LA EDAD DE ORO DE LA ESPADA SALVAJE DE CONAN
por Taneleer Tivan


"Los poetas menores cantan cosas insignificantes y vanas,
como conviene a un cerebro hueco
que no sueña con los reyes preatlántidos
ni navega por aquel piélago tenebroso e inexplorado
que contiene islas siniestras y corrientes impías
en donde se agazapan numerosos secretos, oscuros y misteriosos.
"

Robert E. Howard, "Lo que apenas se comprenderá"

No creo que haga falta explicar a estas alturas quién es Conan de Cimmeria, o Conan el Bárbaro, como acabaría siendo bautizado para el mundo del cómic por Roy Thomas, inmortalizando de esta manera en el acervo cultural popular lo que originariamente no dejaba de ser sino el título de una de las novelas sobre el personaje que habían sido publicadas por Gnome Press a principios de los años cincuenta. Su llegada al mundo del cómic norteamericano sería consecuencia del inesperado éxito obtenido por el personaje durante la segunda mitad de la década de los sesenta, a través de una mítica colección de once novelas publicada por la editorial Lancer Books, colección que contaba en su mayoría con unas increíbles portadas de Frank Frazetta que habían logrado combinar la maravillosa narrativa que acompañaba al personaje creado en 1932 por Robert E. Howard, con una imagen gráfica absolutamente arrolladora.

Dentro de esa onda expansiva de popularidad que se estaba produciendo alrededor del personaje, Stan Lee comenzó a recibir numerosas peticiones del fandom solicitando que Marvel adaptase novelas y relatos de ficción al cómic: adaptaciones de los personajes más famosos de Edgar Rice Burroughs, de Doc Savage, del Señor de los Anillos de Tolkien, y sobre todo, del personaje de moda que en ese momento se encontraba en boca de todos, Conan de Cimmeria.

Stan Lee dejó el asunto en manos de Roy Thomas y, como suele decirse, el resto es historia: Con fecha de octubre de 1970, Marvel publicaba de la mano de Roy Thomas y Barry Smith el primer número de Conan the Barbarian, tebeo que supondría el banderazo de salida a toda una década de muchos de los mejores cómics que Marvel pudo llegar a publicar durante aquellos años, entre ellos los procedentes de la cabecera The Savage Sword of Conan, mítico magazine con el que Marvel, a través del poco conocido sello Curtis Magazines, daría cabida a toda una serie de contenidos sobre el bárbaro y otros personajes de Howard que difícilmente podían haber aparecido en los cómics a color a causa de las restricciones impuestas por el Comics Code. Junto al propio Roy Thomas, artistas de la talla de John Buscema, Barry W. Smith, Neal Adams, Gil Kane, Frank Brunner, o profesionales de categoría contrastada como Alfredo Alcalá, Ernie Chan y Tony DeZúñiga, serían los encargados de elevar a la categoría de auténticas obras de arte, muchas de aquellas páginas que entre todos ellos elaboraron para dar vida a una edad antigua y no del todo olvidada en los mitos y las leyendas del hombre: la Edad Hyboria soñada por Robert E. Howard.


1. Savage Tales: los Relatos Salvajes de Conan

A mediados de 1970, consciente del éxito de los magazines publicados por James Warren, Stan Lee se acercó a su entonces editor asistente Roy Thomas, comunicándole que estaba planeando de nuevo volver a introducirse en el mercado de las revistas en blanco y negro (el primer intento había tenido lugar en 1968, a través del magazine Spectacular Spiderman, del que sólo llegarían a publicarse dos números). Lee tenía varias ideas para el magazine que tenía en mente, incluso un título: Savage Tales. A pesar del abortado proyecto de Spectacular Spiderman, Lee seguía muy interesado en expandir la editorial hacia otros mercados, en este caso ofreciendo otro tipo de material a los lectores más adultos de Marvel. Sin embargo, a diferencia de James Warren, Lee no estaba preparado para explotar sin más las libertades y posibilidades ofrecidas por el formato magazine, sino que lo que buscaba era preservar los elementos que habían hecho de Marvel un éxito de ventas.

Siguiendo las instrucciones de su editor, Thomas se puso a trabajar de inmediato en el proyectado magazine en blanco y negro que Stan Lee quería sacar al mercado, de cuyo contenido, en la mente de Roy Thomas, originalmente no formaba parte Conan, sino otro de los personajes creados por Robert E. Howard: el Rey Kull.

Para entender por qué Kull iba a ser el protagonista inicial de Savage Tales, hay que retroceder al momento en que Roy Thomas se encontraba escribiendo el guión de Conan the Barbarian #1. Mientras escribía aquel guión, Thomas no pudo resistir a la tentación de presentar una fugaz visión de Kull, el otro héroe howardiano más popular dentro de la producción del escritor tejano. Tan pronto como tuvo en su mano la carta del albacea literario de la obra de Howard, Glenn Lord, autorizándole para presentar ese breve cameo de Kull en el primer número de Conan the Barbarian, Thomas dio instrucciones a Barry Smith para que dibujase al monarca atlante, ataviado como rey solar, en una secuencia retrospectiva de la historia. En la mente de Roy Thomas, si Marvel estaba adaptando a Conan, la publicación de un cómic protagonizado por Kull no debía hacerse esperar demasiado no fuera que alguna otra editorial les fuese a pisar la licencia, y así, aprovechando ese interés de Stan Lee en el mercado de los magazines en blanco y negro, Thomas pensó que ese cómic podía ser perfectamente Savage Tales, llegándose incluso a encargar a Gerry Conway que escribiese una historia de Kull (en la que el atlante encontraba unas alas al estilo del mito de Dédalo) para ese primer número de la revista.

Sin embargo, apenas habían comenzado a trabajar en esa idea cuando llegaron a Marvel las cifras de ventas que había obtenido Conan the Barbarian #1. Al verlas, Stan Lee echó atrás de inmediato el proyecto de Kull y decidió que fuese Conan el que apareciese dentro de Savage Tales #1, haciéndolo además como máximo protagonista de la revista, e incluso haciendo suya la portada, que por cierto sería el primer trabajo de John Buscema con Conan. Obviamente, ese cambio de planes decretado por Lee, conllevó el consiguiente cambio de autores, de manera que Roy Thomas pasó automáticamente a hacerse cargo del guión de la historia principal de lo que ahora pasaba a ser "Conan the Barbarian starring in Savage Tales", siendo Barry Smith el artista encargado de llevar a cabo los lápices y tintas de la que iba a acabar convirtiéndose en una pequeña obra maestra del cómic de apenas once páginas: la adaptación de La Hija del Gigante Helado, uno de los relatos originales de Conan no publicados en vida de Robert E. Howard.

Con claras referencias a la obra de Bulfinch y a la leyenda clásica de Dafne y Apolo, La Hija del Gigante Helado (The Frost Giant's Daughter) había sido la segunda historia de Conan que Robert E. Howard había escrito sobre el personaje, si bien cronológicamente resultaba ser en realidad la primera historia de la saga, situada a continuación del asalto de las hordas cimmerias a Venarium y antes de que Conan comenzase su carrera como ladrón en Zamora, pero... todo esto era algo que no se sabía a principios de 1971, cuando se publicó el primer número de Savage Tales.

En marzo de 1936, apenas tres meses antes de su fallecimiento, Howard había mantenido correspondencia con dos admiradores de Conan (el escritor P. Schuyler Miller y el doctor John D. Clark) sobre la cronología interna de la serie. En dicha carta, que sería la base sobre la que Miller y Clark elaborarían su ensayo "A Probable Outline of Conan's Career", el primer estudio cronológico sobre la serie de Conan, Howard les indicaba lo siguiente a ambos admiradores:

"Transcurrió el espacio de un año entre Venarium y su aparición en la ciudad de los ladrones de Zamora. Durante ese tiempo regresó a los territorios de su tribu situados al norte e hizo su primer viaje fuera de los límites de Cimmeria. Por extraño que parezca, se dirigió al norte en lugar de ir al sur. Por qué o cómo, no estoy seguro, pero pasó unos meses junto a una tribu de aesires luchando contra vanires e hiperbóreos..." (Carta de REH a P. Schuyler Miller de Marzo de 1936).

Evidentemente, en 1938, en el momento de publicarse por primera vez el ensayo, Miller y Clark desconocían que, además de los relatos que habían aparecido en Weird Tales, Howard había escrito otras cuatro historias más de Conan (sin contar las sinopsis argumentales y fragmentos inacabados que posteriormente verían también la luz) que habían sido rechazadas por el editor Farnsworth Wright, por lo que ambos aficionados carecían de datos para interpretar correctamente aquello a lo que Howard, de manera indirecta, les estaba haciendo referencia en su carta, que no era sino la existencia, desconocida para ellos, de La Hija del Gigante Helado.

Cuando el relato se publicó por primera vez, en 1953, dentro de la novela The Coming of Conan publicada por Gnome Press, John D. Clark, responsable de su ubicación dentro de la serie, persistió en el error y la situó cronológicamente antes de La Reina de la Costa Negra, enmarcándola durante uno de los regresos de Conan a tierras norteñas, según las malas lenguas en base únicamente a un argumento tan peregrino como que el yelmo que portaba el cimmerio durante esa historia era de factura aesir, luego se podía deducir que lo había obtenido de los aesires durante uno de esos regresos al norte. Evidentemente, Clark seguía desconociendo que aquella era una de las primeras historias que Howard había escrito sobre Conan, y no interpretaba adecuadamente lo que éste les había indicado años atrás en su carta. De hecho, pasaría mucho tiempo antes de que se corrigiera ese error, siendo un artículo del aficionado Kevin Miller en 1973, publicado en el núm. 59 del fanzine Amra, el primero en poner de manifiesto la equivocación que se estaba cometiendo al situar cronológicamente este relato.

Como consecuencia de todo ello, la errónea ubicación cronológica de La Hija del Gigante Helado por parte de John Clark en aquella primera edición de Gnome Press, arrastraría a todas las cronologías existentes sobre el cimmerio durante casi las cuatro décadas siguientes, entre ellas, desgraciadamente, la seguida por parte de Roy Thomas en su adaptación de las aventuras del cimmerio a los cómics Marvel, donde aquella primera historia de la juventud de Conan en el helado norte acabaría quedando situada a continuación de La Noche del Dios Oscuro (Savage Tales #4) y antes de Conan the Barbarian #46, es decir, durante uno de los regresos del cimmerio a su tierra natal.

En otro orden de cosas, el que Roy Thomas y Barry Smith eligiesen a La Hija del Gigante Helado para inaugurar Savage Tales, parece ser que se debió fundamentalmente a dos motivos. En primer lugar, la intención era presentar un relato de Howard para inaugurar la nueva publicación, siendo así el segundo relato original de Conan que se adaptaba tras La Torre del Elefante (Conan the Barbarian #4). Y en segundo lugar, La Hija del Gigante Helado resultaba ser uno de los relatos más cortos que Howard había escrito sobre el personaje, lo que venía a favorecer el tiempo del que Barry Smith disponía para dibujar la historia. Smith acababa de terminar por aquel entonces su quinta historia de Conan, El Crepúsculo del Dios Gris (que sin embargo, por esas cosas de los tebeos, acabaría siendo publicada en Conan the Barbarian #3), dándose además la circunstancia de que Conan the Barbarian pasaba a tener una cadencia mensual (hasta entonces había sido bimestral) tras recibirse las cifras de ventas del primer número. Con el guión de Alas Diabólicas sobre Shadizar (Conan the Barbarian #6) ya sobre la mesa de dibujo, la extensión de la primera historia de Savage Tales no podía ser demasiada, de modo que las once páginas que al final acabó abarcando La Hija del Gigante Helado (once páginas a las que un año después se les añadiría una evocadora splash-page de nueva creación por parte de Smith, en la que Conan e Hymdul se situaban frente a frente en el campo de batalla) se ajustaban perfectamente a lo que se precisaba en aquel momento.

Echando la vista atrás, lo cierto es que Thomas y Smith se las arreglaron para entregar su mejor relato hiborio hasta la fecha, marcando un punto de inflexión a partir de entonces en las historias que ambos estaban realizando para Conan. Abriendo con una espectacular doble página, Smith demostró que su arte no necesitaba del color para llegar al corazón de los aficionados. Entintándose a sí mismo, era capaz de plasmar detalles de su estilo como dibujante que aún no habían sido vistos hasta entonces por los seguidores del cómic a color. Además, completando el evocador arte de Smith, Thomas se superaba a sí mismo con un guión absolutamente fiel a la prosa casi poética de Howard que inspiraba el relato, a título puramente personal, uno de mis favoritos a la hora de hablar del escritor tejano.

Sin embargo, editorialmente hablando, no todo eran notas positivas. De acuerdo con el espíritu de alejamiento de las restricciones del Comic Code que inspiraba el mundo de las revistas a blanco y negro de la época, el tono de Savage Tales #1 (cuya portada presentaba a un Conan desafiante sosteniendo la cabeza cortada de un enemigo ante los atónitos ojos de los lectores) y especialmente de la adaptación de La Hija del Gigante Helado (que narraba lo que no dejaba de ser sino un intento de violación por parte de Conan, y presentaba además varios desnudos de Atali, la hija del dios Ymir a la que se hacía referencia en el título de la historia) resultaba demasiado para los estándares de un tebeo Marvel a los ojos de Martin Goodman, que aunque ya no era el propietario de la editorial, seguía siendo su director. Consecuentemente, esa falta de apoyo por parte de Goodman iba a condenar a Savage Tales a la cancelación antes incluso de que tuviera oportunidad de poder aterrizar en el mercado; de hecho, la historia de Conan que se había preparado para aparecer en el segundo número del magazine (El Habitante de la Oscuridad, otra historia dibujada íntegramente por Barry Smith) acabaría siendo publicada en Conan the Barbarian #12.

La explicación a esa falta de apoyo por parte del director editorial, radicaba en el temor que sentía Goodman de introducir a Marvel en un mercado que consideraba demasiado arriesgado. Temeroso de sacar a la venta un magazine, que para Goodman no dejaba de ser un comic-book, pero con dimensiones más grandes y propias de una revista, el editor nunca había estado totalmente convencido del proyecto, decidiendo sacar a Savage Tales del mercado antes incluso de que sus ventas pudieran confirmar si se había vendido bien o no, aunque lo cierto es que no se había vendido nada bien, seguramente como consecuencia de haberse utilizado unos canales de distribución completamente distintos a los habitualmente utilizados por Marvel. En concreto, sería el propio Roy Thomas quien apuntase años más tarde que las ventas no habían sido el único temor en la mente de Goodman al ordenar la cancelación, sino que su mayor preocupación resultaba ser en realidad el Comics Code, el cual temía que pudiera interpretar a Savage Tales como un intento de contravenir sus reglas y decidiese tomar represalias contra la línea regular de Comics Marvel.

Con la prematura cancelación de Savage Tales, la entrada definitiva de Conan en el terreno de los magazines en blanco y negro, aún tendría que esperar más de dos años, en concreto cerca de dos años y medio, siendo una de las consecuencias que trajo consigo la reorganización que llevaron a cabo los nuevos propietarios de Cadence Industries en 1972, con Stan Lee reemplazando a Goodman como director editorial de Marvel y el nombramiento de Roy Thomas como editor jefe de la compañía.

Como ya ha quedado apuntado anteriormente, a diferencia de Martin Goodman, Stan Lee sí que era un firme defensor de la apertura de Marvel a otros mercados, y más en concreto, al mercado de los magazines en blanco y negro dominado hasta entonces por las revistas de James Warren, un mercado libre de las restricciones del Comics Code y dirigido a un público más adulto que el habitual de los comic-books. De este modo, en competencia directa con magazines como Creepy, Eerie o Vampirella, con fecha de agosto de 1973, Marvel iba a emprender una nueva aventura editorial a través de una primera línea de magazines dedicada al género de terror, con títulos tales como Vampire Tales, Monsters Unleashed, Dracula Lives o Tales of the Zombie, siendo precisamente junto a esta primera oleada de magazines cuando iba a tener lugar el regreso de Savage Tales, de nuevo con Conan de protagonista, un regreso al que sin embargo no era demasiado favorable Stan Lee, que no veía con muy buenos ojos el hecho de retomar la numeración de una cabecera que ya había sido cancelada anteriormente y cuyas ventas iniciales ni siquiera habían cubierto las expectativas, siendo aquí cuando de nuevo entraría en escena la figura de Roy Thomas, ahora ascendido a editor jefe de la editorial y mano derecha de Stan Lee.

En 1973, Conan comenzaba a ser uno de los pesos pesados de Marvel. Y una de las constantes en las cartas que se recibían en la editorial era la reclamación por parte de los admiradores del cimmerio de una mayor fidelidad al espíritu que impregnaba los relatos originales de Robert E. Howard, algo que por desgracia resultaba bastante incompatible con las restricciones que imponía el Comics Code a los comic-books a color, inconveniente que Thomas y Smith habían estado salvando hasta entonces haciendo en ocasiones verdaderos alardes de imaginación.

Ahora, a través de la nueva línea de magazines, Thomas veía en Savage Tales una oportunidad perfecta para satisfacer esa petición que demandaba un elevado número de aficionados. Barry Smith acababa de dejar definitivamente la serie a color Conan the Barbarian, pero antes había llegado a una especie de acuerdo con Roy Thomas con vistas a realizar una última historia del personaje fuera de las limitaciones impuestas por el Comics Code, revitalizando para ello la cancelada Savage Tales. Las buenas ventas de Conan, la insistencia de Thomas, y la noticia proporcionada por el propio Roy a Stan Lee de que Barry Smith estaba dispuesto a regresar una última vez a Conan para despedirse del personaje, siempre que no hubiera restricciones de por medio, acabarían convenciendo a Lee para dar luz verde al regreso de Savage Tales a pesar de sus dudas. De este modo, con fecha de portada de octubre de 1973 (en realidad, finales del mes de junio), Savage Tales volvía a reanudar su numeración a través de un segundo número que de nuevo tenía a Conan como protagonista del magazine. La portada era obra nuevamente de John Buscema y la historia principal que se adaptaba era otro relato original de Howard, Clavos Rojos (Red Nails), el relato que presentaba a la mujer pirata Valeria y que suponía la última historia de Conan que Robert E. Howard había llegado a escribir antes de su fallecimiento.

Por decisión personal del propio Roy Thomas, Savage Tales pasaba a ser ahora una revista centrada en la temática de espada y brujería, con Conan de protagonista, y de más de 70 páginas de extensión, de modo que personajes que habían aparecido en su primer número, como Ka-Zar y el Hombre Cosa, desaparecían de su contenido, llevando además como acompañamiento llamativas ilustraciones a página completa y artículos académicos relativos a Conan, a su creador (incluidas varias fotografías) y a diferentes cuestiones relacionadas con la obra de Howard que ponían de manifiesto la rica historia que acompañaba al personaje a todos aquellos que no la conocían.

Entre esos artículos, firmados entre otros por el propio Roy Thomas o el especialista y albacea literario de la obra de Howard, Glenn Lord (con ilustraciones de Frank Brunner), el que más destacaba por su importancia era la reedición de A Probable Outline of Conan's Career (Un Probable Esquema de la Carrera de Conan), el primer estudio cronológico sobre las historias del cimmerio elaborado por P. Schuyler Miller y John D. Clark, originalmente publicado en 1938 dentro del fanzine The Hyborian Age. La importancia de este artículo en concreto, radicaba en que era la primera vez que los lectores de los cómics Marvel tenían acceso a la cronología oficial de las historias de Conan, a fin de poder seguir su continuidad a medida que fuesen apareciendo. El ensayo estaba limitado a las historias originales de Howard, pero en cualquier caso servía perfectamente para que los seguidores de las adaptaciones al cómic se fuesen familiarizando con las diferentes etapas en la vida del cimmerio y se orientasen respecto a las historias que vendrían en años posteriores.

El magazine iniciaba su nueva andadura con el capítulo de apertura de Clavos Rojos, una historia originalmente publicada en tres partes dentro de Weird Tales, durante los meses de julio a octubre de 1936. El origen de Clavos Rojos en la mente de Howard tiene tantos matices que es imposible abarcarlos en su totalidad con la extensión que sería necesario para hacerlo de una manera mínimamente correcta. En cualquier caso, sí se pueden apuntar algunos detalles que resultaron verdaderamente importantes a la hora de su elaboración y que luego serían muy bien llevados por Barry Smith al cómic. Así, en principio, el origen temático de la historia tuvo mucho que ver con un viaje de entretenimiento realizado a mediados de 1935 por el escritor tejano a la ciudad de Lincoln, Nuevo México (escenario principal del sangriento enfrentamiento vecinal que tuvo lugar en el condado de Lincoln en 1885). Los siguientes párrafos han sido seleccionados y extraídos de una extensa carta que Howard le escribió a su amigo, el escritor H. P. Lovecraft por esas fechas:

"(Vinson y yo) llegamos a la antigua ciudad de Lincoln, que se alza soñolienta entre las severas montañas como el fantasma de un pasado sangriento... Todavía hoy se puede encontrar la ciudad igual que cuando Murphy, McSween y Billy el Niño la conocieron. Es un anacronismo, una especie de ciudad momificada. En ningún otro lugar me he encontrado cara a cara con el pasado de una manera tan vivida. Fue como salir de mi propia época para entrar en un fragmento del pasado que hubiese sobrevivido de alguna manera... Lincoln es una ciudad fantasma, una ciudad muerta; y sin embargo, sigue viviendo con una vida que murió hace cincuenta años. Los descendientes de los viejos enemigos conviven pacíficamente en esta pequeña ciudad, pero me pregunto si aquellas viejas rencillas han muerto realmente, o si los rescoldos siguen humeando y podrían volver a convertirse en llamas por un soplo descuidado".

"He visitado muchos lugares en los que la muerte estaba muy presente, pero ninguno de ellos me ha afectado tanto como lo ha hecho esta ciudad. Creo que sé cuál es la razón. Burns, en su magnífico libro en el que narra el enfrentamiento, pasa por alto un elemento, que no es otro que el efecto de la geografía, o quizá debería decir la topografía, sobre sus habitantes. El valle que alberga a Lincoln se encuentra aislado del resto del mundo. Grandes extensiones desérticas y montañosas lo separan del resto de la humanidad, desiertos tan terribles que no pueden sustentar poblaciones humanas. La gente de Lincoln perdió el contacto con el mundo. Aislados como estaban, sus asuntos, sus relaciones mutuas, cobraron una importancia y un significado desproporcionado respecto a su sentido real. Los celos y los resentimientos se enconaron y crecieron alimentándose a sí mismos, hasta que alcanzaron proporciones monstruosas y culminaron en las sangrientas atrocidades que asombraron incluso a los habitantes del oeste de aquella época... En lugares aislados y cerrados como éste, las pasiones humanas se inflaman y arden, alimentándose de los impulsos que las engendran hasta llegar a un punto en el que resultan inconcebibles para las gentes que viven en lugares más afortunados. He oído hablar de gente que se ha vuelto loca en lugares aislados; creo que la guerra del condado de Lincoln estaba teñida de locura."

(Carta de REH a H. P. Lovecraft de julio de 1935).

De esta manera, Lincoln y el sangriento enfrentamiento entre sus habitantes se transformaron en la ficción en la aislada Xuchotl y en la sanguinaria guerra mantenida durante años entre xotalancas y tecuhltlis, siendo los clavos rojos que se fijaban a una columna los que marcaban el recuento de bajas causadas al enemigo, idea que Howard tomaba prestada a su vez de otro relato suyo que no había sido publicado, La Sombra del Huno, protagonizado por el gaélico Turlogh O'Brien.

La locura humana no iba a ser el único elemento perturbador al que acudiría Howard para narrar su última historia sobre Conan, una historia en la que como apuntaba Roy Thomas, la magia brillaba por su ausencia y la sangre y el sexo se adueñaban en buena medida de una puesta en escena bastante claustrofóbica que llamaría poderosamente la atención de Barry Smith, principal impulsor de que éste fuese el siguiente relato en aparecer en las páginas de Savage Tales. La sangre, efectivamente, nunca había sido escasa en los relatos de Conan, y en cierto modo, el sexo tampoco, aunque nunca se plantease de una forma directamente explícita. En su libro autobiográfico sobre los últimos años de la vida de Robert E. Howard (One Who Walked Alone, libro llevado al cine a través de la película The Whole Wide World, película de culto dirigida en 1996 por Dan Ireland e interpretada por Vincent D'Onofrio y Renée Zellweger, y que en España sería titulada El que Caminaba Solo), Novalyne Price Ellis transcribe estas frases de Howard derivadas de una conversación entre el escritor y ella con motivo del inesperado regalo navideño que éste le había realizado a finales de 1934, un libro de elevado contenido sexual del escritor Pierre Louÿs, cuyo regalo a la joven no le había acabado de convencer demasiado:

"Cuando una civilización empieza a decaer, lo único en lo que piensan los hombres y las mujeres es en la gratificación de sus cuerpos. Se obsesionan con el sexo. Eso impregna su manera de pensar, sus leyes, su religión, todos los aspectos de su vida. Hace unos años pasé una mala época y tuve que escribir relatos... sobre sexo. Ahora voy a volver a ese mercado. Maldita sea, el sexo está en todo lo que ves y oyes. Es igual que cuando cayó Roma".

"Voy a trabajar en un relato así, un relato de Conan. Escucha. Cuando tienes una civilización agonizante, el estilo de vida normalmente aceptado no es suficiente para satisfacer los insaciables apetitos de las cortesanas y, finalmente, de todo el pueblo. Recurren al lesbianismo y a cosas así para satisfacer sus deseos... Voy a llamarlo "La Roja Llama de la Pasión."

Evidentemente, aquel improvisado título de "La Roja Llama de la Pasión" se transformaría meses después en una parte muy importante del entorno en el que acabaría moviéndose Clavos Rojos, un relato en el que, por cierto, también han sido muchos los que han visto la tensión sexual existente entre Conan y Valeria como un reflejo de la complicada relación que en esa misma época mantenían Robert E. Howard y Novalyne Price.

Dado el respeto y la fidelidad con la que Roy Thomas trabajaba sobre las obras de Howard, todas estas circunstancias inherentes al relato literario original, aparecieron perfectamente reflejadas en la magnífica adaptación de Clavos Rojos que llevarían a cabo Roy Thomas y Barry Smith, si bien, no todo iba a acabar resultando un camino de rosas.

Como ya ha quedado apuntado, el mismo día en que Smith le había comunicado a Thomas su decisión de abandonar Conan the Barbarian, ambos habían acordado trabajar juntos en aquella última historia de Conan con la que Thomas pretendía revitalizar Savage Tales. Gracias a las ventajas del formato magazine, esta vez no sólo no tendrían que enfrentarse al Comics Code, sino que tampoco estarían condicionados por el número de páginas con que el dibujante inglés quisiese llevar a cabo la historia. Sin embargo, a pesar de la total libertad de la que iba a gozar Barry Smith, las revistas en blanco y negro también se encontraban sujetas a plazos de entrega, y la minuciosa dedicación de Smith a cada página, encargándose tanto del lápiz como del entintado, les acabó echando encima las fechas de entrega, por lo que no hubo más remedio que obligar a Smith a abandonar la primera parte de la historia antes de lo que éste hubiera deseado.

El momento de mayor tensión se produjo sin embargo a nivel editorial, cuando Roy Thomas le entregó aquel primer capítulo de Clavos Rojos a Stan Lee, que había sido el más reacio a la vuelta a la continuidad de Savage Tales. A Lee, sin ir más lejos, no le gustaba absolutamente nada que Valeria "no hiciese nada en las primeras páginas de la historia, salvo cabalgar lentamente hasta una charca, desmontar, mirar a su alrededor, subirse a una roca, y luego volver a bajar para encontrarse con Conan". Lee consideraba que aquella secuencia inicial resultaba muy poco dinámica y planteó la necesidad de volver a repetirla, así que de nuevo le tocó a Thomas tener que batirse el cobre con Lee. Thomas insistió ante Stan Lee en la necesidad de adaptar con fidelidad el relato original de Robert E. Howard, puesto que eso era algo que esperaban los lectores de Conan, por no hablar del trabajo que había llevado a cabo Barry Smith en aquellas páginas y del escaso tiempo que había ya para hacer cambios, siendo este último argumento el que al final consiguió que Lee aceptase dejar todo tal y como estaba, aunque de mala gana. Meses más tarde, sin embargo, cuando llegaron a la editorial las cifras de ventas de Savage Tales #2, Lee comprobaría con sus propios ojos lo acertado que resultaba seguir los consejos de su mano derecha en todo lo relativo a Conan.

En cuanto al resto de historias que complementaban a la primera parte de Clavos Rojos, eran otras dos nuevas adaptaciones al cómic de la obra de Robert E. Howard las que sobresalían por méritos propios.

La primera de ellas era Cimmeria, una historia de cinco páginas dibujada de manera excepcional por Barry Smith (posteriormente sería entintada por Tim Conrad para su reedición en The Savage Sword of Conan #24), que se ocupaba de adaptar el poema del mismo título escrito a principios de 1932 por Howard, un poema muy reconocido entre los aficionados a Conan al ser en buena medida el responsable de esbozar la figura del cimmerio en la mente del escritor tejano. A modo de curiosidad, Thomas nunca llegó a saber muy bien de dónde llegó a sacar Smith el tiempo necesario para llevarla a cabo, dado lo justos que iban con los plazos de entrega. Seguramente, el bueno de Barry hizo lo que le dio la gana, como demuestra el hecho de que cambiara algunas palabras del poema, algo que disgustó enormemente a Thomas, y que como precisó años más tarde el propio guionista, si no hubiera sido tan difícil de corregir el tipo de letra que el propio Smith había incorporado al dibujo, probablemente le habría insistido en volver a cambiarlas.

La otra historia que destacaba de manera notable dentro de Savage Tales #2 era El Cráneo del Silencio (The Skull of Silence), una de las historias originales del Rey Kull escritas por Howard y que había sido la primera historia del personaje que Thomas había adaptado al cómic a finales de 1970 junto a Bernie Wrightson dentro del décimo número de Creatures on the Loose. A modo de curiosidad, Wrightson había hecho en su día un trabajo muy específico de coloreado para esta historia, de manera que el color se iba drenando de las páginas hasta que estas pasaban a ser en blanco y negro con el fin de simular el efecto del sonido que desaparecía al abrir Kull las puertas del templo, volviendo a ser otra vez a color una vez que el sonido había sido restaurado. Pero Stan Lee pensó que los lectores no iban a entender de qué iba todo aquello y ordenó que volviesen a recolorear las páginas, para gran cabreo de Wrightson, que juró no volver a trabajar con Marvel después de aquello.

Aun cuando en aquel segundo número de Savage Tales se indicaba que se trataba de una publicación trimestral, Stan Lee seguía teniendo dudas sobre la viabilidad comercial del magazine, siendo seguramente ése uno de los motivos por el que el tercer número no aparecería hasta finales de octubre de ese año, es decir, cuatro meses después del anterior. Afortunadamente, aquel retraso sería fundamental para que Barry Smith consiguiese terminar a tiempo las dos partes que aún le restaban para concluir la adaptación de Clavos Rojos; de hecho, Smith sólo pudo entregar los lápices (en algunos casos, meros bocetos) de las tres últimas páginas de la historia, siendo el dibujante peruano Pablo Marcos quien se encargase de terminarlas y pasarlas a tinta, aunque luego de manera injusta no llegase a figurar en los títulos de crédito. Marcos se adaptaría de un modo tan convincente al trabajo previo de Smith que nadie notaría la diferencia hasta que muchos años más tarde Roy Thomas revelase lo sucedido. De cualquier forma, el estilizado y detallado dibujo de Smith a lo largo de toda la historia, con detalles tan acojonantes como el observar el polvo que levantaban las pisadas de Conan y Valeria al entrar a Xuchotl, las perspectivas que utilizaba cuando la pirata observaba lo que ocurría abajo desde las balaustradas superiores, la sensación de espacio y profundidad que proporcionaban las baldosas del suelo, o los regueros de sangre que dejaban los cadáveres al ser arrastrados por ellas, todo ello dentro de una composición perfectamente clásica, resultaba verdaderamente para quitarse el sombrero, que fue exactamente lo que sucedió a medida que el tebeo acabó llegando a manos de sus destinatarios.

Además de otro interesante artículo de Roy Thomas (Red Nails in the Sunset) dedicado a examinar las ilustraciones originales de Clavos Rojos aparecidas en su primera publicación dentro de Weird Tales, obra de la conocida Margaret Brundage y del ilustrador H. S. Delay (al que Smith seguía muy de cerca en sus versiones de Valeria y del príncipe Olmec, si bien lo que en realidad hacían ambos era seguir las descripciones de Howard), es necesario destacar dos circunstancias: por primera vez aparecía publicado el mapa de la Edad Hiboria que hoy identificamos como característico de las publicaciones Marvel sobre Conan de aquellos años (obra de Barry Smith, algo que nunca se suele comentar demasiado, sobre el original preparado por Howard) y que acompañaba al texto de las Crónicas Nemedias. La segunda es que una de las ilustraciones temáticas que contenía este tercer número de Savage Tales, presentaba un pin-up a doble página de Red Sonja, "la diablesa de las estepas hyrkanias", obra de Esteban Maroto y al que se acompañaba de un texto de presentación por parte de Roy Thomas en el que se recogían sus anteriores apariciones en Conan the Barbarian y se anunciaba el regreso de la guerrera hyrkania en un futuro no muy lejano. La ilustración tenía en sí misma el suficiente valor artístico como para no merecer ninguna otra consideración, si no fuera porque suponía además la presentación de un nuevo diseño del personaje a través del famoso bikini de hierro creado por el dibujante madrileño, imagen que Boris Vallejo, John Buscema, Neal Adams y el propio Maroto iban a consagrar tan sólo unos meses después en la portada y páginas interiores de The Savage Sword of Conan #1, un número que iba a estar coprotagonizado en muchos más sentidos de los inicialmente previstos por Red Sonja.

Recuperando su periodicidad trimestral, Savage Tales #4 iba a traer consigo a dos de los grandes del cómic norteamericano en sustitución de Barry Smith: Gil Kane y Neal Adams, este último llevando además a cabo una espectacular portada que prácticamente hacía que el magazine se vendiera por sí solo. De todas formas, tampoco puede decirse que Smith se hallase totalmente ausente del tebeo, puesto que también formaba parte de su contenido la reedición de El Habitante de la Oscuridad (Conan the Barbarian #12), la historia que originalmente debía haber aparecido en 1971 dentro del segundo número de Savage Tales, si Martin Goodman no hubiese decidido en aquel entonces su cancelación. Ahora, además, cuatro de sus páginas aparecían por primera vez en su versión original, sin censurar, tal y como habían sido inicialmente concebidas por Barry Smith, aunque lamentablemente no sucediese igual con el resto de viñetas censuradas, que a día de hoy permanecen inéditas en una situación que ya puede considerarse definitiva.

En cualquier caso, el contenido principal de Savage Tales #4 lo venía a constituir otra de las historias que hoy en día está considerada como un clásico de las historias de Conan en su versión adaptada al mundo del cómic: La Noche del Dios Oscuro (Night of the Dark God), una historia de Robert E. Howard que originalmente pertenecía a la saga del gaélico Turlogh O'Brien, un guerrero de principios del siglo XI originario de Irlanda (denominada en esta época como Erín o Hibernia por sus habitantes), considerado por los especialistas como uno de los antecesores directos del cimmerio en la mente del escritor tejano. Turlogh, apodado el Negro, "por su oscuro cabello y su negro corazón", había sido presentado por Howard como un proscrito de su propio clan, los O'Brien, emparentado con el difunto rey Brian Boru, siendo uno de los pocos personajes históricos reales que Howard llegó a incluir en su producción literaria. La Irlanda a la que pertenecía presentaba un conglomerado de pueblos celtas, muchos de cuyos clanes se encontraban enfrentados entre sí, de pictos procedentes de Britania, y de noruegos y daneses, estos últimos depredadores y piratas llegados a la isla en sus navíos-serpiente, los snekjja y los drakkar, procedentes fundamentalmente de las Islas Hébridas y de la Isla de Man. Celtas y nórdicos se acabarían enfrentando en la histórica batalla de Clontarf, en las proximidades de Dublín, el 23 de abril de 1014, obteniendo los primeros una sangrienta y costosa victoria que mantendría alejados a los hombres del norte de las costas de Erín durante casi un siglo.

Turlogh presentaba en este sentido los suficientes puntos en común con el cimmerio como para que la transformación de uno en otro personaje a la hora de adaptarlo al cómic no resultase forzada; de hecho, no era la primera vez que Roy Thomas adaptaba al mundo hiborio alguno de los relatos de Turlogh (anteriormente ya habían aparecido en Conan the Barbarian dos de los relatos de Howard protagonizados por el guerrero irlandés: Pasa el Dios Gris y Los Dioses de Bal-Sagoth) aunque sí era la primera vez que Thomas lo hacía para las revistas en blanco y negro. En esta ocasión, la historia de Turlogh que Thomas adaptaba al cómic era posiblemente la más reconocida de la saga del sombrío guerrero irlandés, El Hombre Oscuro (The Dark Man), publicada originalmente en diciembre de 1931 dentro de la mítica Weird Tales.

En su adaptación al universo hiborio, Turlogh obviamente pasaba a ser Conan, de la misma forma que Moira del clan de los O'Brien pasaba a ser Mala, perteneciente también al mismo clan al que pertenecía Conan (curiosamente, sin embargo, en la versión a color del Marvel Treasury Edition #15 su nombre se acabaría transformando en Mara), mientras que el dios oscuro que en la versión literaria representaba a Bran Mak Morn pasaba ahora a representar a otro legendario guerrero picto, Brule el lancero, a fin de mantener las concordancias históricas con la Edad Hiboria. Consecuentemente, el regreso de Turlogh a las tierras de su clan se transformaba en el regreso de Conan a tierras cimmerias (siendo una de las contadas ocasiones en que se mostraban en algunas viñetas detalles de la juventud de Conan entre los cimmerios). Del mismo modo, el sacerdote cristiano que aparecía al final de la historia pasaba a ser ahora un sacerdote de Mitra.

La brillante adaptación de Thomas, cuyo amargo final presentaba en su resolución tanta sangre como nostalgia, resultaba ser una maravilla de lectura a la que el paso del tiempo acabaría convirtiendo en lo que muchos no dudan en calificar como otra obra maestra del cómic norteamericano, gracias en buena parte a sus dos principales responsables gráficos, Gil Kane y Neal Adams, pudiendo decirse en este sentido que el resultado final era una obra conjunta de ambos artistas, tal y como aparecía reflejado en los propios títulos de crédito. En general, las páginas fueron abocetadas por Kane, con tintas y un mayor trabajo en el acabado de lápices de varias de ellas por parte de Adams. No obstante, no todas las tintas resultaban ser de Adams, sino que también participaba en ellas Pablo Marcos, especialmente en el difuminado de grises (una técnica profesional denominada "aguada" que hoy en día está pasando desgraciadamente a la historia con los grises informáticos), así como Frank McLaughlin y Vince Colletta que igualmente colaboraban en algunas páginas con figuras y fondos bajo el seudónimo de "Diverse Hands".

A modo de curiosidad, además de La Noche del Dios Oscuro y la reedición de El Habitante de la Oscuridad, el otro contenido más relevante de Savage Tales #4 resultaba ser la primera parte de un artículo de Roy Thomas (The Hour of the Gnome) dedicado a la primera edición en rústica de las novelas de Conan, la famosa edición de Gnome Press publicada a principios de la década de los cincuenta. El artículo resultaba lo suficientemente interesante como para tener una segunda parte que vería la luz en el quinto número de Savage Tales.

La innovadora Marvel de los setenta estaba entrando en plena ebullición creativa y las cifras de ventas de Savage Tales que habían ido llegando hasta entonces daban para ser optimistas. No sólo resultaba que el segundo número del magazine se había vendido realmente bien, a pesar de las iniciales objeciones de Stan Lee, sino que el tercero incluso había llegado a superar las ventas del número anterior, siendo claramente el magazine que mejor se había vendido de toda la línea en blanco y negro que Marvel había lanzado el año anterior. Ante las buenas perspectivas, Stan Lee había decidido que era el momento adecuado para que Conan protagonizase su propio magazine, de manera que muchos de los contenidos que inicialmente estaban previstos para el quinto número de Savage Tales, acabarían apareciendo dentro del primer número de ese magazine, que iba a acabar siendo bautizado por el propio Roy Thomas como The Savage Sword of Conan.

Como consecuencia de todo ello, tal y como se reflejaba en su portada, Savage Tales #5 pasaba a ser un número de transición en el que Conan entregaba el testigo a Ka-Zar como nuevo protagonista del magazine, circunstancia que Roy Thomas procedía a informar a los lectores mediante el oportuno artículo explicativo, cuyo título, "Savage Tales is Dead, Long Live Savage Tales", hablaba por sí solo de lo que estaba ocurriendo. En su nueva andadura con Ka-Zar de protagonista, Savage Tales duraría todavía un año más, cerrando en su número once.

La historia que a modo de transición acabaría apareciendo finalmente en Savage Tales #5 sería El Secreto del Río Calavera (The Secret of Skull River), una historia firmada por el propio Roy Thomas sobre la base de un argumento original del escritor John Jakes, autor muy conocido en aquella época por ser el artífice de las novelas de Brak el Bárbaro, uno de los clones del cimmerio crecido a la sombra del éxito cosechado por las novelas de Conan. Curiosamente, Jakes alcanzaría una gran fama pocos años más tarde como autor de una trilogía de novelas históricas conmemorando el bicentenario de los Estados Unidos, trilogía que llegaría a ser muy conocida en nuestro país gracias a su versión televisiva a través de la famosa serie "Norte y Sur". En cualquier caso, la historia, en la que Conan era contratado por una aldea para detener a un brujo que había envenenado su suministro de agua, resultaba argumentalmente bastante floja. En el apartado gráfico, Jim Starlin y Al Milgrom hacían sin embargo un trabajo más que digno, aunque netamente inferior a los contenidos que habían aparecido hasta entonces dentro de Savage Tales, y ya puestos, a los que iban a aparecer a continuación dentro de la cabecera The Savage Sword of Conan, circunstancia que con el paso del tiempo ha acabado situando a esta historia como un trabajo menor dentro del nivel alcanzado por los magazines en blanco y negro protagonizados por el cimmerio.

En todo caso, el verano de 1974 acabaría siendo una magnífica época para el héroe creado por Robert E. Howard. De la mano de Roy Thomas, el éxito de ventas obtenido por John Buscema en Conan the Barbarían y la buena acogida recibida por Savage Tales dentro de la línea de magazines, provocarían que Stan Lee decidiese dar vía libre a una ampliación de las series protagonizadas por el cimmerio. Además del nuevo magazine The Savage Sword of Conan, una nueva serie a color de periodicidad trimestral denominada Giant-Size Conan, centrada en la etapa de Conan como rey de Aquilonia, estaba también a punto de salir al mercado. Roy Thomas empezaba a tejer así un tapiz muy bien interconectado alrededor de la vida del bárbaro, proporcionando con ello un sentido de realidad y una continuidad interna que iban a beneficiar enormemente al personaje dentro de su adaptación a los comics Marvel.


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