrito Sprague de Camp sobre la base de un relato original de Howard perteneciente a la saga de El Borak, pero los problemas para conseguir los derechos de Sprague hacían de nuevo imposible su inclusión en las páginas del magazín, no quedando más remedio que volver a dar un nuevo salto en la continuidad oficial del cimmerio y continuar con la siguiente historia que venía a continuación y cuyos derechos sí se poseían: El Pueblo del Círculo Negro (The People of the Black Circle), sin duda alguna, una de las mejores historias de Conan.

El Pueblo del Círculo Negro era una de las historias de mayor extensión que había llegado a escribir Robert E. Howard (de hecho, son muchos los que la consideran una novela), no resultando posible su inclusión en un único número del magazín, siendo esa la razón de que por primera vez en la trayectoria de la revista se decidiese continuar la historia principal de Conan en varios números consecutivos de The Savage Sword. De este modo, de Septiembre de 1976 a Marzo de 1977, durante los siguientes ocho meses de publicación de la revista, los números correspondientes a The Savage Sword of Conan #16 a The Savage Sword of Conan #19 presentarían la adaptación en cuatro partes de El Pueblo del Círculo Negro, de nuevo con Roy Thomas, John Buscema y Alfredo Alcalá, como responsables de lo que se acabaría configurando como otro de los grandes clásicos del cómic norteamericano que durante esos años aparecieron en las páginas de The Savage Sword.

Publicada originalmente en tres entregas dentro de Weird Tales, durante los meses de Septiembre a Noviembre de 1934, El Pueblo del Círculo Negro aparecía ambientada en el reino oriental de Vendhya, el arquetipo ficticio de la India dentro del universo hyborio creado por Howard, teniendo mucho que ver esa localización con la serie de relatos sobre El Borak que el escritor tejano se encontraba desarrollando en esas mismas fechas y con cuya temática se hallaba completamente familiarizado a través de sus lecturas de Lowell Thomas y Talbot Mundy, combinándose ahora la influencia de ambos autores en una nueva historia del cimmerio que tenía lugar tras haber sido dispersados los kozakis por Yezdigerd y dirigirse Conan hacia el sur, hacia los territorios de Iranistan y Vendhya, convirtiéndose allí en el líder de los belicosos afghulis.

A la hora de transformar ese entorno geográfico real en el que se movía El Borak, en un nuevo entorno literario acorde con las características de laEdad Hyboria, Howard decidiría seguir los pasos de sus predecesores, tomando de Lowell Thomas su descripción de la hostil hendidura de la cordillera del Himalaya conocida como el Paso del Khyber y convirtiéndola en el Paso del Zhaibar, sucediendo lo mismo con los nombres de las tribus montañesas de la zona, de manera que los waziris y los orakzais de Thomas se convertirían en los wazulis e irakzais de Howard. Del mismo modo, a efectos más generales, la cordillera del Himalaya se transformaba ahora en los Montes Himelios, mientras que las montañas de Afganistán, cuna histórica de las invasiones tártaras, veían de nuevo la luz como la montañosa región del Afghulistan. Coincidiendo estos mismos territorios con aquellos en los que Mundy ambientaba sus historias, de éste último tomaría además dos de las grandes referencias que iban a protagonizar El Pueblo del Círculo Negro: Yasmini, la peligrosa y seductora princesa de Silapore, heroína de varias de las novelas de Mundy, que Howard iba a utilizar como fuente de inspiración para Yasmina, la devi de Vendhya (previo paso del personaje por la Yasmeena de La Hija de Erlik Khan, uno de los relatos sobre El Borak que el escritor tejano acababa de terminar también por aquellas fechas), y la benévola hermandad de los Maestros Ocultos del Himalaya, que las inclinaciones teosóficas de Mundy situaban en el Tíbet y a la que Howard iba a retorcer argumentalmente hasta convertirla en la siniestra hermandad de los Adivinos Negros de Yimsha. En relación a éstos últimos, el especialista Patrice Louinet señala también con mucho fundamento que la manera en que Howard abordaba su tratamiento escénico resultaba a la vez muy deudora de la propia biblioteca personal de la familia Howard, toda vez que el padre del escritor, el doctor Howard, era un ávido lector de toda clase de libros relacionados con el misticismo oriental, la hipnosis y el yoga, habiendo incluso llegado a practicar en presencia de su hijo sesiones de hipnotismo con sus pacientes como método de cura para algunas enfermedades somáticas.

Originalmente prevista para aparecer en tres números de The Savage Sword, no en cuatro como finalmente acabó sucediendo, The Savage Sword of Conan #16 se encargó de presentar la primera parte de la adaptación al cómic de El Pueblo del Círculo Negro, utilizando a modo de portada una poderosa imagen temática de Conan obra de Earl Norem. Esta primera parte de la adaptación se correspondía con los cuatro primeros capítulos de la novela de Howard, ocupándose de presentar y situar a los principales personajes que iban a intervenir en la narración. Como venía siendo habitual, Roy Thomas manejaba con maestría la magnífica caracterización de personajes y situaciones que Howard había desarrollado al inicio de su novela, aun cuando algunos de esos personajes no llegasen a aparecer todavía en escena, siendo su actuación entre bastidores el motor que iba a poner en marcha los acontecimientos que se sucedían a continuación. En el apartado gráfico, John Buscema volvía a ser una vez más la luz que daba vida a la narración de Howard, con unas figuras y un sentido de la acción tan excelentes como las propias composiciones de página y la estructura narrativa con que desarrollaba la historia, si bien eran las tintas de altísimo nivel de Alfredo Alcalá las que añadían todavía más vida al magnífico trabajo de Buscema, de nuevo con unas líneas barrocas y exuberantes que seguían la inspiración heredada del maestro Doré y que daban como resultado una fastuosa adaptación al cómic de aquella primera parte de la novela.

Junto a esta primera parte de El Pueblo del Círculo Negro, The Savage Sword #16 presentaba también la primera parte de otra de las más grandes historias escritas por Howard y cuya adaptación al cómic llevaba años siendo anunciada: Gusanos de la Tierra (Worms of the Earth), la historia definitiva del rey de los pictos Bran Mak Morn en su eterna lucha contra las legiones de Roma. Publicada originalmente en Noviembre de 1932 dentro de las páginas de Weird Tales, la adaptación corría una vez más a cargo de Roy Thomas, siendo Barry Smith y Tim Conrad quienes se encargarían de llevar a cabo una de las expresiones artísticas de mayor nivel que llegaron a ver la luz en las páginas de The Savage Sword.

Centrada en la terrible venganza de Bran Mak Morn contra el gobernador romano Titus Sulla como argumento de lo que no dejaba de ser sino una historia de terror sobrenatural, su adaptación al cómic había sido originalmente prevista para que fuese el canto de cisne de Barry Smith en Marvel en relación con la obra de Howard, pero la dedicación que Smith había planteado para cada página y los diferentes compromisos que el artista británico había ido adquiriendo desde su despedida en Clavos Rojos, habían ido retrasando el proyecto hasta llegar un momento en que se había quedado totalmente parado. Ante esta situación, a finales de 1975, Roy Thomas eligió para sustituirle a Tim Conrad, uno de los jóvenes talentos cuyo estilo se encontraba más cercano a la obra de Smith, siendo el resultado de dicha colaboración una obra de arte absolutamente espectacular en la que los detallados acabados de Conrad se fusionaban de tal manera con el laborioso arte de Barry Smith que resultaba difícil de distinguir donde empezaba el trabajo de uno y terminaba el del otro. Con el paso del tiempo, sin embargo, se ha ido conociendo que las primeras siete páginas estaban dibujadas por Smith, acabando Conrad las páginas siguientes que Smith no había llegado a concluir y siendo el resto obra del propio Tim Conrad, que además se encargaba de entintar la totalidad de la historia, mezclándose las tintas y las aguadas de grises de una manera completamente natural con el estilizado y detallado arte de Smith que había impulsado gráficamente la adaptación. A modo de curiosidad, el propio Roy Thomas llegaba a mencionar en la sección de correo de The Savage Sword of Conan #19 que la habilidad que Conrad llegaba a alcanzar con los tonos de grises en esta historia, se debía a las muchas horas que el joven artista se había pasado frente al televisor viendo películas a blanco y negro a fin de poder trabajar esta adaptación de la mejor manera posible.

Otra de las historias que elevaban el nivel de The Savage Sword #16 por encima de la media era la penúltima entrega del ensayo La Edad Hyboria que Roy Thomas y Walter Simonson estaban llevando a cabo desde hacía varios meses en las páginas del magazín. Este quinto capítulo del serial se ocupaba de narrar la caída de Aquilonia a manos del nuevo imperio picto, al tiempo que las hordas hyrkanias comenzaban a expandirse desde el este hacia el oeste, engullendo los reinos hyborios que se encontraban a su paso. Completando el contenido de lo que resultaba ser uno de los mejores números de la revista, el famoso ensayo Un Probable Perfil de la Carrera de Conan (A Probable Outline of Conan's Career) elaborado en 1936 por P. Schuyler Miller y John D. Clark, que servía de base a la cronología oficial del cimmerio tanto en el cómic como en la serie literaria, volvía a reeditarse ante las numerosas peticiones que se estaban recibiendo en ese sentido (el ensayo había sido publicado anteriormente en Savage Tales #2, un número que a esas alturas era inencontrable), acompañado esta vez de numerosas ilustraciones originales procedentes de Weird Tales a cargo de Hugh Rankin, Jayem Wilcox y Margaret Brundage, así como otras nuevas a cargo de Frank Thorne y Pat Broderick. Todo ello acompañado además de un nuevo portafolio sobre Conan y otros personajes de Howard, con ilustraciones de Richard Corben, Roy Krenkel, John Buscema entintado por Tim Conrad (una página original de Buscema para Conan the Barbarian #66, con Conan y Bêlit de protagonistas descubriendo la presencia de Red Sonja, que no había llegado a ser utilizada en ese número y que Conrad pasaría a tinta para su aparición en este portafolio), Virgil Finlay, Frank Giacoia, Gene Day y John Allison.

The Savage Sword of Conan #17 mantenía el nivel del número que le había precedido, funcionando como su extensión natural, toda vez que su contenido suponía la continuación de todas las historias que habían aparecido previamente en The Savage Sword of Conan #16, significando además la conclusión para dos de ellas. La portada era esta vez una ilustración realizada por Ernie Chan, la primera que llevaba a cabo para el magazín, aunque el posterior acabado y trabajo a color era de nuevo obra de Earl Norem. En pleno apogeo de la saga de Conan y Bêlit dentro de Conan the Barbarian, Ernie Chan acababa de regresar en ese momento a la serie a color tras una ausencia de más de dos años, estando a punto de convertirse en uno de los entintadores de Buscema y de los artistas relacionados con Conan que más popularidad conseguiría entre los seguidores del cimmerio.

La historia principal que abría The Savage Sword #17 era la segunda parte de El Pueblo del Círculo Negro: Hacia Yimsha (On to Yimsha), comprendiendo los capítulos quinto y sexto de la novela de Howard y centrándose en desarrollar los diferentes papeles que desempeñaban las dos parejas protagonistas que hasta ese momento habían conducido la historia: Conan y Yasmina por un lado, y sus opuestos, Khemsa y Gitara, por otro. Su punto culminante tenía lugar con la impactante entrada en escena que llevaban a cabo los hechiceros negros de Yimsha, encargándose Thomas, Buscema y Alcalá, a través de toda una serie de páginas, algunas de ellas memorables, de conducir la historia hacia un cliffhanger absolutamente logrado que dejaba las espadas en todo lo alto de cara a la siguiente entrega de la épica saga oriental de Conan.

Bajo el título La Maldición de la Piedra Negra (Curse of the Black Stone), la segunda historia que presentaba The Savage Sword #17 era la conclusión de Gusanos de la Tierra a cargo de Roy Thomas y Tim Conrad, quien contaba en esta ocasión con la asistencia no acreditada de los artistas Larry Gaydos y Joyce Furman en los fondos y tonos de grises de sus primeras páginas. Otra historia que llegaba también a su conclusión era el ensayo La Edad Hyboria que Roy Thomas y Walter Simonson estaban llevando a cabo desde el año anterior en las páginas del magazín, narrándose en esta sexta y última entrega la caída de los reinos hyborios ante las sucesivas invasiones bárbaras, así como el colapso final de su civilización a consecuencia de un nuevo cataclismo del que surgirían los diferentes pueblos de la antigüedad que más tarde protagonizarían la historia conocida. A pesar de resultar bastante desconocida a nivel popular, esta adaptación del ensayo de Howard puede ser perfectamente considerada como uno de los antecedentes más directos del trabajo que Simonson realizaría años más tarde en The Mighty Thor, pudiéndose apreciar en las cerca de cuarenta páginas que acabaría abarcando la totalidad del serial, no sólo el personal y característico estilo de dibujo por el que luego sería identificado en las páginas del Dios del Trueno, sino su profundo interés por los temas mitológicos y la enorme dimensión épica que luego llevaría a su trabajo con la mitología asgardiana de Marvel.

El resto del número se completaba con un nuevo artículo de Fred Blosser (De bucaneros y piratas barachanos), examinando el libro Black Vulmea's Vengeance que se acababa de publicar el año anterior y que recopilaba por primera vez todas las historias de piratas escritas por Howard, haciéndose especial hincapié en la curiosa historia alrededor de El Extranjero Negro (The Black Stranger), una de las historias originales de Conan (que luego Sprague de Camp reescribiría como El Tesoro de Tránicos) que tras ser rechazada por Farnsworth Wright para su publicación en Weird Tales, había sido reescrita por el propio Howard como Espadas de la Hermandad Roja, un relato protagonizado por el pirata Vulmea el Negro que se ambientaba en el siglo XVII, en las costas del este de lo que más tarde serían los Estados Unidos, y que era publicado por primera vez en ese volumen, habiendo permanecido inédito hasta entonces.

Con fecha de portada de Abril de 1977, The Savage Sword of Conan #18 se encargó de presentar La Batalla de las Torres (The Battle of the Towers), la tercera parte de la adaptación de El Pueblo del Círculo Negro, desarrollando los capítulos séptimo, octavo y parte del noveno de la novela de Howard, en los que Conan se unía al turanio Kerim Shah y sus hombres en su camino hacia Yimsha. La portada era en esta ocasión obra del veterano Dan Adkins, resultando en cierto modo toda una sorpresa. Aunque Adkins firmó muchas portadas para Marvel como entintador, son escasas las que llegó a hacer como dibujante, habiendo realizado la mayoría de ellas para X-Men y Dr. Strange a finales de los sesenta, la misma época en que también había llevado a cabo sus portadas más conocidas para Eerie o Famous Monsters of Filmland, los magazines de James Warren. Esta portada, casi una década después de aquéllas, fue una de esas raras excepciones y la única que realizó para The Savage Sword.

Desde el punto de vista artístico, lo más destacable de esta tercera parte de la historia radicaba en el peculiar trabajo de entintado que llevaba a cabo Alfredo Alcalá sobre los lápices de Buscema, muy apartado del estilo habitual que el artista filipino había empleado hasta entonces dentro de The Savage Sword. Como se encargaba de informar el propio Roy Thomas en la sección de correo del magazín, Alcalá se encontró sin tiempo material para entregar las páginas que se correspondían con lo que acabó convirtiéndose en esta tercera parte de la adaptación, viéndose obligado a trabajar sobre ellas en un tiempo récord, lo que le obligó a sustituir su laborioso y detallado estilo a base de plumas y cepillos por una mezcla de tintas y de sombreado con lápiz de carbón, un tipo de lápiz utilizado por los profesionales que trabajaban en las revistas a blanco y negro cuando se encontraban ante sesiones verdaderamente largas de trabajo, al proporcionar esos lápices de carbón unos negros más llenos y más intensos que los habituales lápices de grafito utilizados por los dibujantes. En aquel momento, se optó por dar prioridad a no alargar más en el tiempo lo que ya suponía una espera de ocho meses a la hora de llevar al cómic aquella historia de Howard, que en caso de haberse incorporado entre medias algún tipo de reedición, se hubiera ido a los diez meses, al ser todavía el magazín una revista de carácter bimestral.

La segunda historia que presentaba The Savage Sword of Conan #18 era uno de los relatos originales de Solomon Kane escritos por Howard: Rumor de Huesos (Rattle of Bones), una de las primeras historias que el escritor tejano había llevado a cabo sobre el personaje y que se ocupaba de narrar la primera de las aventuras que el espadachín inglés correría en la Selva Negra, habiendo aparecido publicada originalmente en Junio de 1929 dentro de Weird Tales. La adaptación corría a cargo de Roy Thomas y Howard Chaykin, presentándose en ella el peculiar atuendo de marinero que Chaykin había diseñado unos meses atrás para Kane con motivo de la adaptación de Sombras Rojas aparecida en Marvel Premiere #33 y 34. En general, el diseño de Chaykin no puede decirse que obtuviera muy buenas críticas, alejándose totalmente del espíritu oscuro y taciturno que alimentaba al personaje y que venía a expresar su vestimenta, la propia de un puritano de la época isabelina, teniendo poco que ver con la descripción del personaje (enteramente vestido de negro) que se recogía en Sombras Rojas. Parece ser que fue un intento recomendado por el propio Roy Thomas con vistas a darle un poco más de color a Kane en su aparición en Marvel Premiere, de cara sobre todo a ganarse el favor del que no gozaba con los lectores, pero el elevado número de protestas que se recibieron hicieron que ésta fuese la última aparición del personaje con ese atuendo, regresando a su aspecto habitual en el siguiente número del magazín.

El resto del número se completaba con dos nuevos artículos de Fred Blosser. El primero de ellos (A Handbook shall be Born) era una revisión del libro The Annotated Guide to Robert E. Howard's Sword and Sorcery, que el escritor Robert Weinberg acababa de publicar en 1976 y en el que se hacía especial hincapié a la hora de diferenciar las historias que había escrito Howard de las que habían sido escritas o completadas por Sprague de Camp y demás continuadores, un tema que en aquellos años empezaba a ser muy tenido en cuenta entre los aficionados que comenzaban a descubrir la obra de Howard. El segundo artículo (Crimson Blades of the Dark Vendhya) era otra revisión, en este caso del libro Swords of Shahrazar publicado por Fax Collector's Editions, conteniendo los tres relatos escritos por Howard sobre Kirby O'Donnell, el otro protagonista junto a Francis Xavier Gordon (El Borak) de la serie de aventuras orientales que había llevado a cabo el escritor tejano. La edición estaba de nuevo ilustrada por Mike Kaluta, acompañando algunas de esas ilustraciones al artículo de Blosser.

Finalmente, con el título Venganza en Vendhya (Vengeance in Vendhya), The Savage Sword of Conan #19 presentó la cuarta y última parte de El Pueblo del Círculo Negro a cargo de Roy Thomas, John Buscema y Alfredo Alcalá, comprendiendo la adaptación de los dos últimos capítulos de la novela de Howard, cuya versión en cómic acabaría abarcando un total de 116 páginas, la más extensa después de La Hora del Dragón. La portada era en esta ocasión de un ilustrador casi desconocido, Kenneth Morris, amigo del artista y poeta norteamericano Henry Faulkner, siendo éste el primer y único trabajo que llevaría a cabo para Marvel. Aparte de la brillante conclusión final de la historia, lo más destacable desde el punto de vista artístico era que Alcalá volvía a emplear en esta última parte de la saga el sistema habitual de entintado que le había venido caracterizando hasta entonces, aun cuando quizá no se apreciase en alguna de las páginas finales el elevado nivel de barroquismo y detalle que se había visto por ejemplo en las dos primeras partes aparecidas en The Savage Sword #16-17. En cualquier caso, en su conjunto, la adaptación de El Pueblo del Círculo Negro cumplía con creces el nivel artístico que podía esperarse de la que estaba considerada como una de las grandes obras del escritor tejano, proporcionando los escarpados picos y desfiladeros de los Montes Himelios un escenario y una ambientación que Buscema y Alcalá supieron utilizar magistralmente para otorgar a la narración la magia y el exotismo que destilaba aquella gran aventura descrita por Howard.

La otra historia que presentaba The Savage Sword #19 era El Castillo del Diablo (The Castle of the Devil), uno de los relatos de Solomon Kane que Howard había dejado inconclusos a su fallecimiento, siendo el escritor británico J. Ramsey Campbell quien se encargaría de concluirlo en 1978, un par de años más tarde de que el relato hubiese aparecido terminado por primera vez en el magazín. La adaptación al cómic era obra esta vez del guionista Don Glut, quien a partir de este momento pasaría a ser el responsable de las apariciones del puritano inglés dentro del magazín, encargándose también de los guiones de la serie a color Kull the Destroyer. En el apartado artístico, el norteamericano Alan Kupperberg sería el encargado de llevar a cabo los bocetos a lápiz de la historia, que sería posteriormente acabada y pasada a tinta por el filipino Sonny Trinidad, que de esta manera regresaba a The Savage Sword tras su paso por otras series de Marvel. La historia, en la que Kane conocía al mercenario inglés John Silent, con el que compartiría camino durante algún tiempo, aparecía integrada durante la estancia del espadachín inglés en la Selva Negra, situándose por tanto a continuación de Rumor de Huesos según la cronología oficial establecida por Glenn Lord y Fred Blosser. La ilustración que precedía la historia de Kane, cuyo texto situaba a los lectores sobre el momento en que transcurrían los hechos, era obra de David Wenzel, un joven ilustrador que se encargaba de esta manera de llevar a cabo su primera toma de contacto con el personaje y que se convertiría algún tiempo después en el dibujante que iba a acabar adaptando la mayoría de las historias de Solomon Kane a los cómics Marvel.

El resto del número se completaba con un portafolio de John Buscema, interpretando a los cuatro personajes más representativos de Howard: Conan, Kull, Red Sonja y Solomon Kane, así como un nuevo artículo de Fred Blosser (The Man who was Conan), comentando el libro The Last Celt (El Último Celta) que acababa de publicar en ese momento Glenn Lord, un completo estudio biográfico y bibliográfico de más de cuatrocientas páginas sobre la figura y las obras del creador de Conan. El libro estaba perfectamente documentado y acabaría siendo considerado como una de las obras de referencia de cara a los diferentes estudios que se acabarían realizando sobre el escritor tejano. La edición estuvo limitada a 2.600 copias y lamentablemente nunca se llegó a publicar en castellano, pero fue desde luego el primer trabajo de gran nivel sobre la figura literaria de Robert E. Howard. Un libro absolutamente recomendable.

Coincidiendo con la política de cancelaciones y reorganizaciones que Marvel llevó a cabo entre finales de 1976 y principios de 1977 en la línea de revistas que estaba publicando a través del sello Curtis Magazines, The Savage Sword of Conan #20 vino a suponer el paso del magazín a una periodicidad mensual de la que ya no se apartaría hasta su cierre en 1995. Con Conan the Barbarian firmemente asentada entre las cinco series regulares más vendidas de Marvel, el éxito comercial de las dos publicaciones de Conan resultaba tan evidente que mantener la cadencia bimestral del magazín significaba perder dinero para la editorial, o cuanto menos dejar de ganar mensualmente lo que se podía obtener a través de una publicación que a esas alturas estaba ya perfectamente consolidada en el mercado. De esta manera, con fecha de portada de Julio de 1977 (en realidad, finales del mes de Abril) y acompañando a su nueva cadencia mensual, The Savage Sword #20 presentó la adaptación de otro de los relatos originales de Howard: La Sombra Deslizante (The Slithering Shadow) a cargo una vez más del equipo artístico habitual formado por Roy Thomas, John Buscema y Alfredo Alcalá.

En su origen literario, La Sombra Deslizante había aparecido publicada por primera vez en Septiembre de 1933 dentro de las páginas de Weird Tales, si bien su título original, el proporcionado por Howard, era Xuthal del Crepúsculo (Xuthal of the Dusk), un título que sería reconocido y homenajeado por Roy Thomas en el Capítulo III de la adaptación en otro de sus reconocidos guiños al escritor tejano. Escrita a finales de 1932, justo a continuación de Sombras de Hierro en la Luna, Farnsworth Wright no puso ninguna objeción a la hora de admitirla para su publicación en Weird Tales a pesar del evidente contenido sexual que destilaban algunas escenas; de hecho, seguramente era lo que se buscaba en ese momento, toda vez que acababa de contratarse a la conocida artista Margaret Brundage para las portadas, no siendo Howard ajeno a esa situación.

Sin llegar a estar considerado como uno de los mejores relatos de la saga, lo cierto es que la misteriosa atmósfera que rodeaba a la ciudad de soñadores proporcionaba una ambientación muy efectiva a la historia, que además resultaría lo suficientemente interesante como para inspirar al propio escritor tejano algunos argumentos que desarrollaría más intensamente en el futuro. Así, el propio hilo conductor de la historia, en el que Conan y su acompañante llegaban a una ciudad aislada en el desierto, sería llevado por Howard a su máxima expresión en Clavos Rojos, donde incluso la propia estructura de Xuchotl, una especie de palacio que conformaba toda la ciudad, resultaba básicamente igual a la que presentaba Xuthal, observándose de manera similar un cierto paralelismo entre la Tascela que aparecería en dicha historia y la estigia Thalis que aparecía en La Sombra Deslizante.

Otro de esos argumentos sobre los que Howard volvería a reincidir en el futuro sería el misterioso ambiente de ensoñación proporcionado por los adormecidos ciudadanos de Xuthal, que el tejano volvería a utilizar al año siguiente en El Diablo de Hierro con los habitantes de Xapur, si bien en esta ocasión este recurso inspiracional traería además consigo una importante información para poder situar cronológicamente ambas historias dentro de la saga del cimmerio, información que sin embargo iba a pasar totalmente inadvertida tanto a P. Schuyler Miller como a John D. Clark a la hora de elaborar su conocido ensayo Un Probable Perfil de la Carrera de Conan. Ese error de Miller y Clark arrastraría a su vez a la propia cronología establecida por las novelas de Lancer, y consecuentemente, también a la seguida por Roy Thomas en los cómics Marvel.

El error radicaba en que Miller y Clark habían venido a situar La Sombra Deslizante a continuación de El Pueblo del Círculo Negro, emplazándola temporalmente tras haber desistido Conan de su intento de unir a las diferentes tribus montañesas de oriente y construir un imperio, regresando entonces, según su cronología, a los reinos hyborios occidentales y uniéndose al ejército mercenario del príncipe Almuric de Koth, un ejército que acabaría siendo arrasado por los estigios al sur de Kush, siendo precisamente ése el punto de partida del que arrancaba La Sombra Deslizante. Sin embargo, el propio Robert E. Howard, en su famosa carta de Marzo de 1936 dirigida a Miller y Clark, ya les había venido a indicar de manera indirecta a ambos autores que su cronología no era del todo correcta: “Su esquema (cronológico) sigue su carrera muy de cerca. Las diferencias son menores”. Pues bien, casi con total seguridad, una de esas pequeñas diferencias a las que estaba aludiendo Howard, era situar La Sombra Deslizante después de que hubiera tenido lugar El Diablo de Hierro, como iba a acabar poniendo de manifiesto en 1997 uno de los mayores especialistas modernos en la obra de Howard, el norteamericano Joe Marek.

Marek, miembro destacado de REHupa (abreviatura de la Robert E. Howard United Press Asociation, una sociedad de prensa creada en 1972 y dedicada a la obra de Robert E. Howard, cuyo funcionamiento consistía en la asociación de grupos de aficionados que producían sus propios fanzines, enviándolos luego a una especie de editor oficial o administrador central, que procedía a su cotejo y distribución mediante “mailings” entre los miembros de la asociación), publicaría en Diciembre de 1997 y Febrero de 1998 (REHupa # 148 y 149), un artículo titulado “Some Comments on Chronologies in Regards to the Conan Series” (Algunos Comentarios sobre Cronologías en relación a la Serie de Conan). En su artículo, Marek, responsable editorial entre otros de The New Howard Reader entre 1998 y 2003, respetaba en su mayor parte la cronología inicial establecida por Miller y Clark, toda vez que el ensayo original de 1938 había recibido la aprobación más o menos general del propio Robert E. Howard, pero no obstante la consideraba equivocada en cuatro puntos concretos, siendo uno de ellos la ubicación de La Sombra Deslizante, que necesariamente tenía que tener lugar antes que El Diablo de Hierro, nunca después, puesto que los propios términos que empleaba Conan en este último relato, reproducidos además de manera bastante similar por Roy Thomas en su adaptación al cómic, dejaban poco lugar a la duda:
Las últimas palabras de la joven no fueron más que un murmullo casi ininteligible. Sus ojos oscuros se cerraron y sus enormes pestañas cayeron sobre sus sensuales mejillas. El ligero cuerpo de la muchacha se relajó entre los brazos de Conan. El gigantesco cimmerio la miró con curiosidad. Parecía formar parte de la ilusión que embrujaba toda la ciudad, pero la firme carne que tenía entre sus manos lo convenció de que en sus brazos había un ser humano y no la sombra de un sueño. Un tanto preocupado, dejó a la joven sobre las pieles de la tarima. Su sueño era demasiado profundo como para ser natural. Conan pensó que quizá fuera adicta a alguna droga, posiblemente al loto negro de Xuthal” (El Diablo de Hierro, Cap. IV, p.17).
Evidentemente, si Conan había estado en Xuthal, y conocía los efectos del loto negro, La Sombra Deslizante no tenía más remedio que haber sucedido antes de que Conan llegase a la isla de Xapur en El Diablo de Hierro y volviese a ver allí de nuevo sus efectos. La teoría de Joe Marek resultaba difícilmente rebatible ante los propios términos utilizados por Howard, siendo en el año 2003, Dale Rippke, otro de los miembros destacados de REHupa, quien daría carta de naturaleza a esa teoría de Marek en su famosa revisión de la cronología clásica seguida hoy por los comics de Dark Horse, “The Dark Storm Conan Chronology” (REHupa # 180, 181 y 182), situando La Sombra Deslizante (Xuthal del Crepúsculo) mucho antes en el tiempo de lo que lo habían hecho Miller y Clark; en concreto, a continuación de La Reina de la Costa Negra y Un Hocico en la Oscuridad.

Sea como fuere, con una nueva portada de Earl Norem, que de esta manera empezaba a establecerse como nuevo portadista oficial del magazín, The Savage Sword of Conan #20 vino a presentar la adaptación de La Sombra Deslizante, siguiendo en este punto la cronología clásica de Miller y Clark y situándola a continuación de El Pueblo del Círculo Negro, tras la derrota del ejército de Almuric en las tierras al sur de Estigia, con Conan y la esclava Natala como únicos supervivientes de ese ejército adentrándose en el desierto para huir de sus perseguidores estigios. El guion de Roy Thomas era de nuevo completamente fiel a la historia original, lo que favorecía enormemente su adaptación al cómic, puesto que ésta era precisamente una de las historias de Howard en la que mejor aparecía caracterizado el cimmerio, en este caso a través de su relación con Natala. En este sentido, por ejemplo, más allá de la relación sexual que habían mantenido, Conan no amaba a la joven brythunia, pero se preocupaba por ella lo suficiente como para buscarla por toda la ciudad y no estar dispuesto a abandonarla sin ella; de hecho, en otra de esas peculiaridades del carácter del cimmerio que dejaba entrever esta historia, éste era capaz de dar a la joven su último sorbo de agua y disponerse a continuación a matarla para que no sufriera la agonía del hambre y la sed del desierto. Y por encima de todo, por si acaso no hubiera quedado claro durante la travesía por el desierto, la historia mostraba que el bárbaro era un superviviente nato: su objetivo no era matar a Thog, sino escapar de Xuthal con Natala.

En el apartado gráfico, el guion de Thomas dejaba a Buscema el espacio suficiente para desarrollar a su gusto el tratamiento narrativo de la historia y sus escenas más impactantes. La propia splash inicial, por ejemplo, era una nueva versión de Buscema de la escena inicial del relato descrita por Howard, una escena que había inspirado a su vez a Frazetta su famosa portada de la novela Conan el Aventurero, que muchos confunden con una ilustración temática de Conan, pero que no deja de ser sino una visión heroica del cimmerio con Natala a sus pies. En todo caso, a lo largo de las 46 páginas en que se desarrollaba la historia, el genial artista neoyorquino proporcionaba de nuevo su visión más dura y realista del bárbaro, produciendo un excelente trabajo que junto a las iluminaciones especialmente conseguidas que lograba obtener Alfredo Alcalá, en otro de sus trabajos más próximos a la obra de Doré, harían de La Sombra Deslizante otro de los grandes clásicos que aparecerían dentro del magazine.

La segunda historia que presentaba The Savage Sword #20 no estaba dedicada a la obra en prosa de Howard, sino a su ficción poética, siendo la adaptación del poema El Regreso a casa de Solomon Kane (Solomon Kane's Homecoming), el que Roy Thomas y los filipinos Virgilio Redondo y Rudy Nebres se encargaban en esta ocasión de llevar a las páginas de los cómics Marvel. Aparecido por primera vez a título póstumo en otoño de 1936 dentro de la revista Fanciful Tales of Space and Time, el poema constituía la última aparición cronológica del personaje y narraba el regreso de Kane a su tierra natal del Devonshire con los primeros albores del siglo XVII, siendo ya un hombre envejecido por la edad, pero todavía un enemigo formidable para cualquiera. Desde el punto de vista gráfico, aunque las suaves tintas y sombreados de Rudy Nebres resultaban especialmente evocadoras, los lápices de Virgilio Redondo mostraban a un Solomon Kane demasiado joven para la edad que tenía en aquella última historia del personaje, siendo esa la mayor crítica que se podía hacer a la adaptación, que no obstante volvería a ser llevada varias veces más a los cómics Marvel: la primera en una excelente revisión a cargo de Steve Carr y el maestro Al Williamson (The Savage Sword #162) y la segunda por parte de Sandy Plunkett a mediados de 1986 en el sexto y último número de la miniserie a color The Sword of Solomon Kane. Por lo demás, el resto del número se completaba con un artículo del propio Roy Thomas (Sing a Song of Sonjas) sobre el concurso de cosplay que había tenido lugar el verano anterior en la famosa convención de San Diego, cuyas ganadoras habían sido dos jóvenes vestidas con el famoso atuendo de Red Sonja, una vestimenta que se acabaría convirtiendo en todo un clásico de las convenciones y que da una idea de la popularidad que estaba alcanzando el personaje, que en ese momento acababa de obtener además su propia serie a color, o al menos por primera vez con su propio nombre como cabecera.

En esta situación editorial, a mediados de 1977, The Savage Sword of Conan era junto a la revista satírica Crazy Magazine, el único superviviente de la línea inicial de magazines con que Marvel se había lanzado al mercado a lo largo de los años 1973 y 1974, si bien aún lograban mantenerse a su lado Marvel Preview (que posteriormente sería reconvertida en Bizarre Adventures) y la recién nacida The Rampaging Hulk, aunque ninguna de ellas llegaría nunca al nivel de ventas que era capaz de mantener regularmente The Savage Sword. Con Conan the Barbarian en pleno éxito comercial y artístico presentando la inmortal etapa del cimmerio junto a la pirata shemita Bêlit, el paso del magazín a una cadencia mensual, tras casi tres años de periodicidad bimestral, conllevaba que los artistas implicados dispusiesen ahora de menos tiempo para sacar adelante las dos series relacionadas con Conan, pero lo cierto es que ese pequeño detalle no iba a ser suficiente para que los pies calzados con sandalias del bárbaro más famoso de la historia de los cómics dejasen de pisotear los enjoyados tronos de la crítica y de las cifras de ventas a lo largo de los años que vendrían inmediatamente a continuación.


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